Pena capital para el Gran Capital, una condena imprescindible que debe ser ejecutada

Por razones obvias, los grandes beneficiarios del capitalismo defienden su “virtuoso” sistema con todo tipo de herramientas —desde las repetidas mentiras a través de sus medios de comunicación hasta las más poderosas armas de destrucción masiva—, sin importarles absolutamente nada el ingente sufrimiento que provocan con su acérrima y parásita defensa a la inmensa mayoría de la población mundial, así como a esa casa común ya tan maltrecha como es el planeta Tierra.

Ese comportamiento tan deplorable es incompartible desde todo punto de vista, pero se entiende. Y es que me estoy refiriendo a lo más bajo del género humano, a egoístas sin escrúpulos que buscan únicamente su propio bienestar y el de su entorno más inmediato a costa de cualquier cosa; y bien que lo consiguen. Esos, los que ostentan el poder económico —y todos los poderes, por añadidura—, son los que realmente dirigen el mundo. Los otros, los cabezas visibles de los poderes políticos, no son más que agentes bien remunerados al servicio de los grandes capitalistas, ya que, hace rato, los Estados están supeditados a las necesidades de quienes realmente manejan el dinero. El orden económico mundial funciona bien para el 20 % de la población, pero excluye, rebaja y degrada al 80% restante.

El capitalista es un sistema altamente destructivo. Como dijera Karl Marx, nació chorreando sangre y lodo desde la cabeza hasta los pies, por todos los poros, y se mantiene vivo a través de los años gracias, precisamente, al chorreo de sangre y lodo que, de incesante manera, sigue salpicando a todo el mundo.

El socialismo es otra cosa bien distinta. A pesar de que no poca gente lo asocia única y exclusivamente con los excesos y errores del mal llamado socialismo real —la atribución al socialismo de las barbaridades que hayan podido cometer ciertos individuos en nombre de éste es tan ridícula como injusta—, es el único sistema capaz de corregir los grandes males que hoy golpean a la humanidad.

Dañino hasta la saciedad, el capitalismo necesita destruir para mantenerse vivo. Y he aquí su gran contradicción: al mismo tiempo que destruye se autodestruye, porque desde su nacimiento y de manera inevitable está condenado a devorarse así mismo.

El capitalismo se muere, sin duda, pero lo terrible del caso es que se muere matando; la destrucción acelerada del planeta y de gran parte de sus pobladores es buena prueba de ello. Y sólo existe una manera de evitarlo: sustituyendo al inhumano sistema por el socialismo o, lo que es prácticamente lo mismo, condenando a la pena capital al Gran Capital para, a la mayor brevedad posible y antes de que sea demasiado tarde, ejecutar la sentencia.

 

(Fotos: Paco Azanza Telletxiki)

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2 comentarios

  1. PRIVET,es una penica pero el gran capital no solo ha vencido,cosa grave,sino que nos ha convencido de que es lo unico real que podemos hacer,ya nadie habla de marxismo,ni socialisml.a lo sumo de sociademocracia,cosa que si alguien sabe definirne,se lo agradecere,ignoro que mierda es eso de socialdemocracia.

  2. Lo de socialismo ¿no lo direis por el P$OE verdad?

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