MIGUEL ÁNGEL FERRER. Girón, Saigón y Damasco

Desde tiempos inmemoriales la conquista y colonización de un pueblo ha implicado la ocupación militar del territorio en el que tal pueblo se encuentra asentado. Si no se da esa ocupación por la vía de las armas no puede hablarse de conquista. De modo que entre conquista y ocupación existe una sinonimia plena.

Desde el punto de vista del conquistador, el sitio, los bombardeos y los bloqueos encuentran su razón de ser si se consuma la ocupación militar. Es el caso, por ejemplo, de Afganistán e Irak, ocupados por tropas de Estados Unidos y de otros países imperialistas.

En Libia y en Siria se repitió más o menos el esquema clásico. La diferencia consistió en que el ejército invasor no provenía formalmente de los países imperialistas. Se trató de soldados mercenarios de diversos orígenes al servicio del imperialismo estadounidense y de los aliados de este.

En el caso libio el ejército invasor mercenario consiguió ocupar el terreno, derrocar al gobierno nativo e imponer un régimen colonial. Pero en Siria no se repitió la experiencia. La tenaz resistencia del presidente Bashar al-Assad y el auxilio diplomático y militar rusos, incluso con tropas en el terreno, impidieron la caída del Gobierno y una nueva colonización de Siria.

Esa resistencia y ese auxilio diplomático y militar rusos fueron factores determinantes en la derrota del ejército invasor. Vencidas y huyendo casi en desbandada, las tropas mercenarias no pudieron concluir exitosamente la ocupación militar iniciada varios años antes.

Fracasadas la reconquista y la recolonización de Siria por la vía de un ejército mercenario, lograr esos objetivos implicaría la participación directa de Estados Unidos y de sus aliados. Pero parece que no existen ni las condiciones mínimas para tal empresa. Y no solo no existen para una culminación exitosa, sino ni siquiera para intentarlo. Y menos ahora que la presencia y el auxilio rusos respaldan la estabilidad del gobierno de Al-Assad.

Se trata de la primera gran derrota del imperialismo yanqui desde la guerra de Vietnam, consumada en abril de 1975, hace ahora 43 años. Y la segunda si consideramos la victoria cubana sobre el ejército mercenario invasor al servicio de EE. UU. en Playa Girón, también en abril, pero de 1961, hace ya 57 años.

La victoria de Playa Girón y la liberación de Saigón cambiaron el curso de la historia. Y lo mismo más o menos puede decirse del triunfo sirio sobre los invasores mercenarios al servicio de EE. UU.

Porque la reconquista y recolonización de Siria habría dado alas al propósito yanqui, entre otros semejantes, de reconquistar y recolonizar Irán, objetivo que ahora se ve más lejano y complicado.

La victoria de Siria sobre EE. UU. no significa, sin embargo, que vayan a cesar las agresiones, los propósitos de nuevas invasiones, los intentos de desestabilización, el financiamiento y adiestramiento de la oposición interna, las labores de asfixia económica, la satanización de Al-Assad y su gobierno.

Pero esa victoria ha invertido, favorablemente para el anticolonialismo, la correlación de fuerzas entre centro y periferia. Y si la victoria en Siria es por sí misma fuente de optimismo y alegría, más aún lo es la nueva correlación de fuerzas que se anuncia tras estos históricos acontecimientos en otro histórico mes de abril.

 

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