LIBANO. Las protestas sacuden el país al grito de «si la gente pasa hambre, comerá a sus gobernantes»

Más de 200 personas han resultado heridas de distinta gravedad este sábado en Beirut en choques entre fuerzas de seguridad y manifestantes, que convocaron protestas bajo el lema ‘sábado de rabia’ para exigir la formación de un nuevo Gobierno y otras medidas para paliar la crisis financiera.

Según la Cruz Roja libanesa, 80 personas fueron transferidas a hospitales cercanos mientras que otras 140 fueron atendidas por los equipos de la organización in situ, después de que estallara la violencia a las puertas del Parlamento en el centro de la capital libanesa.

Algunos de los manifestantes lanzaron piedras, bengalas y cócteles molotov, mientras que las efectivos de la Policía emplearon gases lacrimógenos, pelotas de goma y cañones de agua para dispersarlos.

El presidente libanés, el ex general Michel Aoun, ha llamado al Ejército a que restablezca la calma en la capital. Los enfrentamientos, de los más violentos desde que en octubre comenzase el movimiento de protesta popular contra una clase política acusada de corrupta e inoperante, se han producido sobre todo en las proximidades del edificio Banco Central y del parlamento en Beirut.

Las fuerzas del orden acusan a los manifestantes de atacar «de forma violenta y directa» a la policía que custodiaba una de las entradas del parlamento. Según la Cruz Roja libanesa, del centenar y medio de heridos, más de la mitad ha tenido que ser trasladada al hospital.

Ha habido también protestas en otros puntos de la ciudad donde los manifestantes marcharon en medio de cánticos contra la clase política y pancartas con lemas como «si la gente pasa hambre, comerá a sus gobernantes»

Inoperancia política y bancarrota económica, motivos de las protestas

Las protestas, en su mayoría pacíficas, cumplen ahora su cuarto mes. Estallaron el pasado octubre por todo el país y esta semana han vuelto a salir a las calles renovando las acusaciones de corrupción contra la élite gobernante, a la que culpan de haber conducido al país a la peor crisis económica en décadas.

La libra libanesa ha caído a su nivel más bajo después de perder la mitad de su valor y, en contrapartida, la demanda de dólares ha acentuado su escasez y ha derrumbado la confianza en el sistema bancario.

Las quejas por la corrupción política y el aumento del costo de la vida desembocaron en los disturbios que forzaron la renuncia del primer ministro Saad Hariri. Desde entonces, los que intentaron tomar su relevo no han conseguido ponerse de acuerdo sobre la formación de un nuevo gabinete político ni la elaboración de un plan de rescate económico.

Demandas sin respuesta

El movimiento de protesta reclama de forma insistente que se forme un gobierno y que este sea de tecnócratas y personalidades independientes, sin relación directa con la actual clase política.

El nuevo primer ministro, Hasan Diab, fue nombrado el pasado 19 de noviembre sobre un fondo de divergencias y disputas por los ministerios entre los mismos partidos que apoyaron su nombramiento.

Este fracaso, unido al creciente deterioro económico, ha vuelto a encender las protestas después de semanas de calma por las fiestas navideñas.

Pronósticos pesimistas

En noviembre pasado el Banco Mundial advirtió que la tasa de pobreza en Líbano podría pasar del tercio actual al 50% de la población. Un pronóstico que se complementa con una deuda de casi el 150% del PIB.

A principios de semana, Beirut ha sido escenario de actos vandálicos nocturnos, sobre todo contra los bancosa los que consideran cómplices de los políticos y, por lo tanto, corresponsables de la crisis económica.

 

rtve

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