Madrid: Ya murieron 5.954 personas adultas mayores por Covid 19 en las residencias

Se conoció hace una semana una lista de 30 residencias con mayor número de fallecidos por covid-19 confirmado o con síntomas compatibles con la enfermedad (no confirmados por la falta de test) en la Comunidad de Madrid entre el 8 de marzo y el 7 de julio.

La información es oficial y puede encontrarse en noticias publicadas en varios medios de comunicación. Las denuncias fueron masivas. Por prensa escrita y audiovisual, por reclamos desde las redes sociales, por demandas interpuestas ante la justicia… Y lo más conmovedor, por la propia vivencia de familiares y personas allegadas a las víctimas que atravesaron la traumática experiencia de sufrir esa pérdida en condiciones inhumanas, con un trato discriminatorio y degradante, no propio de países que tendrían la obligación de defender la salud de sus habitantes en condiciones dignas y de forma eficaz y oportuna.

Habiendo pasado ese horror, luego de un «descanso» en la pandemia de menos de 60 días, los casos vuelven a presentarse con un aumento constante y constatamos lo que venimos denunciando: No está preparada la Sanidad Pública para hacer frente a la emergencia. Irregularidades, todas. Imprevisión, total. Negligencia absoluta.

Y es en este punto donde debemos mantenernos inflexibles y exigir sin dilaciones y sin aceptar excusas que se tomen las medidas necesarias para evitar un nuevo colapso sanitario, que tuvo como principales víctimas a las personas adultas mayores de las residencias. Mucho se ha escrito, mucho se ha denunciado, con detalles hasta escabrosos propios de una película sobre el exterminio nazi o pura ciencia ficción. Pero no, no fue una fantasía, fue una pesadilla. Pero una pesadilla real, una pesadilla cotidiana para decenas de miles de afectados/as y sus familias.

Imágenes inenarrables, imborrables, solo audibles entre sollozos, con una angustia sorda y un duelo muy difícil de elaborar.

La situación sanitaria de la comunidad de Madrid es calamitosa. Negligentemente calamitosa.

Hoy la Consejería de Sanidad madrileña notificó un brote de la covid-19 producido en una residencia de mayores situada en San Martín de la Vega, con 52 casos positivos, dos de los cuales han fallecido. Seis de las 52 personas que han dado positivo se encuentran hospitalizadas con cuadros de neumonía y deterioro por enfermedades previas. Y de los 52 casos positivos, 43 corresponden a residentes y nueve a profesionales de la residencia de personas mayores.

Un segundo brote en la comunidad de Madrid afecta al Hogar Don Orione, una institución socio-sanitaria de Pozuelo de Alarcón, con nueve casos positivos y otras nueve personas en seguimiento. Por ello, este establecimiento ha reforzado las medidas de seguridad, con el aislamiento del ala afectada, y la limitación de las visitas familiares.

Autoridades de la residencia de mayores de San Martín de la Vega, han pedido algo casi inexistente en la comunidad: que se asignen rastreadores. ¿Rastreadores? Simplemente leed este titular del diario ABC, (medio afín a quienes gobiernan Madrid) y podéis comenzar a alarmaros: «Madrid duplica los positivos por Covid en una semana hasta los 5.000 y busca rastreadores«. ¿Ahora busca rastreadores? Si desde los colectivos y sindicatos de personal sanitario se venía alertando que la intención de contratar la irrisoria cantidad de 400 rastreadores y rastreadoras era un disparate (¿Lo hicieron finalmente?) para una Comunidad de más de 6 millones y medio de habitantes que, de acuerdo a esa población, necesitaría aproximadamente 1.500 asistentes para realizar ese trabajo en forma eficiente.

Eso sin contar con la bochornosa intención de la Comunidad de Madrid que pretende cubrir con voluntarios/as universitarios/as ese déficit de rastreadores/as de Covid-19. Las autoridades sanitarias deben contratar personal de manera inmediata y jerarquizar esa función específica, una de las herramientas indispensables (no la única) a la hora de controlar los rebrotes.

Por otro lado, desde varios hospitales de la Comunidad de Madrid y el sindicato de Enfermería aseguran que no están pudiendo cubrir al personal sanitario que se ha ido de vacaciones en verano. “Hay que tener en cuenta que el personal de enfermería que se contrató durante la crisis del coronavirus era mayoritariamente de fuera de la capital y la Comunidad de Madrid no les ha renovado el contrato”, afirman desde el sindicato.

Claramente, no se está pudiendo sustituir al personal porque la Comunidad no ha renovado a la mayoría de los sanitarios que contrató temporalmente durante la pandemia.

Los hospitales de los diferentes puntos de la geografía madrileña están buscando contratar a estudiantes de medicina recién graduados, pero en muchas ocasiones se están viendo con el problema de que muchos están firmando contratos con hospitales de otras comunidades. También existe el problema de que hay casi un millón de pacientes esperando a ser atendidos/as, algunos con patologías graves y cuya salud se está deteriorando con el paso de los días, por lo que la situación es extrema: sin apenas personal y con reducción de camas en pleno verano.

¿No es esto un preanuncio de colapso frente a la suma de rebrotes de los últimos días? 

La situación de las personas adultas mayores está indisolublemente vinculada al estado del sistema sanitario. De eso depende la supervivencia de esas personas. Si tendrán un espacio en un hospital o deberán regresar en una ambulancia a la residencia para morir en soledad agónicamente.

El momento es hoy, no hay que esperar pasivamente a empezar a contar a nuestros familiares o amigas/os fallecidos sin poder despedirnos, sin saber que ha sido de ellos.

El momento es hoy, basta de callar. ¿No hemos tenido bastante? ¿Aquí no ha pasado nada? ¿No hay decenas de miles de personas que han perdido un familiar que se encontraba en una residencia de mayores? ¿Pueden las autoridades sanitarias de la Comunidad de Madrid seguir actuando de esta manera?

Muchas preguntas, pocas respuestas. Desde aquí solo podemos denunciar, alertar acerca de lo inminente. ¿De vuestro lado? Por favor, no os calléis. Levantad la voz hasta que os escuchen.

Diana Cordero – Redacción Web

Fuente

 

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