Pablo Hasél: “Los presos del procés no han aprovechado la fuerza y el eco que tienen para movilizar a la gente”

La semana pasada la Audiencia española dio cinco días a Pablo Hasél para pagar una multa de 20.000 euros. Formaba parte de la condena de nuevo meses de prisión por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la corona, concretamente, a Juan Carlos I, hoy en día huido en los Emiratos Árabes Unidos. El plazo se ha cumplido y Hasél no ha pagado, como ya avisó. Este incumplimiento sumará más tiempo a la condena global – tiene una del 2014 de dos años, también por haber escrito canciones– y es previsible que la orden de prisión llegue en cualquier momento. Hablamos con él durante esta espera en tensión.

—Qué podéis decir, de vuestra entrada en la prisión? Vuestro abogado pidió que se suspendiera la segunda sentencia en firme de la Audiencia española –la de nuevos meses– y se solicitó el recurso de amparo.

—Ahora mismo estamos pendientes que la Audiencia nos dé la fecha de entrada en la prisión o me puedan venir a buscar en cualquier momento sin dejar ni unos cuántos días, porque esto también es una posibilidad. Son nueve meses por la última condena que se suman a la de dos años dictada también por la Audiencia Nacional. Como soy reincidente, me pueden hacer entrar en la prisión. Todavía no nos han dicho si la condena del 2014 me la harán cumplir porque ya han pasado años y según mi abogado ya habría podido prescribir. Pero también me avisa que me la podrían hacer cumplir porque a veces no respetan ni su legalidad.

—Y la multa de 20.000 por la cual os dieron cinco días para pagar?

—En la condena de nuevo meses también se incluía esta multa de 20.000 euros que, traducida en meses de prisión, es de un año y tres meses. El hecho que den cinco días para pagar esta multa tan alta, deja claro que se echan hacia delante.

—El plazo se ha agotado esta semana y no la habéis pagado.

—No, no quise pagarla. No tenía el dinero pero podía conseguirlos de manera solidaria, pero no quería pagarla por una cuestión de desobediencia contra una condena injusta. Cómo manifesté, ya nos roban bastante

—Y ahora estáis en casa vuestra y en cualquier momento os pueden ordenar de entrar en la prisión o veniros a detener directamente.

—Sí, sí. Yo cada día bajo a la calle, donde puede ser que me esperen.

—Cómo se vive esta espera?

—El hecho que si bajo me los puedo encontrar esperándome para encarcelarme, no me sorprende, y ayuda a vivirlo con más calma dentro del que es posible y ante una situación tan complicada como esta. Pero, lógicamente, por mucho que haga tiempo que me mentalice, es llevar, y lo vivo con angustia porque no sé cuánto tiempo me harán estar en la prisión, en qué prisión y en qué condiciones me llevarán. Ellos utilizan esta incertidumbre para torturarme psicológicamente. Es una presión añadida no poder hacer planes a corto plazo. No saber si mañana mismo estarás cerrado en la prisión, es difícil, pero considero que me salgo bastante bien. Me preocupan mis seres queridos, por si me trasladan a una prisión lejana; todo el esfuerzo que tendrán que hacer para verme poco rato. Eso sí que me preocupa. La mayoría de familiares lo soportan todo lo bien que podan. Pero evidentemente, por toda persona que me estime, esto es llevarlo, y todavía lo será más cuando pase. Ahora, a mí y a las personas que me rodean aquello que más me ayuda es afrontarlo con entereza y dignidad, y que vean que no estoy hundido. Esto también se encomienda.

—El ambiente de prisión os impone? O no pensáis tan allá?

—Es una pregunta que me hacen mucho, si tengo miedo del contacto con el resto de presos, y no tengo. Considero que no tendré ningún problema con ellos porque normalmente, y lo sé porque conozco muchos presos políticos, los presos comunes los respetan bastante. La mayoría de peleas en la prisión son por drogas y deudas, y evidentemente, no me meteré en estos asuntos. En todo caso me preocupan más los carceleros, que son los que tienen autoridad en la prisión y pueden hacerte la vida todavía más imposible. Como por ejemplo el aislamiento, que incluso la ONU considera que es tortura.

—Cómo os sentís que os pueda llevar a prisión una canción como ‘Juan Carlos lo Bobón’ y hace poco se haya sabido que Juan Carlos tiene la capacidad de huir antes de que la justicia pueda actuar?

—El sentimiento que siento es mucha rabia, y la rabia da mucha fuerza. Es un estado fascista, por mucho que traten de encubrirlo. Ahora se ha demostrado otra vez, porque cuando ya lo decía yo, en Valtònyc o más gente, es porque ya había pruebas. Y con el escándalo internacional que se ha provocado ahora, que echen esta condena adelante por haber explicado verdades sobre la monarquía, demuestra hasta qué punto es un estado opresor y decadente. En la crisis más agónica que tiene el régimen, el estado no tiene jefe más carta que la represión. Ellos mismos se echan piedras sobre su tejado y mucha gente se va dando cuenta hasta qué punto puede llegar la represión.

