JULIO ANGUITA. «Cuando las naderías más insignificantes entierran los dramas reales»

Con una mínima infraestructura: una mesa, tres cubiletes, uno o dos ganchos entre el público y una bolita prácticamente virtual, el artista trabaja con la materia prima de un público abducido, confiado e impulsado por la codicia de que conseguirá fácilmente duros a tres pesetas. Simple espectáculo, puro maya hinduista porque la bolita nunca ha estado allí sino entre los dedos del prestidigitador callejero.

Estamos ante una exhibición del arte de la trilería menor. Porque hay una trilería mayor a la que asistimos, en la que participamos y también en la que seguimos casi hipnotizados los ejercicios y simulaciones de la mayoría de las declaraciones y discursos políticos por no hablar de las editoriales, los informativos, las tertulias o las crónicas periodísticas. Y todo ello con el agravante de que muchos de los protagonistas políticos o de la información parecen no ser conscientes del juego que practican. Creen que están hablando o comentando sobre Política.

Desde hace mucho tiempo, y con contadas excepciones, el discurso político y su expresión mediática han ido abandonando la categoría para ubicarse en la anécdota. Pero ha sido en los dos últimos años cuando este proceso de trivialización ha alcanzado cotas más que preocupantes. Las naderías más insignificantes, las declaraciones más superficiales o las polémicas más cutres ocupan las primeras páginas y los titulares de los informativos.

Y temas no faltan para entrar seriamente en ellos: una Constitución que se incumple sistemáticamente, la pertenencia a una UE cada vez más alejada del llamado «ideal europeo» del siglo pasado, una deuda galopante, un paro estructural, una juventud sin futuro, un modelo económico subsidiario de la economía financiera, una Transición quemada y que no resolvió los grandes problemas endémicos de España… La bolita se esconde, se escamotea, se vela, se sustituye por un perenne ejercicio de trilería en el que timadores y engañados juegan a no enterarse…

eleconomista

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