Los herederos del bombardeo de Gernika, los fascistas de hoy

A ciertas personas confrontar con el fascismo a pie de calle les resulta una tarea poco agradable. También aunque sea verlo desde el salón de su casa o con una calculadora haciendo de pitoniso de sus ídolos electorales. Luego vienen las excusas de que “es lo que ellos quieren”, “es la foto que buscan”,“es caer en sus provocaciones”. Pero lo cierto es que sin esa confrontación la introducción y normalización del fascismo se ha abierto paso por toda Europa y las consecuencias están a la vista. Y esos que se rascaban la barriga o aspiraban a algún butacón, ante la ausencia de confrontación, venden ahora libros sobre el ascenso del fascismo o dan charlas catedráticas sobre la crisis capitalista y lo mal que está la izquierda para hacerla frente. Y sin despeinarse, que hay que salir con pose en las fotos de perfil de las redes sociales para vender más libros y para dar más charlas.

El fascista Ynestrillas (pionero de la “izquierda tricornio”) fue también uno de los pioneros modernos en eso de ir en autobús a Euskal Herria a hacer el paripé escoltado por la ertzaintza. Ninguna organización revolucionaria vasca tuvo tantas facilidades y protección para realizar actos. Al contrario, los mismos que le protegían eran los que luego prohibían manifestaciones o las reventaban con mil y una cargas, y después encima se quejaban del que se defendiera. Sin embargo, ante el fascismo y sus proclamas siempre se ha hecho la vista gorda institucional en Euskal Herria poniendo la alfombra roja para que el fascismo pueda campar a sus anchas por nuestras calles impunemente.

Existe un hecho diferencial vasco en relación a casi toda Europa. Euskal Herria es una de las pocas zonas de Europa donde los perros de presa del capital que abiertamente actúan y defienden el fascismo solo pueden ir en uniforme porque socialmente son repudiados en extremo. Esto no ha venido caído de un guindo sino porque las bases fascistas de calle fueron barridas tras una dura lucha en los 70/80 y mantenida la alerta en las décadas posteriores. De ahí que los grupos fascistas, que “haberlos haylos”, estén ultraclandestinizados y no tengan apenas ninguna capacidad operativa para desplegar lo que en otros lugares se llaman “las cacerías” y actuaciones similares de castigo contra la clase obrera y sus sectores más vulnerables que son el apoyo del capitalismo y sus represión para llegar a lugares donde no pueden ejercer influencia directa. Esta presión fascista de calle es una tónica bastante generalizada en muchos lugares que se apoya en el discurso contra el inmigrante, contra diversas opciones sexuales, mediante la criminalización de las consecuencias de la pobreza o mediante el fascismo pseudo-patriota de estado. Muchos señores que se escandalizan del enfrentamiento contra el fascismo deberían agradecer que quizás sus hijos no han sido apuñalados en las costillas, su hija que besaba a otra chica no haya sido golpeada y apaleada, o su amigo que lo perdió todo no haya sido marcado en la cara con una navaja cuando dormía en un cajero gracias a la vigilancia antifascista. Acciones que en otros lugares se cuentan por millares, donde incluso existe miedo de sufrir una agresión fascista por andar por determinadas calles o barrios. No existe una sola calle controlada por el fascismo de a pie en Euskal Herria salvo que haya un centro policial o militar. Existen agresiones fascistas, siendo la mayoría provenientes de órganos del estado, pero esas siempre serán insuficientes sin el despliegue del “fascismo social”, por eso esa batalla no debe perderse jamás y no hay que ceder ni un palmo de calle.

Siempre ha existido la opción de intentar “usar” Euskal Herria para ganar réditos políticos, pero ese rédito político solo se consigue en una sociedad lobotomizada, por lo que el objetivo no será lobotomizarse y que no exista el antifascismo para que así no saquen “rédito”, sino que exista una sociedad con un tejido social vivo, crítico, abierto como vacuna ante cualquier tipo de reacción, y que se levanten todo tipo de autodefensas, incluida la antifascista.

Cuando el capital se encuentra con “problemas” o en periodos de crisis, no tiene ningún empacho en echar mano del fascismo. Es una forma de ajuste que entre otros muchos factores busca neutralizar a la clase trabajadora e incluso ponerla a su servicio desviándola de sus objetivos y enemigos reales.

El fascismo en Euskal Herria es una herramienta de trabajo común para los estados y fue en lo que se basaron las décadas de dictadura franquista y ha sido el hilo conductor del régimen actual, hijo del fascismo. El fascismo sea como se exprese dependiendo de sus necesidades hoy y aquí en Euskal Herria es toda fuerza que secuestra la soberanía del pueblo trabajador vasco y la mantiene sometida a la burguesía. Su cara pasiva, todos los que viven de ello de una forma u otra, muy especialmente la burguesía local. Por lo que no solo es que vengan grupos de orientación ultraderechista a pasearse por nuestras calles, sino que el método fascista es tanto como cuando el nazifascismo bombardeó poblaciones vascas; como cuando en 1975 fusiló a militantes vascos; como cuando en 1981 asesinó por tortura en Madrid a un militante vasco, en 2014 el FMI paseándose por Bilbo, y lo mismo los fascistas rusos en 2018 o ahora grupos españolistas burgueses llenos de identitarismo falsario. En todos los casos, el pueblo se defendió como pudo. De la misma forma en que la categoría de lo universal, lo particular y lo singular nos sirve para comprender el fascismo, los neofascismos y otras formas de su brutalidad destinadas a liquidar el movimiento revolucionario y disciplinar a la clase trabajadora vasca dentro de dos estados y bajo el mando del capital también nos explica qué une la autodefensa vasca ante esas agresiones, y ante todas las presencias polifacéticas de ese fascismo en una nación donde la clase trabajadora vasca también está oprimida nacionalmente.

