La puja de la Justicia europea con la alemana pone al borde del abismo a la propia UE

Esta semana ha sido esclarecedora del estado real del negocio de los mercaderes, de la lucha de intereses en el seno de la UE. Los propios jerifaltes de la institución enseñan una preocupación máxima ante el estado de las cosas. El motivo, esta vez, son las «ayudas», préstamos, en forma de liquidez, o de bonos que los países del sur (con Italia y España a la cabeza) han pedido al BCE. Los países más afectados por el Covid-19 querían en un principio mutualizar el préstamo, esto es, que la UE pusiera sobre a mesa una cantidad millonaria de dinero para que, de acuerdo a lo que necesitara cada cual, se usara y que la cuenta final se pagara entre todos, que para eso es una institución «solidaria».

El martes, el Tribunal Constitucional alemán dijo basta y dio un ultimátum al BCE, al pedirle que justifique en un plazo de tres meses las compras de deuda pública que realiza desde 2015, por considerar que tienen efectos nocivos en sectores de la economía. Es decir, Alemania, no acepta que su economía y finanzas se hagan cargo. El Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) se enfrentó al TC alemán recordándole que ellos mandan más, pero los alemanes dejaron claro que dentro de Alemania ellos hacen y deshacen. Un choque de trenes en toda regla que trae el presagio de horas muy tensas donde ya se habla con total claridad de dos europas y del destino poco halagüeño del euro. Como no podía ser de otro modo, las contradicciones del capitalismo afloran, y de qué manera, ante la perspectiva de la necesidad de que algunos países como España de tener que recurrir a préstamos millonarios para afrontar un futuro aterrador.

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