Iván Cepeda anda clamando, con razón, después de que se le haya excluido de manera descarada de las primarias interpartidistas de la izquierda colombiana. El Consejo Nacional Electoral (CNE) ha dejado al senador y dirigente del Pacto Histórico fuera de la consulta que se celebrará el 8 de marzo.
En nombre de un “aséptico reglamento”, se decide desde arriba quién puede disputar el liderazgo de la izquierda y quién debe quedarse mirando. El resultado, por supuesto, tampoco es casualidad.
Por supuesto, defendemos la libertad de Cepeda para presentarse a esas primarias. Sin embargo, no deja de ser justicia poética lo que le está pasando. Y es que hace solo unas semanas Cepeda estuvo en Madrid. Y allí quiso presentarse con un salvoconducto «democrático» nada casual, con el cual enfatizó repetidamente que «Colombia no era Venezuela» y que allí había “unas instituciones democráticas» que funcionaban a la perfección.
Ese énfasis constante en la respetabilidad “democrática”, necesario para que le dejaran aparecer sin tridente ni cuernos en los “medios libres”, se estrella ahora contra una realidad: bajo el capitalismo, la “democracia” dura lo que dure la obediencia. Ahora Cepeda vocifera que el CNE debe ser eliminado. Y tiene razón. Pero ¿no diría que eso es “antidemocrático” si lo propusiera el chavismo en Venezuela?
Estos bandazos son naturales, teniendo en cuenta quién fue su mentor. Petro lo ha demostrado alternando discursos incendiarios con gestos de vasallaje (estos segundos tras ver a la U. S. Navy posicionarse frente a las costas venezolanas). Ahora lo vemos compadreando con Trump y presumiendo de un autógrafo del tirano naranja, a lo Milei. Viendo lo de Cepeda, ¿de qué le ha servido al Pacto Histórico presentarse como “moderado”, “institucional”, “democrático” y traicionar a Venezuela? En otra época, hubo quien traicionó a Viriato para luego encontrarse sin pago de Roma.
Cuando la izquierda se obsesiona con parecer “presentable” ante las embajadas occidentales, los editoriales de la “prensa libre” y las cancillerías yanquis, acaban pasando estas cosas. No existe una «democracia» neutral por encima de las clases sociales. ¿»Democracia»? En Colombia mandan ellos, mientras que en Venezuela y Cuba mandamos nosotros. La democracia popular no busca el visto bueno del amo imperial. Por eso es la única democracia que podemos escribir sin comillas.
