No es decisión del Gobierno, se lo ordena la OTAN; España retirará la mayoría de sus tropas de Irak y Afganistán

España ha hecho público a través de varios medios de confianza el comienzo de la retirada inmediata de las fuerzas militares desplegadas en Irak y Afganistán –alrededor de 550 y 70 efectivos, respectivamente– por orden de la OTAN. O lo que es lo mismo, por orden de Estados Unidos. Es el principio del fin. Un evento histórico –el final del Vietnam del siglo XXI para la OTAN, Estados Unidos y sus ‘aliados’ atlánticos– que ha sido anunciado en una noticia-telegrama sin ninguna trascendencia mediática.

La noticia, además, muestra sin ningún tipo de filtro ni velo la realidad actual de España: su sometimiento absoluto a los intereses y designios de Estados Unidos y de la OTAN. De hecho, en el cuerpo de la noticia se afirma lo siguiente:

«España sacará a sus efectivos destinados en Irak y en Afganistán, pero no por decisión del Gobierno, sino a petición de la OTAN, en una operación de «acomodación en la ubicación», pero la operación que desempañaban las tropas españolas en estos dos países continuará en función de las directrices de la Alianza, aseguran fuentes gubernamentales».

En otros medios afines al Gobierno y que se suelen ser usados para filtraciones, como El País, se matizaba que antes de finalizar el año las tropas españolas abandonarían por completo Afganistán y quedarían reducidas a un contingente muy pequeño en Irak, aunque todo depende de las decisiones que pueda tomar al respecto Estados Unidos. De hecho, España actualmente está englobada en una misión internacional liderada por Irak, Operación Inherent Resolve, en lugar de en la misión de la OTAN (NATO MISSION IRAK, NM-I).

Es decir, el propio Gobierno español admite públicamente y en varios medios que la decisión de retirar la mayoría de las tropas en estos países no es suya y que, en cualquier caso, hará lo que la OTAN le ordene. La independencia de España –y su soberanía– lapidada públicamente en varias noticias sin que medie asombro ni escándalo. Solo normalidad.

De 8 a 10 billones de dólares

El susurro de los grandes medios de comunicación, españoles e internacionales, y la total ausencia de reflexión sobre las intervenciones militares occidentales en Irak y Afganistán, que ya tocan a su fin, y sus consecuencias contrastan tanto con las cifras que ofrecen ambos conflictos como por la trascendencia de ambas intervenciones.

Las cifras económicas son absolutamente demoledoras. Solo Estados Unidos ha gastado de forma directa en Irak 1,3 billones de dólares, que podrían llegar a ser 3 billones de dólares, y de forma indirecta –pago a veteranos de guerra, por ejemplo– unos 4,6 billones de dólares. Es decir, la Guerra de Irak ha costado a Estados Unidos un mínimo de 6 billones de dólares, que bien pudieran ser 8 billones de dólares. A los que habría que añadir 2,4 billones de dólares gastados en Afganistán y Pakistán –en 2019 el Pentágono estimaba un gasto directo en Afganistán de 776.000 millones de dólares–. Total, la factura de la Guerra contra el Terror que, según Bush, costaría 50.000 millones de dólares, alcanza unas cifras realmente terroríficas: de 8 a 10 billones de dólares. Incluso atendiendo a las estimaciones más bajas, estas son superiores a los 5 billones de dólares, el PIB de toda América Latina y El Caribe en 2018.

Invasiones mortales

El dinero siempre deja un rastro, es casi imposible esconderlo, al menos si se tiene verdadera voluntad de encontrarlo. En cambio, los cadáveres son mucho más difíciles de registrar, no están en los balances contables de las empresas ni en los libros presupuestarios gubernamentales. Y por lo general no importan a casi nadie.

Además, el rastro de la muerte puede borrarse y si cuentas con medios de comunicación sin escrúpulos, como los occidentales, no resulta difícil limpiar la sangre de la escena del crimen. Esta obscenidad mediática es la que ha provocado, entre otras cuestiones, que las cifras de muertos, tanto en la invasión de Irak como en la de Afganistán, hayan sido un tétrico festival de muerte. Las cifras varían para ambos conflictos entre 1 y 3,6 millones de fallecidos, unos dos tercios en Irak y un tercio en Afganistán. Por lo que, a día de hoy, es casi imposible saber la cifra exacta.

El Estado Islámico, los talibanes y… la democracia

Las consecuencias de la Guerra contra el Terror harían palidecer a la opinión pública occidental de recibir la misma atención mediática que un gran evento deportivo: no se encontraron las armas de destrucción masivaOsama Bin Laden no fue hallado en Afganistán, sino en Pakistán, y fue asesinado en el momento en el que políticamente más interesaba; Irak y Afganistán no solo no se democratizaron ni dejaron de ser «refugio de terroristas», sino que en Irak surgió el Estado Islámico, al que todavía se le combate y que llegó a extenderse hasta Siria con el apoyo de Occidente, y los talibanes tienen tal poder en Afganistán que hasta Estados Unidos ha pactado recientemente con ellos la retirada total de efectivos en 2021, así como la eliminación de sanciones y la liberación de prisioneros.

Una rendición incondicional para conmemorar la Guerra contra el Terror: una mentira histórica, un error colosal y un fracaso estrepitoso que ha costado millones de muertos y billones de dólares.

En España, la guerra de Irak dejó, en cifras oficiales, 260 millones de euros y nueve muertos; y la guerra de Afganistán costó 3.500 millones de euros, incluidas las ayudas, y 100 muertos. Cifras muy inferiores a otras estimaciones quizás más cercanas a la realidad, pero, aun así, demasiado relevantes como para que una retirada total de tropas españolas en Irak y Afganistán haya pasado tan desapercibida por los medios de comunicación españoles. Casi 4.000 millones de euros y 110 muertos merecían algo más que una noticia-telegrama. Sin embargo, no causa asombro alguno la ausencia de una mínima reflexión al respecto, no obstante, los medios de comunicación españoles son los menos fiables de Europa para la Universidad de Oxford.

 

(Luis Gonzalo Segura / RT)

 

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