MANUEL ESPINOZA. Yanquis, ¡dejen de joder!

La diplomacia sandinista continúa combatiendo a la Doctrina Monroe de 1823 desde la OEA. Muchos nicaragüenses analizan de manera errónea lo ocurrido durante la 49 Asamblea General de la OEA en Medellín, Colombia. Su deficiente visión política para entender las batallas diplomáticas de los sandinistas, su falta de entender técnicamente a la diplomacia misma y su falta de nacionalismo, hacen que brinquen de alegría de manera cortoplacista, aun sin saber por qué.

En su inmensa mayoría los golpistas nicaragüenses creen, que se trata de encuentros diplomáticos del gobierno sandinista contra gobiernos de países democráticos latinoamericanos y del caribe (¡como si existieran!) liderados por EEUU. Los ex diplomáticos liberales y antisandinistas aprovechándose del desconocimiento general, explican y enseñan a sus seguidores de la manera más apátrida posible ocultando la realidad con un tecnicismo de manual en las relaciones internacionales.

El pueblo luchador y heroico está claro que quienes realmente se enfrentan en la OEA son Nicaragua versus el afán injerencista yanqui y sus títeres regionales.

La estrategia de política exterior de EEUU hacia nuestro país se ha basado a lo largo de la historia en la intervención permanente. Esta estrategia ha variado en solo dos tipos de métodos, la intervención directa y la indirecta. Las razones coyunturales siempre han estado asociadas a la forma gradual en que los norteamericanos apliquen su estratagema injerencista.

La primera razón de esa política exterior es geopolítica. Basada en la doctrina Monroe de «América para los americanos (y ninguna fuerza más allá del atlántico deberá de expandir su poderío hacia el hemisferio occidental)». Una expresión muy ambigua como solo puede existir en la retórica de la diplomacia, pues aunque los norteamericanos argumentan que era para impedir el colonialismo del naciente imperialismo europeo y su expansión a nuestro continente, sus acciones de dominio hemisférico y la historia misma se encargaron de develar sus verdaderas intenciones desde 1823.

La segunda razón es geoeconómica. La Ruta Interoceánica por la fiebre del oro (1849) y la construcción de un canal, disparó su interés por Nicaragua y Panamá. Al construirse este en Panamá, EEUU logró establecer que ninguna otra nación podría jamás construir otro.

Derrotado en la Guerra Nacional (1856-1857) el filibusterismo de William Walker –financiado y apoyado por la política expansionista norteamericana– a EEUU no les tocó más que, ante los intentos de Francia, Alemania e Inglaterra de construir un canal en el istmo centroamericano, unir ambas posiciones de política exterior en lo que se conoce posteriormente como Corolario de la «Esfera de Influencia Exclusiva de los Estados Unidos» del presidente Rutherford Hayes, quien en 1880 consideraba al Caribe y a Centroamérica parte de esta concepción: «Para evitar la injerencia de imperialismos extra continentales en América, los Estados Unidos debían ejercer el control exclusivo sobre cualquier canal interoceánico que se construyese».

La Intervención directa militar se hace tangible en toda la región y en el caso nuestro en 1914 y 1926. Tras eso instalan una dictadura militar que le aseguraría la «no expansión soviética» y la no construcción del canal. Con el derrocamiento de la dictadura, desde 1979 al 90 volvimos a chocar directa e indirectamente con la maquinaria político y militar norteamericana.

Un nuevo temor en la estrategia de política exterior de dominio hemisférico ha aparecido desde las entrañas del Sur. No se trata de expansionismo extracontinental, sino de Venezuela, un país enormemente rico, con reservas en recursos estratégicos, que ha obligado a EEUU a recrudecer su plan intervencionista en la región.

A partir de la actual coyuntura internacional (2000-2019), donde la Revolución Chavista situó a Venezuela como la esperanza del internacionalismo continental y el verdadero hegemón solidario latinoamericano que procure la segunda independencia de América latina y el Caribe; EEUU se encuentra ejecutando uno de los ataques más feroces y prolongados contra el pueblo venezolano. Prácticamente, casi 20 años de Revolución Bolivariana solidaria con el Caribe, Cuba, Bolivia, Nicaragua y otras naciones de la región han puesto en ridículo dos siglos de relaciones egoístas, racistas y hegemónicas de control y saqueo de EEUU con América latina.

Ya ni se diga el retorno de Rusia, que se inserta de nuevo entre los poderosos del planeta y China como la segunda economía que avanza a pasos agigantados en sus relaciones comerciales con América Latina.

En el caso de Nicaragua, un gobierno sandinista más estos factores coyunturales que están modificando el orden internacional, posibilitan la construcción del canal interoceánico. De ahí la urgencia de derrocar al gobierno sandinista vía la modalidad del Golpe Suave, que integra la utilización de organismos internacionales como la OEA y la CIDH para el desprestigio internacional y el sometimiento a la política tradicional norteamericana de ataque directo a Nicaragua que ya tomó forma.

