EDITORIAL. ¿Hay ministros de izquierda en España?

  1. Los sistemas electorales que premian a los grandes partidos, la comodidad intelectual que padecemos, el pragmatismo arrasando cual virus incurable, el desclasamiento impuesto desde las tribunas mediáticas, el todo es igual, son factores ideológicos que contribuyen a la práctica del menosmalismo. A partir de ahí, todo es más fácil para un sistema construido para perpetuar las actuales relaciones de clase, al punto que solo mentar la palabra «clase» sale en millones de personas un sentimiento acomodaticio de ser clase media para evitar conflictos y, de paso, no tener que analizar la realidad diaria de vender su mano de obra para conseguir un salario (en el mejor de los casos). La socialdemocracia ha utilizado estas mañas con especial empeño.

Desde el final de la segunda guerra mundial en Europa, ha intentado con éxito engullir cualquier movimiento que surgiera a su izquierda con argumentos-consignas de «socialismo democrático», las revoluciones solo traen sufrimiento, dictadura ni la del proletariado, en Europa no necesitamos ir más allá de una reformas que den al capitalismo un rostro humano, etc, etc, etc. Un abrevadero ideológico al que fueron conducidos millones de personas por ex revolucionarios, comunistas arrepentidos o reformistas de todas las horas disfrazados de izquierdistas, pero que en un movimiento táctico-estratégico no se despojaron de la etiqueta «izquierda» tal y como le aconsejaron sus jefes.

El eurocomunismo jugó, en este sentido, un papel descollante. En España, Italia y Francia, sus históricos partidos comunistas encontraron la verdad secular y dinamitaron su propia historia para agradecimiento con sonrisas de las burguesías respectivas. Sus prácticas socialdemócratas con discursos de «no es el momento», «qué otra cosa podemos hacer», «Europa no quiere revoluciones», los llevó a combatir junto a los poderes fácticos cualquier intento de poner en jaque al poder con la excusa de que estaba en juego la mismísima democracia. Que se confunda capitalismo con democracia es casi su segundo logro (lingüistico).

De esos barros vienen estos ministros, alérgicos a  las protestas sociales que no acaben en una urna y temerosos que la rebeldía ajena cuestione un sistema del que son parte. Saben que la primera batalla será desposeerlos de la palabra «izquierda» para ahorrarles el sufrimiento de parecer lo que no son.

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