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LA JARDINERA DE LAS 13 ROSAS. Tu país, tu negocio

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LA JARDINERA DE LAS 13 ROSAS. Tu país, tu negocio

Me siento tan conmocionada como todos por la invasión de EEUU a Venezuela, pero,
honestamente, carezco de conocimiento para escribir algo que en estas dos semanas no
haya sido ya escrito.
Una cosa es innegable: la invasión de Venezuela se ha dado por sentada con una
normalidad exasperante. No puedo por más que preguntarme por qué resulta tan normal.
Por qué la gente común de tantos sitios, a la que nombrábamos pueblo con la mayúscula
de la Revolución, ha sido en la práctica tan minúscula y decepcionante, por qué todo
sigue como si no hubiera pasado nada cuando el hemisferio de la información y el
conocimiento por la gracia de la democracia debería haberse detenido y negarse a seguir
viviendo ante el horror que él mismo suscita.

Hace años escuché a un ponente hablar de la diferencia entre liberalismo y
neoliberalismo. Durante tiempo, creí en esa diferencia como algo real, no obstante, hoy,
no le veo tanta coherencia. No hay duda de la existencia de diferencias en los estadios
evolutivos de un mismo sistema, pero todos son parte del mismo: el Capital, que ,
mientras se acumulaba, fue modelando las mentalidades, las conciencias.

Las mentalidades humanas son resultado de los sistemas de producción donde se
desarrollan, no existen apenas diferencias entre liberalismo y neoliberalismo aparte de
las impresas por el paso del tiempo en un proceso sin solución de continuidad. La
presunta diferencia no era sino un cambio entre el llamado Estado de Bienestar y el
Estado actual, donde campa a sus anchas una burguesía liberal sin cortapisas en una
carrera sin obstáculos hacia la ley no ya del más listo, sino del más fuerte. Si eres listo
comprarás la fuerza para exprimir a los tontos, para robarles en su cara. Acumula,
miente, amenaza, engaña. Los tontos nos negamos a darte el beneplácito de quedar bien
contigo mismo, el “porque puede” no es una razón que exima a nadie de respetar leyes,
todos podemos muchas cosas que no hacemos, no queremos que la fuerza nos
acompañe, antes la razón, la verdad, la honradez, la valentía.

A la caída del Telón de Acero, se aceleró la mercantilización de todo cuanto existe,
mercantilización controlada por la democracia. Si es por tu negocio, naciones, pueblos,
van a aplaudirte, porque el negocio es el negocio: tu país, tu negocio. Ya no sirve la
fórmula territorial del Estado Nación, no importa la soberanía de los pueblos. Hay
países negocio y países que sirven a tu negocio país y el resto, como en el siglo XIX, no
son considerados países. Europa debe de quedar en la categoría de franquicia, pagando
una suma inmensa por lucir en su escaparate de continente de recreo el nombre del
propietario de la marca de tu empresa: EEUU.

Una de las cosas màs apasionantes del liberalismo es su relación con la mentira.
Como criatura capacitada para el lenguaje, el ser humano desarrolla en mayor medida la
imaginación y, con ello, la capacidad de mentir. Eso no te convierte en un mentiroso por
naturaleza y tampoco equipara la naturaleza de las mentiras. No es lo mismo un poeta
que Donald Trump.

Recuerdo el cuento del Nuevo Traje del Emperador. Al final del cuento, una niña dice lo
que todos piensan pero no se atreven a decir al emperador, que, engañado, desfila ante
el pueblo sin ropa: el Emperador va desnudo.

Nuestro emperador es todo lo contrario: sabe que va desnudo, sus esbirros y sirvientes
saben que va desnudo, se pavonea mostrando su repugnante cuerpo faltando el respeto a
toda sensibilidad y exige a quienes no le reconocen su poder aceptar las mentiras que
todos ellos corean al unísono de su amo para reírse de los tontos, de los perdedores, de
quienes seguimos reconociendo la soberanía de los pueblos.

Regresamos por la fuerza del emperador a la época de los imperios decimonónicos;
¿cuánto tarda la humanidad en ver ese fin de la Historia que nos quieren meter en el
cerebro como lo que es, un liberalismo sin final que no permite avanzar hacia ningún
otro cambio de sociedad?

Su fin de la Historia es un pretendido fin de la Revolución, porque toda revolución
acaba con la sociedad anterior. La burguesía lo tiene claro: después de la Revolución
Francesa, ninguna otra. Solo que no han conseguido ni conseguirán que su sueño
dorado, la historia de la humanidad y del planeta entero termina en el interés burgués de
comerciantes ladrones sin escrúpulos, se haga realidad.

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