La cooptación política

La guerra, la represión y la violencia en general que utiliza el capitalismo y sus estados, o al menos una gran parte de su cara más brutal, son elementos que se pueden visibilizar directamente porque son bastante palpables, aunque existan determinadas violencias que se intenten silenciar u ocultar, algunas no menos brutales. Sin embargo, eso solo sería una parte del ejercicio del monopolio de la violencia que se arrogan los estados. Con el mero uso de la violencia no tienen asegurados sus intereses aunque sea una parte insustituible para ello. La otra cara es el “colaboracionismo” y especialmente en su apartado de cooptación política, que ha producido más procesos de derrota en la clase trabajadora y en los movimientos revolucionarios, de liberación nacional y anti-sistema que todas las guerras y represiones juntas. Ya que la represión por muy fuerte que sea, incluso en muchas ocasiones la guerra abierta , son del todo inútiles cuando van en contra del sentido del desarrollo histórico, y el sentido de ese desarrollo, lo pueden vehiculizar las fuerzas revolucionarias. De ahí que se hayan ganado guerras con menos fuerza militar o que en medio de la represión más atroz se hayan caído sistemas como un castillo de naipes. La clase más enérgica es la que acaba ganando la partida, aunque tenga menos medios.

Si vamos al diccionario, encontraremos unas parciales definiciones sobre cooptación entendida como la corporación que elige por si misma quien llenará las vacantes y sustituciones en su propio seno. Sin embargo, la cooptación política tiene otra acepción que sería la ejecución de diversas dinámicas e iniciativas para la captación del adversario solventando un estado de enfrentamiento entre el poder de una autoridad y su oposición. Es decir, hacer de tu enemigo un colaborador para tus propios fines. Ni que decir tiene, que todo tipo de organización sólida que se oponga en cualquier grado a un determinado poder es una amenaza que tiene que ser eliminada o neutralizada Para lo primero está la violencia de estado, para lo segundo la cooptación política. O una mezcla adecuada de los dos factores.

Sobre la represión y la violencia de estado se han escrito toneladas de documentos, no es el caso de la cooptación política, cuando este factor es de mayor importancia y explica mucho mejor que el entendimiento de la represión y sus mecanismos los desarrollos políticos.

Habría que distinguir varios tipos de colaboracionismos enlazados con la cooptación política. Los brutales, los deseados, y los de doble cara. Los primeros corren a cargo principalmente por las fuerzas policiales, los segundos por las burguesías y los terceros por la decadencia socialdemócrata.

La tortura sería uno de los brutales, a través de la violencia más descarnada se buscaría una colaboración en busca de una ganancia política sea en base por ejemplo a información.

El chantaje sería otra forma de búsqueda de colaboración. Por ejemplo, cuando las fuerzas policiales se hacen con un objetivo fácil, como un camello que se convertiría en colaborador e informante. Este tipo de chantajes es muy común, y se extiende a colaboraciones bajo amenaza, por dinero o por protección o encubrimiento ante algo, siendo la propia militancia política el objetivo más jugoso. Por descontado, deben ser denunciadas públicamente estas “ofertas” de colaboración desde el minuto uno.

El colaboracionismo deseado corresponde a las fracciones de la burguesía que tarde o temprano se alinean con el poder que aplasta a la clase trabajadora ya que depende de ello su propio estatus y posición. La oligarquía y el poder central o supranacional suele gestionar esta cooptación política para beneficio de la hegemonía del capital. Al mismo tiempo, esa burguesía intentará hacer lo propio con elementos retrasados de la clase trabajadora: “desertores del harado”, vendidos, ansiosos de ascenso social o con un ego desmedido. Encontrando en la aristocracia obrera y en los profesionales liberales y académicos el mayor de sus filones y caladeros.

Finalmente nos encontramos con el punto clave de la cooptación política en el que se levanta toda la cadena, el más diversificado, sibilino e intrincado. El que se produce al interior de la clase trabajadora y generalmente a manos de la socialdemócracia y el progresismo en su proceso degenerativo y seguidista del capital que engarza con el interés de las clases superiores anteriormente mencionadas: La amenaza a grupos vulnerables a cambio de lealtad política para canalizarla y neutralizarla, la concesión política en forma de migaja para ganar el silencio y el fin de la protesta, el cargo político o de cualquier otra índole para sacar de la ecuación de lucha a elementos del movimiento obrero o popular y arrastrar con ello a tal movimiento, la subvención, la tracción de movimientos sociales para que ellos repartan dádivas y no molesten a la administración, la creación de lideratos piramidales como forma de control social, regalar exposición mediática, los premios honoríficos y adulación a los y las rebeldes como resguardo, la delegación de derechos políticos (a la rebelión, votos o el no-protestar) a la autoridad cooptadora a cambio de bienes materiales o símbólicos, ascenso en la pirámide ególatra social a través del reconocimiento de méritos, la colocación de intelectuales a sueldo y dependientes de órganos gubernativos, la asignación de cargos como privilegio para postergar críticas, alejar de zonas de conflicto bajo la apariencia de otorgar una merecida retribución de cualquier tipo, la incorporación de rebeldes a labores de ejecución del plan del grupo social dominante haciendo postergar el cumplimiento de las obligaciones que debía realizar en su calidad de tal. Siendo esta la antesala de la corrupción. El dinero como intercambio político de militancia liberada que toma la forma de burocracia… y la lista se haría interminable.

Así terminan engullidos y asimilados, paso a paso, por la insaciable voracidad del sistema infinidad de movimientos, personas y procesos de lucha, que ante una situación hostil se van cooptando políticamente en muchas de las ocasiones centrifugados por el intitucionalismo burgués sin exigir sacrificio alguno al cooptado o a su grupo a quien solo se le reconocen méritos y ganancia de privilegios para determinados desempeños.

De ahí que solo una organización revolucionaria con autonomía de clase, con autosuficiencia y con procesos de inteligencia colectiva sin dependencia alguna ni personalismos puede estar en condiciones de marcar un desarrollo histórico que supere a procesos represivos y de cooptación política haciéndose insobornable. Algo con lo que el poder jamás puede transacionar.

 

(Borroka garaia da!)

 

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