FRIEDRICH ENGELS. Sobre el republicanismo burgués y el destino que le aguarda cuando el proletario obtenga conciencia de clase

«La forma más elevada del Estado, la república democrática, que en nuestras condiciones sociales modernas se va haciendo una necesidad cada vez más ineludible, y que es la única forma de Estado bajo la cual puede darse la batalla última y definitiva entre el proletariado y la burguesía, no reconoce oficialmente diferencias de fortuna. En ella la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero por ello mismo de un modo más seguro. De una parte, bajo la forma de corrupción directa de los funcionarios, de lo cual es América un modelo clásico, y, de otra parte, bajo la forma de alianza entre el gobierno y la Bolsa. Esta alianza se realiza con tanta mayor facilidad, cuanto más crecen las deudas del Estado y más van concentrando en sus manos las sociedades por acciones, no sólo el transporte, sino también la producción misma, haciendo de la Bolsa su centro. Fuera de América, la nueva república francesa es un patente ejemplo de ello, y la buena vieja Suiza también ha hecho su aportación en este terreno. Pero que la república democrática no es imprescindible para esa unión fraternal entre la Bolsa y el gobierno, lo prueba, además de Inglaterra, el nuevo imperio alemán, donde no puede decirse a quién ha elevado más arriba el sufragio universal, si a Bismarck o a Bleichrder. Y, por último, la clase poseedora impera de un modo directo por medio del sufragio universal. Mientras la clase oprimida – en nuestro caso el proletariado– no está madura para libertarse ella misma, su mayoría reconoce el orden social de hoy como el único posible, y políticamente forma la cola de la clase capitalista, su extrema izquierda. Pero a medida que va madurando para emanciparse ella misma, se constituye como un partido independiente, elige sus propios representantes y no los de los capitalistas. El sufragio universal es, de esta suerte, el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual, pero esto es bastante. El día en que el termómetro del sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición, ellos sabrán, lo mismo que los capitalistas, qué deben hacer».

 

(Friedrich Engels; El origen de la familia, de la propiedad privada y el Estado, 1884)

 

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Un comentario

  1. ¡Qué larga se está haciendo la espera!

    El fantasma que se extendía por Europa en 1848 no se corporeizó. Y todas las fuerzas políticas no hicieron otra cosa que luchar a muerte contra él.

    Y, por desgracia, el irracionalismo fue lo que triunfó. De ahí el Caos con mayúscula que nos inunda por doquier.

    El proletariado ni tuvo consciencia en los tiempos de Engels ni después: el pobre Lenin sabía que sus palabras no llegaban a donde tenían que llegar. Él mismo fue una ridícula marioneta en manos de las fuerzas más reaccionarias.

    Y ahora el proletariado chino sufre una vil explotación a manos de un Partido que, desgraciadamente, para ellos se llama comunista.

    Y ¿el resto?

    ¿Dónde está?

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