He crecido pensando que Europa era antifascista. Europa se presentaba a sí misma en la cultura
popular como victoriosa en la lucha contra un mal extraño a ella, cayendo incluso en la
desvergüenza de intentar pasar de tal modo a la Historia en los libros de texto, según los cuales, los
defensores de la libertad, la justicia y la humanidad enfrentaban a los depravados nazis y a los
fascistas a quienes arrebatarían nuestro destino en heroicas luchas junto a los rectos, simpáticos
hermanos del otro lado del Atlántico: EEUU. Apenas una palabra ineludible sobre los aliados
inconvenientes: URRS, China, Tito.
Europa se liberó de un fascismo que le estorbaba en su propio desarrollo mientras mantenía el
fascismo colonial. Los nativos lucharon del lado de sus colonos por obligación o por evitar caer en
manos de colonos más crueles, algunos con la esperanza de la liberación, pero Europa, en su
estructura más íntima, no dejaba de ser fascista.
Incapaz de reconocerse en un individualismo difícil de conjugar con lo mejor del ser humano a la
hora de generar fenómenos de masas, continuando la construcción de la otredad desde las religiones
del pasado reciente a los rasgos de una supuesta identidad nacional y ¿qué es la identidad nacional?
Otra invención humana sobre la que si piensas mucho pierde el sentido.
Estados-nación coloniales racistas se afianzaron en el siglo XIX con la puesta territorial de la
burguesía, liberándose de sus imperios continentales a la par de convertirse en naciones imperiales
en el resto de continentes, desdeñando cualquier otro sentido del territorio.
La maldición del nacionalismo, de la religión, de la etnia, de cuanto nos servimos para crearnos no a
nosotros mismos, sino para crearles a ellos, a los otros.
Europa, fascista, instalaba presidios coloniales, campos de trabajo destinados a la utilización de sus
presos en la construcción de obras públicas; mano de obra a bajo coste, su muerte carecía de
importancia, vendrían más presos, siempre hay otros a los que utilizar.
España construyó campos de trabajo en el norte de África donde enviaba a los condenados a prisión
perpetua y a reclusión perpetua, eran cosas distintas, ya en la primera mitad del siglo XIX. El de
Ceuta fue reutilizado por el Dictador con apoyo del fascismo europeo y posterior reconocimiento
de las democracias europeas, Franco, merecedor del título honorífico al gran constructor de campos
de concentración en territorio español, incluido el peninsular.
Francia levantó campos de refugiados donde hacinaba en condiciones deplorables a los exiliados
republicanos españoles, convertidos luego en campos de concentración bajo la ocupación alemana.
Lo mismo ocurrió con sus campos de internamiento edificados en sus colonias africanas, en Orán,
en Túnez, en Argel.
Alemania logró la mayor crueldad aplicada en lo que vendría a denominarse, desde entonces con la
impronta del nazismo, campos de concentración; se concentraba, seleccionaba, exterminaba la
mano de obra extraída de los otros.
Hoy, apenas doscientos años después, Europa retoma la costumbre de construir campos de
concentración en los territorios neocolonizados a golpe de pobreza a través de la incursión de la
bondad interesada tras haber practicado la maldad del asesinato a sus líderes políticos impidiendo el
desarrollo de los pueblos. Hoy nuestros dirigentes inauguran campos de concentración en
Mauritania, véase España y su gobierno socialdemócrata, preparados para internar madres y niños
culpables de pobreza, no vayan a venir a invadirnos con sus problemas aquellos a quienes
despojamos de todo.
Italia inaugura cárceles extrafronterizas en Albania sin esconderse en gobiernos progresistas,
abiertamente, desde el fascio.
Gran Bretaña mantiene en su institución delegada, Israel, el enorme campo de concentración de
Gaza al tiempo que la Francia actual se muestra al mundo con un rostro más apropiado a la Francia
de Vichy que a la Francia Libre, pidiendo a los franceses el sacrificio de sus hijos en pro del
mantenimiento de las guerras del fascismo. EEUU con la OTAN coordina toda esta orquesta de
odio.
Cuando los aliados se aliaron con EEUU, reforzaron el fascismo europeo. Restaurada la inoportuna
herida infringida por los nazis, Europa se hubiera lanzado junto al hijo creado en sus entrañas,
colonizador en Norteamérica, a reventar a los pobres generados por ella misma en un
neoliberalismo sin freno, sin embargo, se lo impidió la existencia de aquellos otros aliados con
quien nunca se hubiera querido aliar, los mismos a quienes hoy declara una guerra más templada
que fría contra sus propios intereses en un alarde de sumisión absoluta a su amo estadounidense.
Sí, Europa es tan fascista, lleva tanta crueldad dentro como para ser capaz de alardear en un acto de
sadomasoquismo de humillarse hasta comer las heces de un matón si se trata de un matón con
dinero, manteniendo así la esperanza de su élite de no quedarse fuera de los festines del amo, la de
sus votantes de ultraderecha de ser invitados por los ricos a contemplar cómo se revuelcan,
exhibiendo su necedad comtemplativa en un teléfono. Tan fascista como para llamar comunistas a
los nazis, como para intentarnos convencer ahora de las bondades del fascismo frente a su más
peligroso enemigo, el comunismo, al cual presenta cual si fuera su enemigo anterior, el nazismo, en
un burdo juego de confusión y engaño. ¿Cómo justificará ahora su naturaleza fascista en los libros
de texto? Quizás los estudiantes de pasado mañana lean algo así: el nazismo fue un surgimiento del
comunismo combatido por los aliados y vencido gracias a EEUU. Se dio la curiosa circunstancia de
la colaboración de la Unión Soviética, país, como todos los comunistas, nazi, luchando contra los
nazis alemanes; no os equivoquéis, todos eran comunistas porque el nazismo y el comunismo son lo
mismo, no obstante, la ultraderecha puede ser fascista sin ser nazi.
Europa inventó los campos de concentración con la finalidad de darles uso y se lo sigue dando.
¿Qué parte de la vida de sus actuales prisioneros será utilizada ahora? Estamos a tiempo de negar el
tiempo a los fascistas de volver a asombrarnos del retorcimiento de la mente humana resolviendo
esta pregunta.
