JON IBAIA. Zaldibar y el PNV

En el último escrito de posición política que publicamos, hablamos de las próximas elecciones en la Comunidad Autónoma Vasca, y cómo todo indicaba que el Partido Nacionalista Vasco (PNV) ganaría las elecciones incluso aumentando los votos, cumpliendo con ese proverbio de Giulio Andreotti de que “el poder desgasta, pero al que no lo tiene”. Y el PNV tiene en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) mucho poder y medios y disposición para que el ejercicio del mismo, no lo desgaste.

Esta reflexión viene al caso del desastre del vertedero de Zaldibar, sucedido justo cuando la maquinaria del PNV se había puesto en marcha para afrontar las elecciones y la forma en la que su entramado mediático-ideológico, ha reaccionado ante el mismo.

No, lamentablemente, Zaldibar no será “el Vietnam del PNV”, porque no hay Vietnam sin un proletariado organizado. Ni los dos trabajadores sepultados, ni los riesgos ambientales causados en Zaldibar y en los pueblos de sus alrededores, supondrán un riesgo para la victoria del PNV en las próximas elecciones, debido a su “gestión de daños”, muy probablemente sacrificando peones, asumiendo pérdidas electorales, pero focalizándolas en la zona, mientras “lo sembrado en estas largas décadas, y el tiempo post-Zaldibar, logre cicatrizar las heridas. Para el PNV, dos trabajadores más muertos en el tajo, es mera estadística asumible.

Ver al siempre “sensato”, tecnocrático y serio lehendakari Urkullu, con rostro adusto y tono desagradable, demuestra que el desastre de Zaldizar ha ocurrido en un mal momento. Dos meses en el futuro, con un PNV ya ganador de las elecciones y con toda una legislatura para tapar, mentir y gestionar, hubiera sido la situación ideal… pero resulta que han aparecido delante de sus batzokis bolsas de basura, en una operación definida de manera surrealista como “terrorista”, orquestada por un “ex-dirigente de ETA”. Pero “el poder desgasta, pero al que no lo tiene” y el PNV lo tiene… porque lo ha construido a conciencia. Una estructura de poder en la que un entramado empresarial ligado al poder institucionalizado de un partido esencialmente de derechas, pero con capacidad de configurar un bloque de apoyo entre amplios sectores populares, se ha convertido en el instrumento fundamental de la estabilidad, la gobernabilidad y el “progreso” en la CAV.

A nivel micro-sociológico, una amplia mayoría de los que viven y trabajan en la CAV, en el boca a boca, en conversaciones informales de taberna y bar y denuncias “oficiosas”, saben de la estructura corrupta del PNV. Chanchullos de todo tipo… desde favores pagados por empresas beneficiadas en concursos y licitaciones al partido, comisiones, reformas en casas de cuadros dirigentes, empleos ofrecidos a familiares o a amigos con carnet del partido en la administración o en empresas concesionarias, recalificaciones dudosas de terrenos… pero el PNV no se entiende sin su impunidad de base, es simple y llanamente intocable como estructura de poder. En realidad es tan intocable, que ni el Partido Popular, pero tampoco EH BILDU o ELKARREKIN PODEMOS, puede sacar trapos sucios para socavar su poder. Al Partido Socialista, ni lo nombramos, ya que es cómplice y aliado.

Pero todo es escuchar al “tribuno del pueblo vasco” Aitor Esteban en sus brillantes diatribas en el Parlamento español o en la Sexta contra VOX y la ultraderecha españolista y una mezcla de nacionalismo rancio de txapela y txakoli, unido a un mito construido laboriosamente sobre lo bien que se vive en Euskadi gracias al PNV, configuran un bloque con fuerte apoyo popular y -lo que es peor- unas izquierdas dispuestas a pactar incluso para legitimarse de cara a sus electorados, a los que no se les explica la verdadera naturaleza del PNV.

Una organización “de derechas” que simultáneamente es capaz de rentabilizar políticamente su política de ayudas sociales de cara a la izquierda, a sabiendas de las contradicciones que genera en el campo popular enfrentando a sectores medios del proletariado con los sectores que perciben dichas ayudas sociales, rentabilizándolas también en su beneficio, y simultáneamente manteniendo una presión fiscal muy baja sobre el empresariado medio y alto logrando así su apoyo político, es sin duda alguna una maquinaria muy engrasada, para la que una izquierda revolucionaria resulta irrelevante, ya que es como una mota de polvo en los engranajes de una maquinaria preparada para tareas de otro nivel.
Una derecha el PNV, que en el pasado ciclo electoral del 2019, ha recogido votos en los caladeros de la derecha españolista “moderada” que ampara la institucionalidad estatutaria, porque saben que es lo que aporta estabilidad. Una derecha que es opción de voto para sectores del proletariado “medio”, del funcionariado o de un centro izquierda progresista dispuesto a dotar de legitimidad las políticas sociales y el respeto a las “minorías” y a las políticas de igualdad, aunque estén bajo control institucional.

La Huelga del pasado 30 de enero, las movilizaciones y la indignación provocadas por el desastre terrible de Zaldibar y el descubrimiento del fraude y la mentira sobre la gestión de residuos, son hitos importantes en una toma de conciencia entre sectores del proletariado, pero sin organización, unidad e independencia política, el PNV gestionará las situaciones y poco o nada cambiará.

El PNV es el enemigo principal del proletariado vasco, pero no basta con pensarlo o decirlo. No basta tampoco con la radicalidad de los discursos y las formas de protesta, pues el PNV de momento tiene la capacidad de deslegitimar y desactivar a un “radicalismo” que, en realidad, le sirve para confrontar su “capacidad de gestión” y su sentido común, frente “a los extremismos” y de esa forma sumar victorias.

El movimiento comunista de Euskal Herria, debe sumarse y a la vez diferenciarse de las vacuas reivindicaciones de los reformismos abertzales y no abertzales, en realidad sin más proyección que negociar en las mejores condiciones posibles, acuerdos de “temas nacionales” o “sociales”. Sumarse para hacer pie entre dicho electorado al que debemos sumar a nuestro proyecto y programa, diferenciarse para demostrar que somos alternativa real “a la izquierda”. El PNV muestra extraordinaria simpatía por los muy revolucionarios que cuentan sus movilizaciones y actos por decenas y centenas y no por millares.

 

*Jon Ibaia es militante de Herri Gorri

 

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