Hogares de Niños sin Amparo Familiar, obras de amor de la Revolución Cubana

Los Hogares de Niños sin Amparo Familiar en Cuba, como tantas hermosas obras de la Revolución, son el reflejo de la profundamente humanista política social de la Isla, que a nadie abandona a su suerte, muchísimo menos si es un infante, dan fe de ello educadoras devenidas “madres sustitutas” en esos centros.

Educar es un acto inmenso de amor, y si trasciende la mera instrucción y cultiva calidad humana desde una familia por elección, sin mediar lazos consanguíneos, sino profundo cariño al prójimo, más loable resulta la obra, como la que día a día materializan estas cubanas: Lesvia, Doralvis, Clara o Matilde, por citar solo algunas de las que ejercen esta función en Guantánamo. Pero son muchas más, centenares en la Isla, con otros nombres pero un mismo objetivo: entregar su afecto y apoyo a pequeños que circunstancias de la vida les privaron de la felicidad de crecer al lado de sus padres naturales, apuntó a la ACN Lesvia Garrido, directora de una de las dos instituciones de este tipo existentes en la provincia cubana más oriental.

Suman en el país una treintena de Hogares de Niños sin Amparo Familiar, gratuitos y sin distinción de procedencia, y pese a las limitaciones económicas el Gobierno garantiza que nada esencial les falte, material o espiritual, recuerda la directiva, quien califica a estos centros como ejemplos del amor de la Revolución a sus hijos, y del respeto a los Derechos Humanos, y del Niño. Estas residencias fueron creadas en 1984 por el Consejo de Estado, y en ellas se les proporciona a infantes, adolescentes y jóvenes condiciones de vida equivalentes a las de una casa de familia común, entrega afectiva, educación, buena alimentación, atención médica, y al cumplir la mayoría de edad se les incorpora preparados a la sociedad.

Los menores que llegan, ya sea por orfandad, enfermedad de los progenitores o abandono, encuentran aquí ambiente hogareño entre los trabajadores que interactúan con ellos y les ayudan a superar ausencias, carencias emocionales, llenando cada vacío con amor, subraya la Máster en Ciencias de la Educación, quien se ha ganado el apelativo de Mami Lesvia.

Casitas de la Patria o de la esperanza las denominan muchos, en especial quienes han tenido la oportunidad de aproximarse a la rutina de estas acogedoras moradas con los recursos para una convivencia feliz, y conocer de la dedicación y formación responsable que prevalece allí, para prepararles para la vida. Doralvis Haití, subdirectora docente de la institución, Licenciada en Pedagogía Psicología, argumentó a la ACN: “Este hogar funciona como cualquier otra vivienda en Cuba. Realizan aquí su vida normal los 11 infantes que la alegran. Estamos con ellos de lunes a lunes nueve asistentes generales y educativas, enfermeras, cocineras y otros obreros”.

Nos desvelamos como si fueran nuestros propios hijos -agrega-,convirtiéndonos para ellos en madres, padres, tíos y tías. Les inculcamos valores, compartimos paseos, juegos, y si alguno enferma trasnochamos en el hospital, al pie de su cabecera.

María Luz Barriento, trabajadora social de la casa, acotó: Todos los adultos aquí somos responsables de facilitarles un adecuado desarrollo biológico, psicológico y social, y de velar por sus necesidades, desde festejar sus cumpleaños hasta alistar sus uniformes escolares, ayudarlos con las tareas y asistir a reuniones de padres en sus respectivas instituciones docentes.

Luego de los 18 años de edad el Estado cubano les otorga una vivienda y les garantiza un grupo de condiciones y posibilidades para que continúen su desarrollo en el sistema de valores que rigen la sociedad; así fue en 2015 con Arismaris Fabart, graduada hoy de pedagoga en la Universidad de Guantánamo, señaló.

Actualmente Asdrúbal y Dianelis, los menores de los niños de la “Casita de la Patria del Reparto Obrero” tienen seis añitos, juegan alegres y asisten a una escuela primaria cercana; otros se desenvuelven también en la enseñanza general o especial, y la mayor de las chicas, Susana Torriente, de 17 años, ya es graduada de Servicios de Belleza, orgullo para su numerosa “familia sustituta”.

Ese es nuestro propósito, formarlos como hombres y mujeres de bien, afirma la directora Lesvia Garrido, y argumenta: “Es el resultado de nuestra entrega, y mérito de la Revolución de Fidel. Nadie puede dudar de tanto amor desinteresado”, subrayó.

 

(ACN)

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