“Pepe” Mujica: Una metralleta mediática en manos de las televisoras del imperio

En unas declaraciones formuladas este martes, el ex presidente uruguayo José Mujica descubría el Mediterráneo al manifestar que «están sonando fuerte los tambores de guerra por la situación venezolana».

Pero, lejos de clarificarnos qué es lo que está sucediendo realmente en Venezuela, las ambivalentes declaraciones de Mujica multiplicaron aún más si cabe la confusión existente, trivializando los acontecimientos venezolanos  al asegurar que hoy «discutir sobre la legitimidad de un Gobierno u otro», en referencia a Nicolás Maduro y a Juan Guaidó, «resulta infantil».

Si hubiéramos desconocido quien fue el autor de unas afirmaciones como éstas  pensaríamos  que  podrían corresponder perfectamente a uno de los numerosos «tertulianos» que, cotidianamente, se asoman  los medios de comunicación españoles,  y cuya característica más singular suele ser su ignorancia supina y simplona  sobre la realidad latinoamericana.

LOS JUEGOS MALABARES  DEL VIEJO EX TUPAMARO

Pero no fue así. El emisor de ese y otros juicios que trataremos de analizar  fue un ex presidente uruguayo que se presenta ante la opinión pública mundial como un genuino «hombre de izquierdas».  Por eso resulta oportuno que convengamos, antes de realizar cualquier otra consideración, que Mujica  no es un decrépito ancianito que no se entere de nada, ni  carece de experiencia política y vital . Pepe Mujica es, por el contrario,  un hombre que arrastra una larga trayectoria política y activista, que arranca desde su juventud. Es también un experimentado estadista que logró transformar el programa político  transformador del «Frente Amplio» en letra muerta; en una congelada estatua de sal.

Pero para que nada quede en el tintero, hay que añadir otro dato más que significativo. Durante su mandato como presidente, Mujica tuvo como Ministro de Asuntos Exteriores de su gabinete nada menos que  a Luis Almagro, más conocido por «el loco Almagro», que es actual muñidor de los ataques salvajemente piratescos que desde la OEA  se realizan en contra de Venezuela. A estas alturas y dadas las concomitancias existentes entre ambos, uno se ve obligado a preguntarse si el tal Almagro  ¿nació o se hizo? Y si se hizo, ¿cuál fue la fuente de la que bebió?

A la densa trayectoria biográfica de este «viejito encantador» de progres, presidentes y ex presidentes socialdemócratas y europarlamentarios  podríamos añadir, igualmente,  algunos otros datos que obran en nuestro haber, acerca de cuál fue  el comportamiento de Mujica durante aquellos largos y durísimos 15 años en los que permaneció en las mazmorras de la dictadura militar uruguaya. Según cuentan – y a veces, hasta gritan – sus antiguos camaradas de infortunio, la conducta que allí tuvo Pepe Mujica no fue precisamente ejemplar. Pero será preferible no atravesar esos enfangados charcos, dejando que sean sus antiguos compañeros los que asuman la responsabilidad histórica de esclarecer ante uruguayos  y no uruguayos quién  se esconde realmente  tras la figura oronda y bonachona que se deleita departiendo con reyes, políticos  y magnates.

De cualquier manera, de «ancianito ingenuo  e inexperimentado», nada. Otra cosa bien diferente es que la trayectoria biográfica de Mujica no haya sido precisamente rectilínea y que la vaya a terminar coronando con la traición a sus  ideas, a sus  compañeros y  a sus principios.

José Alberto Mujica Cordano puede ser, efectivamente un anciano, cuya cadencia tonal encantadora  les suena  a  algunos como pura música celestial. Pero al margen de cualquier otra consideración que sobre él podamos hacer, se trata de un hombre perfectamente  consciente del eco del que todavía  disfruta en las grandes corporaciones mediáticas,  hábiles constructoras de la opinión pública mundial, que excepcionalmente no han dejado de nutrirse de sus opiniones políticas. Desde ese punto de vista, a Mujica Cordano hay que considerarlo como una engrasada máquina de guerra que las cadenas estadounidenses utilizan en los momentos oportunos para entibiar a los tibios y enaltecer la furia de los guerreros. Y aunque pueda resultar extremadamente dura  la utilización de estos símiles, la realidad es esa, y no otra.

