MÉXICO. 25 ambientalistas han sido asesinados, pero AMLO llama “pseudoecologistas” a opositores de megaproyectos

Introducción

  • Si se cierra los los ojos no se ve el problema, pero el problema sigue estando ahí

De cómo AMLO no dice la verdad cuando se refiere al feminicidio

  • Dándole la vuela a la expresión imperialista «eje del mal», algún profesional que trabaja en el entorno del presidente mexicano sitúa a AMLO en el «eje del bien» ¿Cierra también los ojos para no ver?

Yo no los hubiera ubicado nunca en el “eje del mal”, Katu Arkonada, pero en el “eje del bien”… tampoco

La noticia

Durante el segundo informe de gobierno de López Obrador habló de su postura en cuanto a la defensa del medio ambiente, destacando el programa «Sembrando Vida» como el más grande del mundo, además agregó que como parte de esa política de cuidado al medio ambiente, no se permite el uso del maíz transgénico ni el fracking, se cuida el agua y no se han entregado nuevas concesiones mineras.

“Por convicción hemos decidido cuidar el medio ambiente como nunca lo hicieron los anteriores gobiernos -y, lo más interesante- ni lo demandaron los pseudoecologistas que tanto nos atacan. Sólo subrayo que estamos aplicando el programa de reforestación más importante del mundo sembrando mil 100 millones de árboles frutales y maderables» dijo esta mañana.

Nada más lejos de la realidad. Durante los dos años de gobierno, 25 ambientalistas han sido asesinados, tan sólo en lo que va de la emergencia sanitaria en México 7 defensores murieron por su labor de defensa de los ecosistemas, hechos que hasta la fecha continúan impunes, sin embargo López Obrador sigue criminalizando la labor de la defensa del medio ambiente y llamando despectivamente «opositores» y «radicales de izquierda» a quienes se dedican a la defensa de la naturaleza.

En los últimos 8 años 89 defensores del medio ambiente en México fueron asesinados, recientemente la organización Global Witness calificó al país como el cuarto más peligroso para defender la naturaleza en el mundo, situación que se complica con los constantes señalamientos de la presidencia y la imposición de megaproyectos.

En la 4T no solo ha continuado con el modelo extractivista de anteriores sexenios, sino que ha presentado como carta fuerte una serie de megaproyectos que, además de significar el despojo de pueblos originarios, también han sido fuertemente criticados por especialistas como devastadores para los ecosistemas.

Por ejemplo el controversial caso del Tren Maya, obra prioritaria dentro de su administración y que según señalan expertos y comunidades mayas, pone en riesgo reservas prioritarias para la biosfera, como Calakmul, y que destaca también la opacidad con la que se ha conducido las autoridades a cargo.

Esto es preocupante porque entre lo que más se ha criticado del proyecto es la ausencia de información sobre los impactos ambientales, económicos y sociales que dicha obra acarreará para la población, particularmente para las comunidades mayas afectadas. Esta situación es una constante con otras obras prioritarias de su gobierno, como el aeropuerto de Santa Lucía, el corredor interoceánico, la refinería Dos Bocas, el Proyecto Integral Morelos, etc.

A pesar de las declaraciones durante su informe de prohibir el fracking, lo cierto es que, según la Alianza Mexicana contra el fracking existen al menos 7 proyectos de fracturación hidráulica en los estados de Puebla y Veracruz, además de darle un impulso a la megaminería, como el caso de Samalayuca y el litio en estados del norte del país.

Esto mismo se repite con sus anteriores promesas de prohibir los transgénicos, pues según el ex secretario de medio ambiente, Víctor Toledo, existe el avance de los organismos genéticamente modificados, además de la aplicación de agrotóxicos controversiales, como el glifosato, motivo por el cual decidió dejar su cargo como titular de la Semarnat el lunes pasado.

Sin evaluaciones de impacto ambiental independientes del gobierno y las trasnacionales, los megaproyectos constituyen una seria amenaza no sólo para los defensores ambientales, si no para la calidad de vida de las poblaciones que viven en las regiones aledañas a donde se edifican.

Son las poblaciones, junto con la clase trabajadora y profesionistas independientes solidarios que no estén vendidos ni al gobierno ni al gran capital quienes pueden definir la pertinencia o no de los megaproyectos, y desarrollar los que consideren necesarios en función de las necesidades sociales y aplicando las técnicas adecuadas para minimizar el impacto ambiental.

Para frenar los megaproyectos, con los ecocidios y los despojos de comunidades que conllevan, es indispensable unir las luchas ambientales con las de los trabajadores que enfrentan despidos en la 4T. La unidad nos hará más fuertes para luchar contra las transnacionales, tanto en el terreno laboral como en el de los derechos ambientales.

 

(La noticia es de La Izquierda Diario)

 

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