MIGUEL ÁNGEL FERRER. Lenin, Roosevelt, Stalin

La noche del 28 de febrero de 1953 el gobernante soviético José Stalin celebró en su casa de descanso una reunión con los miembros de su círculo cercano: Nikita Jruschov, Laurenti Beria, Georgy Malenkov y Nicolai Bulganin. 

Terminada la cena Stalin se retiró a su dormitorio. Al día siguiente el líder no salió de su habitación. Y a eso de las diez de la noche un sirviente lo encontró tendido en el piso, con la misma ropa que llevaba la noche anterior, casi sin conciencia e incapaz de hablar.

Los médicos que lo examinaron dijeron que había sufrido un accidente cerebrovascular fulminante. Digamos un derrame cerebral. Su agonía duró varios días y finalmente falleció el 5 de marzo de ese mismo año, venerado y llorado, como hasta ahora, por los revolucionarios de los cinco continentes.

Años antes de su muerte al héroe y revolucionario se le había diagnosticado un cuadro de hipertensión severa. Y bien se sabe que la hemorragia cerebral es consecuencia directa de la hipertensión arterial.

No es fácil salvar la vida o recuperar las funciones cerebrales luego de un ataque de este tipo. Y menos si se retrasa por varias horas la atención médica del accidentado, como fue el caso del vencedor de la Alemania nazi. Y mucho menos tratándose de un anciano: al momento del accidente fatal José Stalin tenía 74 años.

Como es fácil comprender, a Stalin lo mató más la edad que la hipertensión. Tuvo acceso a los avances de la ciencia médica de su época y sobrepasó por casi 30 años al promedio de vida vigente en el decenio de 1950, que era de 46 años.
Pero como era de esperarse los enemigos de la Unión Soviética y del socialismo encontraron en la muerte del gran líder una buena oportunidad para denostar al país de los soviets, a su sistema económico y a sus dirigentes políticos. 

Y así, sin evidencia alguna, Occidente y el aparato mediático a su servicio empezaron a correr la versión de que Stalin había fallecido por la tardanza deliberada del resto de la cúpula gobernante en prestarle el auxilio médico necesario. Y a las pocas horas del fallecimiento Occidente incluso empezó a correr la especie de un supuesto asesinato de Stalin por envenenamiento.

¿Es creíble atribuir a una maquinación homicida la muerte de un anciano hipertenso que ha sufrido un derrame cerebral por la madrugada y que por esto mismo ha tardado en recibir auxilio médico?

Lenin murió a los 54 años también víctima de un accidente cerebrovascular. Y Franklin Delano Roosevelt falleció a los 63 años igualmente por una hemorragia cerebral. ¿Sería creíble imputar esos fallecimientos a homicidas o conspiradores ignotos?

 

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6 comentarios

  1. Que mal queda lo de sirviente.

  2. Buen artículo.

    Good article.

  3. Partisana&Campesina

    …¿Y?… Sí, porque no entiendo a qué viene este artículo. Y me pregunta es esa: ¿Y…? ¿qué quiere decir?

    Yo diría que le quedan muchas cosas por decir que no ha terminado el artículo, pues desde aquel fatídico día han pasado muchas cosas. Y ya que se escribe sobre la muerte de Stalin se podría aprovechar para ahondar más y mejor en el tema. Vamos ¡digo yo!

    Pues de Stalin se han dicho tantas sandeces que una más casi que ni la vamos a notar…

    Lo que casi nadie nos explica en realidad es cómo fue en realidad Stalin.

    Y… si un@ tiene la osadía de querer entrar en su vida se queda más que pasmado por su inteligencia y su valor. Cosas que no se puede decir de muchos antistalinistas satanizadores de salón de esos que abundan hoy en día tanto.

    Por poner un simple ejemplo: allá por los primeros años setenta hasta un filólogo como Agustín GARCÍA CALVO, en su obra «Lalia. Ensayos de estudio lingüístico de la Sociedad» (ed. Siglo XXI, https://es.scribd.com/document/250834204/Agustin-Garcia-Calvo-LALIA-ENSAYOS-DE-ESTUDIO-LINGUISTICO-DE-LA-SOCIEDAD) se aproximaba con respeto e interés a las tesis de sociolingüística que sostenía Stalin en sus estudios sistemáticos acerca de la necesidad de implantar el ruso como lengua oficial de la URSS. Se sabe que él no iba a ninguna reunión científica donde no se hubiera empapado antes de lo que se había escrito acerca de cada materia. Y sus intervenciones se hacían siempre con rigor y con planteamientos para construir una sociedad mejor. Y aunque hoy más de un soplagaitas descalifique el método de estudio estalinista sin haberlo ni siquiera trabajado más de un minuto, lo cierto es que marcó un ímpetu tan sobresaliente, en todo lo que tocó, que sin él nada de lo que la URSS como país consiguió se hubiera conseguido. No fue nada fácil hacer de la Rusia zarista una URSS agrícola, industrial y militarmente respetable. Y gracias a él hoy el ruso es la cuarta lengua más extendida en el mundo.