—Os habéis referido a Valtònyc. Siempre habéis dicho que no os exiliaríais. Viendo su caso, no lo habéis sopesado nunca?

—No, siempre he visto muy claro que me quiero quedar aquí. Considero que si me encarcelan el mensaje que quieren silenciar tendrá más fuerza desde aquí que no desde el exilio. Y sobre todo me lo demostró el estado español cuando he podido viajar dos veces en Bélgica y en Venezuela. Dos estados donde me podría exiliar y no me posaron ningún tipo de impedimento en la hora de salir por el aeropuerto. Hace años, cuando me abrieron la primera causa, no podía salir del estado. Y ahora, que tengo más causas, me dejan salir a espacios donde me puedo exiliar. Ellos quieren que me vaya y deje de molestar porque saben que si me encarcelan, habrá una respuesta y que muchas personas pueden tomar conciencia. A banda que, internacionalmente, también puede crear un rechazo.

—Y el hecho que podáis continuar con vuestra vida, libre, y expresándoos con plena libertad?

—No, y lo he visto en más presos políticos. Empecé a luchar, inspirado por el ejemplo de presos políticos. Leía sus cartas desde la prisión y esto me empujó hacia la lucha. Considero que desde la prisión se puede aportar mucho y que afuera puede tener utilidad. Mi voz no la silenciarán, al contrario. Si el estado español me cierra, me dará la razón todavía más porque encarcelará una persona que ha escrito canciones y piadas. Creo que se ha visto en el caso del Valtònyc que el exilio normaliza mucho la represión. He visto como su exilio no ha servido para hacer un llamamiento a la movilización. Ha servido a escala europea para hacer quedar mal el estado español, pero no para presionar, para hacer crecer la organización y la lucha en las calles de aquí. La cuestión es: el exilio de Valtònyc no ha servido para lo cual. Si a mí me encarcelan, servirá para lo cual? Yo no tengo ninguna duda que sí.

—El mes de junio recibisteis tres condenas de golpe.

—Con ocho días de diferencia. Con el coronavirus se habían atrasado muchas materias de nivel judicial, y, de golpe, tres sentencias. Con el abogado interpretamos que esto es una clara operación de estado. Quieren hacerme sumar condenas para encarcelarme  y más tiempo. Es una venganza del estado por no haberme arrodillado a su represión. Y también es un castigo, no solo por haber luchado a la trinchera del arte combativo, sino para estar organizado y luchar en las calles. Es un acoso constante. Los últimos nuevos años no hemos parado y como que ven que dan veces y no claudico, todavía dan más. Me utilizan como jefe de turco para atemorizar al resto.

—En total acumuláis más de siete años de condena. Mirando atrás os arrepentís de algo hecho?

—No. Siempre digo que si me arrepiento de nada es de no haber luchado más y antes.

—Tenéis más causas pendientes, una de las cuales es por la protesta ante la subdelegación del gobierno español de Lleida contra la detención de Carles Puigdemont en Alemania el 25 de marzo de 2018. Ha llovido mucho de entonces acá. Cómo creéis que ha cambiado el nivel de movilización por los presos y los exiliados?

—Igual que os decía que me quiero quedar aquí porque creo que puedo ser más útil que no al exilio, pienso que los presos del proceso no han aprovechado la fuerza y el eco que tienen para movilizar la gente, sino bien al contrario. Y se vio después de la sentencia. En vez de empujar hacia la movilización más decidida, la condenaron y gritaron a la calma. No aprovecharon su fuerza. Si lo aprovecharan, podrían ser mucho y muy peligrosos y en Cataluña hay un potencial increíble. Se vio el primero de octubre y después de la sentencia, y si se aprovechara bien el estado español tendría un grave problema y se encontraría desbordado. El problema es que los dirigentes, sean al exilio, en la prisión o en la Generalitat, es evidente que no aprovechen este potencial y lo desmovilicen. Así se explica la situación de ahora. Los CDR casi han desaparecido. Y es muy triste porque tenemos un potencial que podríamos aprovechar. Y más ahora, que el estado cada vez tiene una crisis más profunda y que se puede debilitar con una lucha en las calles sostenida y contundente. Pero no tengo ninguna duda que tarde o temprano habrá una revuelta que el estado no podrá parar. Porque el problema continúa existiendo, la opresión continúa existiendo, el estado no ofrecerá nunca ninguna solución democrática y tarde o temprano esto estallará. Pero la solución sin duda no vendrá de los partidos, porque más que contribuir a la solución contribuyen a la sumisión; o ayudando el estado, ya sea reprimiendo el independentismo que sales a las calles, o, en el caso de ERC, sosteniendo un gobierno que ha impuesto en Catalunya una represión brutal.

 

(Vilaweb / Traducción: A. Bas)

 

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