Lo que entendemos generalmente por fascismo nunca se ha ido . Siempre ha estado y está más o menos presente de algún modo, por lo que no necesita «volver» sino en todo caso hacerse notoriamente presente, salir abiertamente a la luz como fuerza política con mayor o menor apoyo social. Incluso en los momentos de más aparente «paz social» y supuesta «normalidad democrática», incluso entonces el fascismo en su acepción más amplia, zumba como una avispa para recordarnos que es la reserva de fuerza contrarrevolucionaria de masas. En contextos de crisis social larga y profunda, cuando el poder del capital puede estar en peligro, fracciones de la burguesía y sectores de su Estado reactivan o impulsan al fascismo, contando con la pasividad del reformismo que se niega a movilizar a la clase obrera y al pueblo trabajador. En la mayoría inmensa de los casos el triunfo del fascismo se ha producido después de derrotas del movimiento obrero y popular, aprovechando su desmoralización, sus dudas y divisiones. Y la socialdemocracia ha sido el valedor de ello, sea para agitar el fantasma o sea para doblegarse después y cobrarse su interés.

Hermann Göring en el juicio de Nuremberg llegó a decir que el apoyo de la aviación nazi tenía dos objetivos: impedir la expansión del comunismo y probar nuevas técnicas de guerra. También sabemos que atacando Gernika de esa manera el nacionalismo español atacaba uno de los símbolos abertzales más significativos de entonces y castigaba mediante el terror a la población civil que sustentaba ese proyecto. Más allá de las intenciones generales y de las teóricas y supuestas particulares de acotar la movilidad del ejército vasco, lo que no se habla tanto es de lo que se cocía en segundo plano.

Previamente y en el contexto del bombardeo de Gernika el PNV a espaldas de todos estaba negociando con el fascismo italiano una rendición de un conflicto al que había entrado a última hora y por los pelos en la Euskal Herria occidental mientras se situaba con el fascismo en Nafarroa Garaia.. De hecho, la aviación italiana que también participó en el bombardeo tenía ordenes expresas de bombardear solo una carretera y un puente al este de Gernika y por razones políticas que no constan en el informe y que se desconocen pero que se intuyen, no adentrarse en la propia Gernika. Y prácticamente eso hicieron, lanzaron 1800 kilogramos de explosivos en la periferia y el daño causado en la propia Gernika fue limitado a solo varios edificios. En las siguientes oleadas llegó la aviación nazi y el resto es historia. Sin ninguna lógica militar más que el terror, arrasar con todo y con todos.

El bombardeo de Gernika consiguió sus objetivos. La táctica de ataque a población civil iniciada en Durango y extendida a más localidades aumentando el nivel de violencia descarnada logró que la moral del ejército vasco y la población quedara resquebrajada. Todo ello mientras el PNV no pensaba en la guerra y en ofrecer resistencia, sino en rendirse. El efecto de la conjunción de esos factores junto a los problemas en el frente dio como resultado un contexto, probablemente para el PNV dado como óptimo para llevar finalmente a cabo el acuerdo de Santoña pocos meses más tarde.

Lo cual a veces me lleva a pensar si parte de la ejecutiva del PNV sabía de antemano que el bombardeo de Gernika se iba a producir debido a los tratos que ya mantenía con el fascismo italiano y no alertando de ello a la resistencia antifascista ni a la población.

Del PNV en la posguerra no se supo nada más. Mientras, los batallones de gudaris que no se rindieron como ANV, continuaban la lucha en otros frentes. Con el tiempo se perdió todo. Todo menos la dependencia del PNV al estado español. Ya no existía ningún lazo ni posible razón en la posguerra para mantener tal dependencia. No había nada que impidiera la declaración de independencia aunque fuera pre-constituyente y desde el exilio, en espera del levantamiento frente a la dictadura. Pero no, Aguirre y el PNV no hicieron nada. Salvo una cosa: expulsar a los representantes comunistas del gobierno (?) vasco (1948) porqué así había sido pedido por el PSOE. Y montar una red de espionaje controlada por la inteligencia estadounidense que al mismo tiempo veía con buenos ojos el “faro anticomunista de occidente” que representaba el régimen fascista español (que posteriormente reformaría también bajo su iniciativa dando paso a su criatura del 78). La actitud del primer lehendakari, de su gobierno y de su partido fue mantenerse fielmente unido a la España inseparable, y haber dejado la industria intacta para que la burguesía siguiera manteniendo el poder bajo el franquismo fascista. La infraestructura y fábricas que el PNV no quiso inutilizar y por tanto dejó intactas en manos del franquismo, hoy en día están en manos de una burguesía muy conocida.

¿Qué ha cambiado en estos 80 años? En lo fundamental la única diferencia es que ya no necesitan bombardear Gernika. Ya lo hicieron una vez y se impusieron, hasta hoy. Siendo fracciones de la burguesía vasca y española la que más ha ganado con todo esto. Estamos cómo para hacernos los distraídos ante el PSOE o el PNV y su relación evidente con todo el tinglado. Pues no es el trifachito el que gestiona hoy la miseria y la opresión, lo ha hecho PP, UPN , PNV o PSOE por décadas. Y lo seguirán haciendo o igual otros, o con la ayuda de otros. Y lo seguirán haciendo hasta que la clase trabajadora vasca se auto-organice y termine con el paripé.

 

(Borroka garaia da!)

 

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