UNA METRALLETA MEDIÁTICA FUNCIONAL A LA GUERRA CONTRA VENEZUELA

¿Cómo aborda este «ingenuo ancianito» uruguayo la crisis venezolana?  Manteniendo una intencionada ambigüedad, José Mujica ha tratado de jugar simultáneamente con dos cartas previamente marcadas. Con la primera, intenta desconcertar al lector neutral utilizando  la siguiente pirueta:

«la verdad cruda, dura, descarnada es que lo más conservador de Estados Unidos no puede aceptar que China y Rusia  terminen manejando el destino del petróleo venezolano. Esta es la causa profunda de la impaciencia que ha atacado a EEUU…   El hermano del Norte, poderoso, no puede soportar que el sol naciente de Oriente maneje el petróleo venezolano, entonces surge el grito desesperado hoy de la democracia, que funciona como pantalla emotiva en estos tiempos globalizados donde el capitalismo financiero con algoritmos y sin emociones indica y decide dónde y cuándo se invierte».

Pero argumentalmente  esta es una carta tramposa, porque  el avezado prestidigitador que es Mujica convierte las amenazas estadounidenses contra la soberanía venezolana en una mera confrontación competitiva con Rusia y China, desproveyendo de esa manera  la amenaza yanqui  del contenido histórico  que ésta  tiene. Mucho antes de que Rusia y China estuvieran en condiciones económicas de asomar la cabeza sobre Venezuela, Washington ya habían organizado un sofisticado golpe de Estado en el año 2002 para acabar con  Hugo Chávez.

Con sus argumentos Mujica oculta deliberadamente que Estados Unidos siempre ha actuado el hemisferio Sur considerándolo como su «patrio trasero», sujeto a su exclusivo  expolio y expansionismo económico. De esta manera, el ex tupamaro pretende hacer pasar el diferendo histórico que confronta al conjunto de América Latina con el Imperio del Norte como una confrontación  entre potencias opuestas, en la que Venezuela sería tan solo sólo una circunstancia de carácter secundario.   Por otra parte, no se necesita ser un lince para encontrar patrones clónicos  al de Venezuela  en los casos de Libia, Siria, Afganistán…

Con un segundo juego malabar,  José  Mujica realiza una suerte de «más difícil todavía»,  situando en el mismo plano a chavistas  y antichavistas,  e intentando que  olvidemos que los segundos son tan sólo una excelente herramienta -también históricamente utilizada- por el imperialismo estadounidense. No existe ni un solo evento histórico en el curso de los dos últimos siglos de intervenciones norteamericanas en América Latina, en las que  no hayan utilizado a las clases dominantes o sus representantes, como elementos coadyuvantes en tales  intervenciones, ya sean éstas directas o indirectas. Ni un solo evento. Una realidad que Mujica también ignora en sus declaraciones:

«¿Quién con sentido común hoy – se pregunta Mujica con  pretendida ingenuidad– puede asegurar elecciones libres para todas las tendencias en Venezuela? ¿Quién puede asegurar impunidad hacia atrás y hacia adelante tentando que lo que es confrontación se transforme en oposición? No veo otro camino que de garantía sino la ONU con su Consejo de Seguridad comprometido y con firmeza».

Sin embargo, este viejo y taimado  zorro es conocedor de que en el pasado mes de Mayo se celebraron en Venezuela unas elecciones limpias y libres. A ese proceso electoral acudieron observadores de diferentes países del mundo, que ratificaron la pulcritud de los comicios. De la misma forma, Mujica no puede ignorar que el procedimiento electoral utilizado en el país caribeño no es el vetusto sistema  usado en Uruguay, de conteo manual y por papeletas. En Venezuela se utilizan sofisticados equipos electrónicos en los que el votante deja depositada su huella electrónica indeleble, sin posibilidad de fraude. José Mujica no ignora tampoco que hasta un ex presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, que ha actuado como observador en procesos electorales venezolanos anteriores, expresó en su momento la sorpresa y admiración que le causaron los impolutos mecanismos de control del voto utilizados en ese país.
Mujica sabe, igualmente, que a diferencia de lo que sucede en Uruguay, en Venezuela no existe la obligatoriedad legal de votar. En Uruguay, en cambio, aquellos que se abstengan de participar en las elecciones pueden ser sancionados de las más diversas formas: impidiéndoles el acceso a empleos públicos, prohibición de realizar trámites y cobros etc.

