Garzón (ministro, IU) sigue sin abordar desde la izquierda el problema de las apuestas y se limita a seguir legislando la publicidad

Como en tantos otros temas, la política ante las apuestas pasa por tres concepciones, por tres ideologías para afrontar el tema:

Una primera es la derecha de siempre, que apuesta por el consabido libre mercado sin control alguno, esto es, «libertad» absoluta para instalar cuantas más casas y empresas de apuestas mejor, para crear empleo y ser felices, que se anuncien, que gasten, que generen riquezas. En caso de que el negocio provoque consecuencias aditivas y ruina en la salud y la economía en miles de personas, problema de ellos, que vayan al médico que ya somos mayores.

Una segunda manera de ver la realidad, es la que en decenas de barrios se ha ejercido. Una respuesta de izquierdas pidiendo cerrar las Casas de apuestas por su carácter nocivo para los jóvenes en zonas obreras. Una auténtica heroína con consecuencias letales que solo puede combatirse yendo a la raíz del problema.

Una tercera es, sin duda, la del gobierno actual y del ministro de Comercio, el dirigente de IU, Alberto Garzón, que practicando el pragmatismo reformista, hijo de lo políticamente correcto y el parcheo constante con la consigna de que «hay que ser realista», lejos de cerrar las Casas de apuestas por aquello de que sería ilegal hacerlo, diseña un horario para que puedan anunciarse y que las camisetas de los equipos de fútbol no puedan tener publicidad de esas empresas de apuestas. Todo un acto «revolucionario», señor Garzón.

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