Hemos leído con atención el posicionamiento de un sector de la socialdemocracia que suele dar opiniones en las redes sociales acerca del tema cubano. El momento es crucial e incluso el gobierno revolucionario ha hecho llamados a la emigración para que retorne y luche por la soberanía de la nación; no obstante, figuras de un empresariado exterior insisten en que esta es la hora de la claudicación y se atreven a calificar de numantismo la firmeza, para obviar una ciudad llamada Bayamo y el simbolismo de un hecho parecido, pero de una cubanidad que cristaliza con la resolución de conquistar el sueño de una Patria “con todos y para el bien todos”.
Recordemos que en 1991, cuando se produjo el desmerengamiento del socialismo europeo y el llamado “fin de la historia”, muchos, incluyendo socialdemócratas como Felipe González, agonizaban ante un Comandante que, lejos de plegarse, convocaba a su pueblo a la unidad hacia los sueños de aquellos que tras incendiar nuestra Numancia (Bayamo) gritaban “que morir por la patria es vivir” y que la patria por construir los contemplaría orgullosa.
Ahora, el empresario, vestido de patriota, viene a ofrecer prosperidad a la gente común y critica que defender la posición de Cuba nos condena a la austeridad y la estrechez. Pero los que así opinan se colocan en una situación deshonesta y merecen que se le desmonte desde la racionalidad más sana y pura.
Nadie duda que el posicionamiento de los mencionados adalides de la libre empresa es clasista. Cuando se habla de prosperidad no se aborda la necesaria, vital y honrada prosperidad del trabajador, del que produce; sino de la que “merece” el capitalista. Es importante que el punto de vista clasista no se descarte entre las variables de los análisis que están por llegar. En lugar de abundante riqueza material, la del fetichismo mercantil, el mundo lo que necesita es humanidad, justicia y la utilidad de la virtud.
Como de costumbre, los posicionamientos del centrismo vienen disfrazados de «sentido común» y presentan sus tesis como «despegadas de ideología» o «despolitizadas». ¿Qué es y ha sido siempre la prosperidad exclusiva del capital? La expoliación del obrero, la negación de los derechos del hombre y la edificación de un orden injusto en el cual se excluye el beneficio de la mayoría y la virtud.
Un mundo regido por los principios de esta posición pretendidamente centrista es totalmente liberal, excluyente del Estado y las instituciones del pueblo, pero no del gobierno burgués, a cuyo fascismo acuden cuando sus intereses y ambiciones peligran. El empresariado es el alfa y el omega del orden social y, por tanto, la razón predeterminada desde los poderes reales constituidos. La economía socialista, la producción colectiva, como la entienden los centristas, debe ser desmontada y el Estado debe despojarse de toda pretensión de igualdad o de construcción de un destino común, para ir hacia fórmulas fundadas en los falsos contrapesos de poder (en realidad, fuerzas regidas por la política imperialista).
La Revolución no se hizo para entregarse ni para privatizar las conquistas, no se hizo para privilegiar a la minoría o para renunciar al contenido humanista de Martí, ni para que lo conquistado con la sangre de todos regrese a las manos de pocos.
Es importante que entendamos de una vez que la agenda enemiga es una sola, que opera de dos maneras. Una es frontal, intervencionista, usa las armas, los aparatos de inteligencia, la intervención militar y los métodos de coerción. La otra, nos propone el pactismo liberal, que consiste en la renuncia a la existencia estructural de un sistema alterno o contrario al capital. No existe una facción fascista y una socialdemócrata, sino que —como a inicios del siglo XX en Europa— el liberalismo y el fascismo son dos caras de una misma moneda. Es la burguesía asustada ante el ascenso de los revolucionarios, que siente que debe suspender las garantías y gobernar por el terror hasta tanto las reglas del juego la vuelvan a favorecer.
Justo lo que se está viendo con el gobierno de Trump: negociar a partir de colocar las condiciones de asfixia en su peor punto. La historia no perdona y los posicionamientos que no tienen en cuenta la cuestión del movimiento de lo real y de las variables fundamentales caen en pactismos que poseen consecuencias terribles a mediano y largo plazo.
Los Cancios van a defender sus intereses económicos y tratarán de llevar la brasa a su candelero, pero toca a los intelectuales y los analistas de nuestro campo revolucionario realizar las alertas que sean necesarias y perentorias.
Estamos seguros de que este tema dará para otras aproximaciones críticas y que podremos compartir debates desde el respeto, la profundidad, la hondura política, sin que por ello renunciemos a sostener las verdades que nos definen.
Seguimos.
(De su perfil de Facebook)