Los millones de votantes que participaron en las elecciones venezolanas lo hicieron libre y voluntariamente. En condiciones de total libertad, salvo  por los  casos  de  violencia  suscitados por la extrema derecha venezolana para justamente impedir que la gente  pudiera participar en el proceso electoral.   6.248.864 ciudadanos, es decir, el 67.84%, votaron por los bolivarianos. No le vendría mal a Mujica  recordar que él accedió a la presidencia de su  país con el 52% de los votos, un porcentaje notoriamente  inferior del obtenido por Maduro.

Pero el actual presidente venezolano no fue el único candidato que se presentó el pasado mes de mayo a las elecciones. Henri Falcón, promovido por una parte de la derecha,  obtuvo  1.927.958 de votos, es decir, el 20,93%. Otro candidato,  Javier Bertucci,  logró que le votaran 1.015.895 electores. Una parte de la oposición derechista renunció  a participar en los comicios pasados, a instancias del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que ya desde entonces estaba  tratando de crear las condiciones  para que   se pudieran producir posteriormente circunstancias críticas  que hoy vive el país.

¿A cuento de qué reclama, pues, Mujica unas nuevas elecciones en Venezuela?

Al viejo chancho  José Alberto Mujica Cordano, marrullero y embaucador politicastro, no puede escapársele que las cosas han sucedido tal y como las hemos relatado. Otra cosa  – y esta es sólo una hipótesis de trabajo – son los desconocidos compromisos que este «viejito encantador» haya podido contraer en su sinuosa trayectoria política. De ellos  no podemos dar testimonio. Al menos, por ahora.

 

(Manuel Medina / Canarias Semanal)

 

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5 comentarios

  1. Hace tiempo que a este señor se la ha ido la cabez, rorrea pero muchísimo.

  2. Y este viejito ex guerrillero, aparenta ser muy sano politicamente. y mira el uruguaillito, lo pro Gringo que es? Incomprensible de un exguerrillero, luchando por la «Justicia Social y contra el ganster Imperialista Gringo » los hay disfrazados o travestidos politicamente, pero tan esagerados es increible. Pensemos que entre ellos, siempre hay alguno sano y honrrado., pero no dentro de la «Socialdemocracia» como Perico Sanchez el lamebotas USA. Salud y Republica.

  3. Por todo el Mundo, se formaron grupos «gerrilleros» que se llamaban de izquirdas, como hoy en dia se llaman algunos partidos politicos, pero la careta de cartón se les mojó, y se vió de que fuente bebian.
    Algunos historiadores, saben, que eran alimentados desde el exterior, y que buenos reditos le dieron, a «la vaca que los alimentaba», pues dejaron quedar mal a la Izquierda, por sus fechorias, y al mismo tiempo, su patrocinador contentisimo, ya que de «un disparo, caian dos pajaros».
    Lo mismo pasaba en Francia, cuando la mano de obra era de Portugueses y Españoles, que entre varios de esos emigrantes, se camuflaban topos de buen pelaje.

  4. Como es posible que a semejante jubilado (nada que ver con el corriente ) se le de tanto pábulo.

    Cuanto más pábulo mediático capitalista. Más rechazo de la popular pobreza consecuencia de su pábulo «pensamiento» criterio IMPERIALISTA.

    Que vaya en chanclas, viva en una choza…y coma alubias, ninguna RAZÓN tiene ese pábulo apoyo al expolio SURamerica por el imperio NORamerica. Los USA mayormente.

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