Los grandes granjeros de EE.UU no pueden recoger la cosecha, no hay emigrantes ilegales

Las imágenes de agricultores dejando pudrir los tomates en la planta, quemando cebollas que no pueden plantar o tirando leche que no pueden procesar se repiten. Y no es solo por el brusco desplome de la demanda por parte de restaurantes, hoteles y colegios. Incluso los que están dispuestos a donar los alimentos antes de echarlos a perder se enfrentan al reto de dar con la mano de obra cualificada.

La Produce Marketing Association calcula que se desperdiciaron ya frutas y verduras frescas por un valor de 5.000 millones de dólares. Es lo que le pasa a los dueños de RC Hatton Farms. Los repollos que cultivan para la cadena KFC se les marchitan sin que puedan hacer nada. Lo mismo pasa con los pepinillos que produce Long & Scott Farms o las lechugas romanas que se cultivan en Greenfield, California.

Y todo sucede en un momento vital para el campo. Daniel Costa, del Economic Policy Institute, recuerda que el empleo agrícola repunta en abril y llega a su máximo en julio. Pero este año los productores están nerviosos por las limitaciones introducidas a la concesión de visados H-2A, que permiten contratar a decenas de miles de inmigrantes para cubrir empleos temporales. El 90% proceden de México.

Las restricciones en la frontera con México y Canadá para contener la expansión de la pandemia provocan, a su vez, un descenso en las entradas ilegales. No son solo inmigrantes de origen latinoamericano, también lo intentan por esa vía rumanos, haitianos, jamaicanos y sudafricanos. El tránsito por la frontera con los dos países se limitó a lo esencial, lo que eleva el riesgo de ser detectado. El trabajo de los inmigrantes, legales o ilegales, es crucial en este periodo del año.

 

 

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