JULIO ANGUITA. Las Españas ensimismadas

El ensimismamiento es un desentendimiento del mundo exterior y de lo que en él acontece. En este sentido, las Españas que coexisten, se ignoran o simplemente se descalifican con bélica actitud, están ensimismadas y totalmente despreocupadas del futuro de la España resultante de todas ellas.

El Gobierno y con él el discurso oficial, sin proyecto para el porvenir más cercano, se limitan a ir tirando, parcheando mal aquí y allá con la pobre esperanza de que cuando se toque fondo sean otros los que afronten la tragedia. Cercados por su propia e inacabable corrupción y carentes de iniciativa, se limitan a elevar a categoría de talla política el dontancredismo de Mariano Rajoy.

Pero la variopinta oposición no sale tampoco de su total ensimismamiento. Para ella, el horizonte casi único es el electoral más inmediato. Pactos, frentes, plataformas y posibles ententes solamente parecen cobrar visos de corporeidad cuando el insinuado y difuso objetivo es desalojar al inquilino que habita en el Palacio de la Moncloa. ¿Para qué? ¿Con qué objeto? ¿Al servicio de qué programa electoral, siquiera mínimo?

Independentistas catalanes y nacionalistas españoles se ensimisman en la autoafirmación permanente. Para unos, el palo y además sin zanahoria, es el único camino; para otros, una de las dos mitades de Cataluña es la que únicamente cuenta. La otra, no interesa.

Magistrados, periodistas e intelectuales orgánicos del estatus se limitan, en su absoluto ensimismamiento, a recitar y enumerar, cual cuentas de un rosario, los mantras, lugares comunes, frases y palabras, hoy totalmente vacías de contenido práctico y útil para la mayoría de la sociedad española: Constitución, Estado de Derecho, Democracia, Derechos Humanos, Monarquía, etc.

El español medio, instalado en el desencanto con respecto a los encantadores que él mismo aupó con sus votos, prefiere generalizar, refugiarse en el chiste fácil o en las ocurrencias ingeniosas que, a modo de metadona, el Twitter, el Facebook o la Red nos obsequian profusamente durante todos los días. Sin olvidar tampoco y desde la comprensión, el desentendimiento de ese elevado porcentaje de la población de este país para quien cada nueva jornada es una titánica tarea de supervivencia y, obviamente pasa de todo lo demás.

Solamente un proyecto de futuro, concreto, sin la anestesia del lenguaje edulcorado y sobre bases éticas y sociales indubitables puede galvanizar a este enfermo ensimismado.

eleconomista

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Un comentario

  1. dianaSUBVERSIVA

    Desde los Informes del Club de Roma sobre Los límites del crecimiento o los Informes de la Comisión Trilateral de 1975 sobre la ingobernabilidad de las democracias no se ha hecho otra cosa que perder el tiempo. Y, por supuesto, se han cumplido los peores pronósticos.

    El Reino Francobourbónico se ha encerrado en sí mismo, se ha enroscado en los límites más castizos del provincianismo más cateto: cada aldea peninsular trata de venderse al mercado multinazional con los mitos de la identidad como singular y única.

    Ni España existe como proyecto colectivo ni se plantean los problemas reales que nos podrían poner a la altura de los tiempos.

    Si no llueve, la sequía es un grave problema que no se resuelve con luchas intestinales de carísimo electoralismo bancario (con créditos hipotecarios que anulan cualquier proyecto de futuro a corto, mediano y largo plazo). De todos es conocido el panorama tan irracional de embalses que después de quince años de su puesta en funcionamiento no prestan servicios de agua para las tareas agrarias en zonas agrícolas de primera magnitud económica…

    Si llueve, entonces se desencadena el caos en todos los ámbitos: no hay el más mínimo respeto al medio ambiente, no se respetan los mínimos conocimientos de precaución que nos enseña la ecología más mínima y elemental, más del 80% de las construcciones urbanísticas del Litoral mediterráneo pueden morir por colapso hídrico en un abrir y cerrar de ojos: ¡lo estamos viendo con la caída de cuatro gotas ocasionadas por “la bestia del Este” (¡menudo nombrajo!: parece sacado del manual de estilo propagandístico anticomunista más visceral y fascista).

    Y este país se puede pasar varios milenios con batallitas feudales en torno a identidades medievales de reinos de Taifas: ¡qué hartazgo!

    El primer vuelo aeroespacial para Marte será una buena oportunidad para cogerlo y dejarse de tanta bobería españolista, catalanista, vasquista o islamista andalusí…: quizá sea el mejor plan de futuro para este putrefacto y podrido reino Francobourbónico de los bribones corruPPtos…

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