    Y (…) ¡Que lo pudieron asesinar! Muy probablemente, así fue. Y no una vez, sino un ciento de veces. Como una prueba de que esa calaña mafiosa estaba dispuesta a todo está el cobarde XXº Congreso del PCUS donde a los tres años de su fallecimiento un lastimero Nikita Krushov le asestó mortales puñaladas al prestigio que como sabio y valiente revolucionario se había labrado durante décadas. Y el resto de los mal llamados comunistas empezaron a virar y a mover el rabo como perritos de aguas del Imperialismo criminal pornocapitalista. Y dejaron a la URSS hecha unos zorros donde los traidores de toda índole y condición ostentaban los máximos puestos en las jerarquías. Eso sí que es imperdonable. Mil veces peor que Stalin fueron los que después le sucedieron, pues no sólo hicieron fracasar el socialismo en la URSS sino que empantanaron el sueño del comunismo por un tiempo indefinido en el que aún nos estamos mal muriendo… Y no sólo nosotr@s, sino todo el Planeta ¡Basura!.

  4. a #Partisana&Campesina:

    Yo tampoco me creo las leyendas negras que circulan con tanta fuerza en la falsimedia ideológica del fascioliberalismo posmoherno que algún día habrá que empezar a dinamitar.

    Quien se las quiera creer que con su pan se las coma. A ver si se les atraganta y revienta de una indigestión.

    Pues si las cosas del estalinismo se miran despacito, lo primerísimo que hay que desmontar es al trotskysmo y sus sartás de mentiras. Casi todos ellos fueron setas muy bien regadas por los yanquis y sembradas por doquier en las revoluciones de colores: una de las más falsas de ellas fue la de mayo de 1968. Que no para de dejar sus secuelas y mentiras por doquier.

  5. PartisanaIlustrada

    Lenin dice el autor de este artículo murió con 54 años: «también víctima de un accidente cerebrovascular». Lo que no cuenta es que en 1919, cuatro años antes de su fallecimiento sufrió un terrible atentado de una espía supuestamente «anarquista» que lo dejó los últimos 5 años de su vida más tieso que una mojama.

    Y en esos últimos años se construyó el mito del Marxismo Leninismo. Sería muy interesante poder saber cómo se inventó. Pues en esos años se editaron discursos de Lenin como si al mismo tiempo le hubiera hablado a unos jóvenes bolcheviques en Vladivostock (en el Extremo Oriente de la URSS) y a unas hilanderas en Moscú. Cosa del todo imposible. Pero… ¡así se construyó la leyenda…! con esos materiales. Stalin tuvo mucho que ver en esa historia. Y demostró sus saberes y sus haceres. Por ejemplo, supo colocar la imposibilidad del comunismo en la URSS hasta en la primera Constitución Socialista de 1936.

    Por eso y por muchas más razones, Marx & Engels no se equivocaron cuando hablaron en 1848 del fantasma del comunismo ya que resultó ser tan solo eso: un fantasma. Al menos, en la URSS no existió NUNCA el comunismo. Y Stalin lo supo desde el principio por su sólida formación teórica.

    Por lo tanto, no hay caso cuando se habla de la Historia del Comunismo: no puede hacerse ni contarse la historia de lo que no tuvo existencia. Y aunque se le ataca por aire, tierra y mar, ya se sabe que a un fantasma sólo se le puede matar en el plano gnoseológico de las ideas. Y la Idea del Comunismo sigue viva y resistiendo a los mil y un combates…

  6. BenengeliQuijano

    # A Carabdul:

    Sirvientes=Cervantes; ¿hay que expresarlo con más claridad? Pues: un Consejo General para l@s Trabajadores: ¡empezad por leer «El Quijote» y lo entenderéis cuando hayáis aprendido a leer bien «El Capital»!

    Y ya lo mostró con absoluta humildad el camarada Mao: «solo valen para la revolución comunista l@s que saben servir… al pueblo»; o, con menos palabras aún, pero con más saña: «sólo valen l@s que sirven».

    Y, ¡ojo!, no se trata de la moral del utilitarismo moral imperialista.

    Con más enjundia: «Sólo sirven l@s que aprenden a ser útiles a sí mism@s y a l@s demás».

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