JESÚS GARCÍA BLANCA. La violencia institucionalizada contra las criaturas

Los niños sufren y mueren a diario en cantidades insoportables como consecuencia de violencias explícitas, declaradas, incluso televisadas. Pero muchos más son víctimas de otra clase de violencia: silenciosa, soterrada, hipócrita… Wilhelm Reich, Michel Odent, Frederic Leboyer, Ashley Montagu, Konrad Stettbacher, Casilda Rodrigañez, Xavier Serrano… seres sensibles, rebeldes, luchadores, que nos han descrito con dolorosa precisión el sufrimiento infantil y nos han explicado lo más importante: su causa.

Cordones umbilicales cortados antes de tiempo y demás violencia obstétrica, separación de los recién nacidos para someterlos a protocolos médicos sin justificación, avance imparable de custodias compartidas en menores de tres años e incluso en lactantes de meses, aceptación legal o tácita de la gestación subrogada o prohibida por motivos que no tienen que ver con los bebés comprados y vendidos, arrebatados de sus madres en nombre del mercado y de supuestos derechos adultos, permisos intransferibles de pocas semanas para mamás y papás sin tener en cuenta las diferencias en sus funciones y en su importancia para el desarrollo funcional ecológico de los bebés, propuestas cada vez más firmes para instaurar guarderías desde cero años, vacunaciones masivas por obligación legal o por presión social o por miedo desde el mismo momento de nacer, introducción catastrófica de los alimentos (por llamarlos de alguna forma) en bebés, niños etiquetados, estigmatizados mediante diagnósticos psi y normalizados mediante fármacos…

Es la más diabólica herramienta de dominación jamás concebida, tan poderosa que la inmensa mayoría trabaja activamente y hasta diría que con entusiasmo para mantenerla y perpetuarla, incluyendo a esas fuerzas políticas -institucionales o no- autodenominadas de izquierda, revolucionarias, anticapitalistas, antisistema… esos que llenan auditorios con declaraciones de cambio, con pretensiones de asaltar el cielo o la Moncloa, y que, con sus propuestas marcadas por la ignorancia o la complicidad -tanto da- están condenando a la infancia y haciendo el trabajo sucio al Poder perpetuando y ayudando a reciclar una herramienta de control social -el aparato médico-educativo- que somete, castra y anula voluntades, que normaliza y destruye la creatividad, la espontaneidad, la libertad… y en última instancia, la vida.

 

Jesús García Blanca

http://saludypoder.blogspot.com/

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