Nadie es inocente, todos terroristas

¿A alguien le suena Jesús Madrigal? Probablemente a casi nadie. Tiene su lógica. Su asesinato es un hecho que pasó prácticamente desapercibido, tanto como las muertes al interior de las cárceles españolas situadas en Euskal Herria, ocultado por los medios vascos que se dicen medios y vascos. Como un incidente sin importancia al que guardar a lo sumo un pequeño huequito en la sección de sucesos cual metereología del lugar. No hubo condenas ni rechazos, que son lo mismo, ni ramos de flores institucionales ni mucho menos encendidos artículos, comunicados y editoriales, ni entrevistas a supuesto líder alguno. Por no haber, no hubo ni tweets. Yo creo que no se enteró casi nadie. Un ertzaintza le pegó un tiro en la cabeza asesinándolo en el acto hace 5 años un día 4 de junio como hoy. A sangre fría y sin ningún motivo.

Fue tan aberrante y gratuito el asesinato que hasta un juez no creyó al policía que dijo que se le había disparado sin querer el arma. Jesús era un trabajador transportista, de esos que si no hubiera sido por ellos ahora ni los médicos podrían haber sobrevivido a la crisis del Covid. Sin embargo para él no hubo ningún aplauso ni reconocimiento, lo mismo que ocurre en EEUU con la comunidad pobre sea afro-americana, latina o blanca hasta que se incendian las calles. Entonces todo el mundo se convierte en politólogo.

Tanto las instituciones españolas incluidos en ellas los inútiles parlamentos autonómicos, como medios de comunicación como EITB están diseñados para normalizar la violencia de estado y del capital y la prueba más evidente es que cuando no tienen más remedio que hablar de ello siempre se intentan desatender como si no fuera con ellos, de igual manera que cuando un policía mata a un trabajador debe ser siempre una “manzana podrida”, nunca algo estructural y sistemático como cuando policías, periodistas, jueces, carceleros y políticos conformaron el pluzze para la expansión y protección de las torturas en comisarias, cuartelillos y edificios de la ertzaintza.

En el fondo del asunto, como en casi todo, es simplemente una cuestión de propiedad y en este caso de monopolio. De la misma forma que la clase trabajadora está fuera de los medios de producción, también se le prohíbe el acceso a todo medio coercitivo e incluso hablar sobre ello. No es solo que no los pueda tener, sino que no pueden decir ni media palabra sobre ello.

En estos tiempos de frases vacías, de mercadeo del dolor y de negación de realidades, la mejor aportación auto-critica que puede hacer el pueblo trabajador vasco es volver a estudiar la teoría del derecho a la rebelión de la declaración universal de los derechos humanos, la teoría del estado como dictadura violenta de clase contra clase y pueblos, la historia de este país y comprender la irreconciabilidad de intereses entre opresores y oprimidos. Solo así podrá evitarse entrar de lleno en la perspectiva ideológica de la clase explotadora y los estados, donde el relato del opresor navega en aguas tranquilas, y enfrentarle otra perspectiva. En caso contrario la violencia de estado seguirá apretando cuando lo necesite y el modelo coercitivo estará mas asentado y normalizado, actuando con más eficacia, de entrar en los baremos ideológicos de la denominaba clase explotadora. Cuando la injusticia domina, la convivencia y la conciliación (para estar reconciliado primero habría que haber estado conciliado alguna vez, cosa que no recuerda ni el más viejo del lugar) no sería otra cosa que el frente cultural de la violencia de estado.

Los que quieren normalizar que mueran presos políticos o sociales en el olvido, trabajadores en el tajo con eufemismo de accidente, los que nos quieren hacer creer que la represión es algo normal tanto como que la clase trabajadora vasca esté subordinada al capital y a dos estados. Esos. Esos son los que más nos hablan de paz y normalización.

Por mucho que para algunos sea paradójico e increíble, todo rechazo de la violencia popular, e incluso a cosas que ni siquiera lo son, en realidad se trasvasa a un apoyo a la violencia burguesa que tarde o temprano se abre paso aunque sea pasivamente, ya que aunque no suene políticamente muy correcto política es rotundamente sinónimo de violencia, y la violencia es como la energía en el sentido de que no se crea ni se destruye sino que se transforma: O la recibes, o la provocas, o las dos cosas a la vez. No existe cuarta opción en la historia de la humanidad hasta hoy conocida, esa cuarta opción de paz y estabilidad de abrirse llegará en una sociedad sin clases, y sin patriarcado.

 

(Borroka Garaia da!)

 

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