El Estado sionistas y su ejército asesino continúa diezmando al pueblo palestino. El costo de su destrucción humana y material es nulo, gozan de escandalosa impunidad, de modo que no se preocupan ni en disimular; utilizan estúpidos argumentos para justificar lo injustificable.
En este caso concreto se trata de los hermanos palestinos, Jumaa Abu Asi, de 11 años, y Fadi, de 8. Ambos han muerto en un ataque aéreo israelí tras ser etiquetados como “sospechosos” por cruzar la “línea amarilla” de las fuerzas de ocupación cerca de Bani Suheila, en las afueras de Khan Yunis.
Su familia ha expresado que los niños se habían adentrado en la zona controlada por Israel simplemente para recoger leña para su padre en silla de ruedas cuando fueron atacados. Las fuerzas israelíes han dicho que representaban una «amenaza inmediata» al acercarse a las tropas. Es lo que dicen habitualmente cuando asesinan a palestinos desarmados, incluidos niños, en zonas que Israel ha declarado unilateralmente prohibidas.
Sus muertes no constituyen un incidente aislado, sino parte de un patrón más amplio de violencia letal que ha continuado a pesar del alto el fuego del 10 de octubre. Desde entonces, al menos 354 palestinos han muerto en Gaza por fuego israelí, según las autoridades sanitarias locales, mientras Israel consolida un nuevo régimen de control dividiendo la Franja en dos con su línea amarilla y aplicándola con fuerza letal.
Las tropas israelíes en Rafah se han jactado, también, de haber “eliminado a un terrorista” que supuestamente había cruzado esa línea, subrayando cómo cualquier movimiento palestino cerca de posiciones de ocupación puede convertirse en un pretexto para una ejecución desde el aire.
