EDITORIAL. La derecha nacionalista vasca (PNV) y española (PP) ruega muy nerviosa que la gente vote el domingo en el País Vasco y Galicia

¿Por qué tan preocupados en que la gente vaya a las urnas?¿No teníamos claro que lo que es bueno para la burguesía no lo es para la clase trabajadora?

El líder del PP, Pablo Casado, acaba de pedir de un modo desesperado a los gallegos que vayan a votar este domingo 12 porque dice que es “totalmente seguro” y se cumplirán las medidas sanitarias y de distanciamiento social. Ante la realidad de los rebrotes por coronavirus en el norte de Lugo, dijo que están “perfectamente localizados”, argumentando que es “tan seguro” ir a un colegio electoral diez minutos el 12 de julio como “ir a una farmacia o a una tienda a hacer un recado” (Feijóo había dicho hace unas horas que es como ir a un bar). El líder del PNV, Urkullu, por su parte, hace lo propio en el País Vasco y tiembla ante la posibilidad de que el brote de Coronavid en Ordizia crezca y se extienda. Una abstención masiva puede alterar los pronósticos halagüeños que las encuestas les vienen dando a ambos.

El interés de las dos derechas es el mismo, seguir en el gobierno regional avalados por los votos. Desde sus respectivos ejecutivos han sembrado el continuismo y no puede venir ningún virus a estropearles los planes. En ese contexto, la socialdemocracia (siempre con la presencia del PSOE en el equipo, sino no hay partido) busca el «quítate tú para ponerme yo», tal y como le han enseñado desde el sistema. Solo una abstención enorme parece que puede mover el tablero de la legitimidad. Las derechas, y no solo, rezan para que se llegue al domingo sin tener que cerrar pueblos y urnas. Les va en ello su razón de ser y la forma de control social. Están preocupados y no precisamente por defender al pueblo.

 

 

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