MAURICIO ESCUELA. Estados Unidos: el fin del imperio

En el año 2000, el académico Johan Galtung predijo el fin del imperio estadounidense para el 2025, profecía que redujo en cinco años debido al extremo militarismo de George Bush Jr., con lo que en 2020 estaríamos abocados a un cambio de era.

Galtung ha estudiado el auge y la caída de diez imperios a lo largo de la Historia y elaboró un sistema de análisis multifactorial, modelo que aplicó a la actual fase hegemónica en que se halla Estados Unidos. A diferencia de otros científicos sociales, Galtung propone una teoría que, a partir de la agudización de contradicciones, plantea cambios inmediatos y radicales en el orden social. La acumulación de transformaciones graduales daría paso en 2020 a un salto cualitativo de proporciones inmensurables.

En su libro del año 2009, La caída del imperio estadounidense, Galtung recoge las tesis que ya fueron elaboradas por él en un reporte de 1996 y que otros analistas declaran que el propio gobierno federal por entonces intentó ocultar.  Según el académico, el sistema sufre 15 grandes contradicciones, cuya gestación habría generado al interior de la clase política una etapa de fascismo reaccionario, que aún está en marcha bajo la administración de Donald Trump.

Algunas de las visiones que azuza ese fascismo político que describe Galtung son las referentes al «excepcionalismo» y la noción de la lucha «entre el bien y el mal» a la que quedaría reducida toda ideología bélica imperial. El mesianismo de Estados Unidos en esa última etapa llevaría al país a guerras suicidas, con un alto costo para el mundo y para la población y la propia economía norteamericanas. El fascismo contaría, en las bases populares, con un culto a la personalidad del líder y al Estado poderosos.

La evidencia cada vez mayor del declive llevaría al imperio a guerras desesperadas, en lo que Galtung llama una «huida hacia adelante», con el fin de conquistar la franja euroasiática, la cual es geoestratégica en el dominio del mundo. El fin de los acuerdos con Irán, la toma de distancia con respecto a Turquía y la India, la rivalidad manifiesta con China y el fracaso de los acuerdos con Corea del Norte, apuntan a que Estados Unidos querría llevar sus intereses en la región euroasiática al terreno bélico, con el fin de, mediante un golpe de audacia, recobrar el dominio de una parte planetaria que aseguraría su poder mundial por al menos cien años más.

Los 15 puntos negros del imperio

Una economía fantasma, incapaz de sostener el pib mundial, que ya entró en una fase descendente desde su máximo poder en 1945, marca el fin de Estados Unidos como la cara visible del mercado mundial. Las potencias emergentes quieren sacudirse el dominio del dólar y lo lograrán gradualmente, en la medida en que muden sus reservas en dólares hacia divisas más estables y con mayores respaldos productivos. Cuando se produzca el fin de este ciclo, dice Galtung, habremos llegado al fin del imperio.

Otro de los puntos negros sería el cambio climático, que aumentaría los costos de producción necesarios para el sostén de la industria, lo cual llevaría a la debacle del desempleo y al desbalance comercial, importándose más dólares de los que se exportan. Así, Estados Unidos devendría en país periférico y dependiente y no tendría capacidad para mantener su ritmo de consumo, la base de su ideología política.

Una de las 15 variables de Galtung, quizá la más evidente hoy, es la militar, que plantea el fin de las alianzas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, las cuales le dieron a Estados Unidos la llave de los cinco continentes. Debido al alto costo de las guerras y la imposibilidad de hacerlas sostenibles, el imperio dejaría de pagar su cuota dentro del Tratado del Atlántico Norte (otan), con lo cual sumaría a las tensiones con Rusia, las fricciones con Europa. Estados Unidos querría así continuar con un mandato sobre sus socios occidentales que no tendría sustento armamentístico ni económico, a la vez que presionaría para que Europa no se acerque a Rusia.

Galtung señala que Estados Unidos se quedaría solo en una guerra además cultural, con monopolios menos poderosos enfrentados a un Oriente que se expande en el propio mercado norteamericano y que tendría fuerza suficiente para disputarle al imperio incluso su primacía en el cine y la industria del entretenimiento. Unido a eso, se agudizarían las contradicciones religiosas con el Islam, al cual el imperio construyó en las últimas dos décadas como un archienemigo (ver las tesis de Samuel Huntington).

