Malasia/Birmania: cientos de niñas son vendidas como esposas

Cientos de niñas rohingyas (Birmania) están siendo raptadas y vendidas en Malasia, tras tener que huir de su país por la persecución que sufre esta minoría musulmana. Una situación parecida a la que viven jovencitas en EEUU. Y no hace tanto

Warren Steed Jeffs, de 50 años, fue detenido al norte de Las Vegas, informó David Staretz, vocero del FBI.

Jeffs tenia y tiene al menos 40 esposas y unos 60 hijos y lidera la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (FLDS, en sus siglas en inglés) tras la muerte de su padre Rulon en 2002.

Jeffs está preso pero el FLDS cuenta con 10.000 miembros y se escindió de la Iglesia Mormona hace más de un siglo atrás cuando ésta renunció a la poligamia.

Sus miembros creen que un hombre debe casarse por lo menos con tres esposas para acceder al paraíso.

Insurgente señala ésto para que algún lector distraído, no piense que en Malasia se trata de una cultura distinta a la de occidente. En Estados Unidos y en otras partes del mundo sucede lo mismo.

En Malasia la agencia de noticias Reuters ha entrevistado a una de estas víctimas de la minoria muslmana, que con tan sólo 13 años ya ha sufrido el trauma de ser vendida a un hombre décadas mayor que ella.

La menor es una más de los miles de rohingyas que se han visto forzados a huir del estado de Rajine, en el norte de Myanmar (Birmania), debido a la violencia y a la persecución que sufren por parte de las Fuerzas Armadas birmanas.

Después de semanas de viaje desde Rajine, donde huyó con toda su familia para evitar la violencia del Ejército birmano, la joven fue raptada por traficantes y separada de sus padres. Según ha explicado entre lágrimas, la retuvieron durante semanas en una celda en medio de la jungla, cerca de la frontera con Tailandia, con decenas de niñas como ella.

Después de retenerla sin apenas comida, sus captores la chantajearon diciéndole que sólo si aceptaba contraer matrimonio con un hombre rohingya podría quedar en libertad. “El traficante me dijo que me había vendido a un hombre y yo le pregunté que cómo podía haber hecho eso. Me acuerdo que durante semanas estuve muy asustada cada día”, ha contado la menor.

Después de ser forzada a contraer matrimonio, la joven fue trasladada a Kuatan, en la costa este de Malasia. De acuerdo con su testimonio, no tardó en darse cuenta de que su nuevo esposo era una persona muy abusiva, controladora y agresiva. Le quitó el teléfono móvil del que disponía y le prohibió por completo contactar con su familia. Cuando se enfadaba con ella, llegó a encerrarla durante días en la casa, sola.

Ocho meses después de contraer matrimonio, logró hablar con sus padres. A los pocos días su padre acudió a la casa donde vivía para rescatarla. Hoy en día vive con sus padres y sus cuatro hermanos pequeños en una habitación en las afueras de Kuala Lumpur, la capital malasia.

Según ha explicado, aunque ahora se siente mucho más segura, todavía teme que algún día vuelva su marido a buscarla. El hombre se ha negado por completo a concederle el divorcio.

Alrededor de 1,1 millones de rohingyas viven en el norte de Myanmar, en condiciones muy similares al apartheid de Sudáfrica. La inmensa mayoría de los birmanos son budistas y de la etnia burma, por lo que consideran que los rohingyas, que profesan la fe musulmana, son inmigrantes ilegales procedentes de Bangladés, a pesar de ser originarios de Rajine.

A principios de mes, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), Zeid Raad al-Husein, acusó sin paliativos al Ejército birmano de cometer “espantosas atrocidades” contra la población rohingya, desde violaciones en masa hasta la ejecución de bebés, alegando que la campaña militar podría tratarse sencillamente de un “crimen contra la humanidad”.

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