Hace años Cuba presta su ayuda internacionalista en la protección de dirigentes extranjeros.
Cubanos protegieron a Agostino Neto durante la guerra de Angola. Y muy bien que lo hicieron.
Cubanos protegieron a Salvador Allende. Los llamaban los GAP (Grupo de Amigos del Presidente). Y varios cayeron a su lado.
Y no es que esos dirigentes desconfiaran de los suyos. Sencillamente confiaban en la profesionalidad, el valor y el compromiso de los cubanos que los protegían. Hombres cubanos dispuestos a morir lejos de su tierra, pero con la dignidad bien alta.
Así siempre ha sido. Nuestros valerosos combatientes de la Seguridad Personal saben de qué lado está el deber. Y dispuestos están a dar la vida por ello.
Su ejemplo nos guía y nos hace sentir más compromiso.
A uno de esos compañeros una vez le preguntaron qué haría si a quien protegía moría. Su respuesta fue «nada». «¿Cómo que nada?» le indagaron. «No haría nada, pues en ese caso yo ya estaría muerto».
Honor y gloria nuestros hermanos que en Venezuela demostraron la sangre mambisa y rebelde que nos corre por las venas.
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