JOSÉ ESTRADA CRUZ. Accidente IQOXE (Tarragona): el principal problema

La seguridad en cualquier industria y, sobre todo si se trata de una industria peligrosa, depende de los siguientes factores:

1ª- Derechos laborales que permitan a los trabajadores no ser obligados a trabajar en malas condiciones.

2ª- Plantilla de trabajadores ajustada a lo que sea preciso según las necesidades de las diferentes faenas que se han de ejecutar diariamente.

3ª- Suficiente remuneración para que en ningún caso los trabajadores se vean obligados a alargar la jornada con horas extras.

4ª- Jornada laboral ajustada a nuestro tiempo de desarrollo científico- técnico, distribuyendo el trabajo entre tod@s con el fin de evitar el desempleo, eludiendo el exceso de faena y el estrés; garantizando que las personas estén descansadas y lúcidas.

5ª- Imprescindible que los representantes sindicales (miembros de comités de empresa y delegados) sean honestos y conscientes de su condición de clase.

Después y por demás, se dan por supuestas las medidas de seguridad, los protocolos, las alarmas etc. que han de funcionar a la perfección.

Sin embargo, hemos podido comprobar, en este último accidente grave en Tarragona, que se enfatiza (principalmente y en primer lugar) en las medidas de seguridad, (protocolos, alarmas, etc.). Una campaña que pretende desviar la atención de lo que se señala al principio, que es realmente lo fundamental. Pues es falaz hablar de seguridad en la empresa, si los trabajadores carecen de derechos laborales para poderla exigir.

También ha de haber unos organismos administrativos dependientes del Ministerio de trabajo (inspecciones de trabajo) que tengan una plantilla holgada y con atribuciones, igualmente, para poder intervenir sin ningún tipo de cortapisas y pudiendo imponer sanciones económicas a las empresas que les duela y que no “les dé risa”, como ahora sucede, por multa de cantidades irrisorias y burlescas. Desde los años 80, los recortes que se han venido imponiendo en la Inspección de Trabajo (para que sus profesionales no puedan actuar con eficacia) han sido escandalosos. Las modificaciones impuestas para obstaculizar la actuación y la sanción, como lo hacían con anterioridad, fueron exigidas por la CEOE y concedidas por sus gobiernos cipayos, PSOE y PP. En tanto que CCOO y UGT, tragaban y lo permitían, mirando para otro lado.

Todo comienza a principios de los 80, cuando intensas campañas de la CEOE calan y fuerzan imponer modificaciones laborales a su favor.  Son campañas demagógicas sobre creación de empleo; siendo su objetivo  asegurar que sus empresas y negocios pudieran funcionar con “flexibilidad laboral”: contrataciones a la carta, facilidades para despedir con el mínimo costo, trasladar a los trabajadores de un lugar a otro (tanto en el centro de trabajo como territorialmente), contrataciones a la carta y a través de los mercaderes de las ETTs, legalización de las subcontratas, de  “autónomos”, etc. Al mismo tiempo, con el mismo cuento de la creación de puestos de trabajo (por medio de “mil” tretas), PP y PSOE les fueron rebajando, una y otra vez, las cotizaciones a la Seguridad Social, ahorrándoles costos, mientras se debilitaban las arcas públicas de las pensiones.

No sé si realmente alguien, desde la clase obrera, llegó a creerse que con estas argucias se podría generar empleo. Pues la lógica de todo esto era, que inmediatamente ocurriera todo lo contrario, como así a sucedido; al tener más derechos y poder los empresarios y, menos los trabajadores, estos se han visto presionados y obligados a trabajar en precario, con salarios inferiores, a hacer más horas extras (en parte sin cobrarlas) y por consecuencia a fomentar más paro obrero y a dar más beneficios a las empresas.

Lo lamentable es, que para que, toda esta tenebrosa maniobra anti-obrera haya podido ser; (tras de la burla de la Constitución del 78) se tuvo que corromper a comunistas destacados y a dirigentes sindicales. Estos permitieron y colaboraron en la anestesia y el engaño de nuevas generaciones de trabajadores y estudiantes; quienes generalmente, ignoran no ya sólo, la historia de   luchas obreras decimonónicas, sino también las de las dos últimas décadas del franquismo y, aún, hasta mediados de los 80.

22/1/2020

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