Hace unos años era casi prohibido que dijéramos que teníamos claras las pretensiones y acciones siempre hostiles de EEUU hacia Nicaragua. Era más que evidente vía el financiamiento y preparación a las ONG y los partidos políticos opositores en cada contienda electoral presidencial o municipal. Ahora todo un frente de lucha con EEUU está más claro en el horizonte que nunca. Por mucha simpatía o esfuerzo de otra naturaleza no lo pueden tapar.

  1. A) Intento de derrocamiento del gobierno a partir del 18 de abril del 2018 por medio de las ONG y partidos que han venido financiando sus agencias de cooperación política.
  2. B) Sistema de sanciones a funcionarios del gobierno nicaragüense.
  3. C) Amenazas constantes de aplicación del Nica-Act, que es igual a bloquear financieramente al país y su desprestigio internacional para evitar que fluya la inversión extranjera como sucedía hasta 2018.
  4. D) Frecuentes expresiones hostiles de altos funcionarios de la administración Trump y ciertos congresistas de origen cubano – americano, sobre todo.
  5. E) Parcialización de varios países del hemisferio contra Nicaragua, Cuba y Venezuela.
  6. F) Sometimiento de la OEA y la CIDH a los ejes de ataque principal para desprestigiar al gobierno (Derechos Humanos, corrupción, rompimiento del orden democrático e institucional) y lograr la aplicación de la Carta Democrática.

Todo este frente de agresión (y más) está intrínseco en cada batalla diplomática en la OEA y es lo que no quieren que se entienda ni se perciba.

EEUU y la oposición golpista criolla hacen un simple ejercicio de sumatoria de 20 a 14 votos, como en los resultados de cualquier juego de béisbol, y creen que han tenido una victoria contundente sobre nuestro país, sobre nuestra diplomacia. Así lo quieren presentar. No quieren entender, que 14 países que se abstuvieron o votaron en contra de la resolución presentada por Canadá no están replegándose a la política hegemónica de EEUU.

¡Qué pena para el imperio, para las mejores escuelas de diplomacia USA donde se prepara toda la diplomacia continental! Desde hace un año no han podido conseguir los 24 votos para la aplicación de la carta democrática.

¡Qué pena que no entienden que esos 14 son 16 con Cuba y Venezuela, que sacaron de la OEA, una organización títere de las políticas anti latinoamericanas de EEUU!

¡Qué pena que no entienden que esos 20 son 19 porque el representante de Venezuela es un impostor! Es un ratón del laboratorio de la política de ataque contra Venezuela y por ese uso ilegal de la OEA Uruguay optó por abandonar la Asamblea General.

¡Qué pena que su Secretario General Almagro cambió de opinión al ver una nueva realidad en Nicaragua, que se enrumba a las próximas elecciones del 2021 o cuando el FSLN decida!

¡Qué pena que toda esa masa de jóvenes engañados en los cursos de formación en EEUU desconoce de qué escuela de lucha proviene la diplomacia sandinista! No saben cómo logramos los acuerdos de Manzanillo, del Grupo de Contadora, de Esquipulas I y II, la sentencia a favor de Nicaragua y en contra de EEUU en la Corte Internacional de Justicia en La Haya, que en 1986 dictaminó nos debían pagar 17 mil millones de dólares por la guerra impuesta a nuestro pueblo. Al final, sin los yanquis llegamos a Sapoá a firmar solo los nicaragüenses la paz que gozamos hasta el 18 de abril de 2018.

¡Que lástima que no tengan memoria histórica! ¡Que lástima que no puedan dimensionar la cruel guerra que enfrentábamos en los 80 y las enormes victorias en el campo diplomático obtenidas! Mucho menos que entiendan que es en tiempo de crisis que el sandinismo funciona mejor.

Por eso cuando el Vice-Ministro Valdrack Jaentschke pide inmediatamente realizar la votación nominal, el delegado por Chile introduce una enmienda no solo de corte dilatoria, sino conceptual. Muchos dicen, que Nicaragua pudo haber hecho lo de Uruguay de levantarse e irse desde el inicio al ver llegar al delegado títere venezolano, pues de hecho todo lo que sucedió ahí fue ilegal. Pudo haberse levantado al introducirse esa enmienda o pudo haberse levantado después del segundo conteo para aprobar la resolución.

¡Eso evidencia que no terminan de entender nada! La OEA no es la madre de las batallas para Nicaragua. Es tan solo un frente de lucha de nuestro amplio frente de política exterior y nuestra estrategia se impondrá como en los 80.

¡Dejen de joder! Que si nos pagan los 17 mil millones y nos dejan construir el Canal, ¡viviremos mejor que ustedes!

 

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Un comentario

  1. Maldicion del imperialismo mas cruel que, nunca ha habido, son irracionales y solo confian en la fuerza animal, y nunca en la fuerza de la razon. Llegara el dia que, quede mas aislados que un gorila en un islote. Son tantos enemigos los que se crean que, ni les escuchan cuando ladran. USA GO HOME.