Una de las variables más peligrosas es el fin definitivo del american dream, debido a la dureza de la vida doméstica. Esto llevaría al desgajamiento funcional del establishment y del tratado de la Unión, o sea, el fin político de la entidad multiestatal norteamericana. En este punto, dice Galtung, el imperio se desgajaría en una confederación de Estados más o menos poderosos, que tratarán de buscarle una solución independiente a la crisis externa e interna.

En el gobierno de Trump, Galtung ve la antesala de esta última predicción, ya que la parte anglosajona de la nación, los supremacistas y la clase media blanca, intenta defender la fórmula de un país «puro», cosa que es imposible dado que la naturaleza norteamericana es multiétnica y el consenso entre la diversidad multiestatal está sustentado en gran parte sobre el respeto a ese multiculturalismo.

Galtung optimista

El académico, no obstante, piensa con optimismo y ve en el colapso del imperio algo inevitable a la vez que beneficioso para la Humanidad y los habitantes de Norteamérica. Declara que hay dos caminos: la élite política puede retardar el fin de la Unión mediante la solución pacífica de conflictos y tratados internacionales con las potencias rivales, o puede actuar estúpidamente mediante la realización de guerras desesperadas para conquistar recursos, lo cual profundizaría el círculo decadente.

Galtung ve el fin del imperio como una oportunidad para la revitalización de la República estadounidense con sus valores fundacionales de trabajo productivo, dinamismo, defensa de la libertad, multiculturalismo y búsqueda de la felicidad. El fin de la política imperial pararía, según el estudioso, una dinámica de más de 20 millones de muertos en el mundo por intervenciones norteamericanas desde 1945, lo cual sería una ganancia en estabilidad y paz para el planeta.

Una gran parte del electorado estadounidense, así como de la clase política con Bernie Sanders a la cabeza, ostenta esa ideología proRepública, en contra de la defensa del mustio imperio. Pero el triunfo electoral de esa vertiente solo sería posible mediante un cambio radical en los mecanismos de ascenso al poder, que están frenados por el voto indirecto y el lobismo empresarial.

A las tesis de Galtung han respondido con fuerza los tanques pensantes que dirigen la ideología neoconservadora, quienes sostienen, como prueba de la fuerza estadounidense, el inmenso arsenal bélico global, único de su tipo. Pero la resurrección militar de Rusia y su alianza con China, que en los próximos años dominará la economía planetaria, destruyen ese último argumento proimperial.

Por otro lado, sostener una flota mundial no le serviría de nada a Estados Unidos en caso de un conflicto con potencias rivales, ya que la técnica del portaaviones solo funciona contra países con bajo despliegue tecnológico y militar. En un enfrentamiento con China, por ejemplo, Estados Unidos no ganaría nada con luchar directamente en los mares asiáticos; al contrario, recibiría un golpe demoledor tras otro hasta perder sus activos militares en el Pacífico. El rearme espacial, decretado por Trump, quizá sea una manera de buscar una prórroga en el tiempo para el dominio del mundo mediante las armas, ya que ni China ni Rusia han emprendido una expansión seria en ese sentido.

Algunos ven ese militarismo con preocupación, pues es una ventaja táctica a corto plazo que pudiera utilizarse de forma desesperada, cuando las élites vean que se les escapa el mundo de las manos. Un golpe desde el espacio sería la última estupidez cometida en nombre del imperio, pero no tendría como saldo a ningún vencedor.

El imperio como «tierra prometida»

No obstante, la creencia sin fundamentos de que las élites pueden prescindir de la periferia, pudiera lanzar a quienes ocupan el puesto en la Casa Blanca a un genocidio contra la Humanidad, ya que personajes como John Bolton sostienen que «no hay nada más allá de la Pax Americana».
Estos «cabeciduros» niegan la evidencia del sistema mundo del capital, desplegado por el académico Immanuel Wallestein, un modelo funcional que se basa en el estudio de la acumulación originaria descrita por Carlos Marx.

En tal sentido hay que recordar que, en uno de sus discursos contra el comunismo, Ronald Reagan declaró que «prefería ver muerta a su familia, antes que verla crecer en un mundo sin Dios». Ya sabemos qué divinidad invocaba el entonces presidente: aquella que representa en esencia la ideología blanca y anglosajona, llamada manifiestamente a poseer el mundo como tierra prometida. El 2020 está a las puertas, la historia parece precipitarse.

 

(Diario Granma)

 

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