FRANK AGÜERO GÓMEZ. Fidel, profeta y gestor de la ciencia cubana

Fidel Castro sostuvo un encuentro íntimo con los cinco jóvenes símbolos de la tenaz resistencia antiterrorista del pueblo cubano frente a Estados Unidos, a pocas semanas del regreso de estos héroes a la Patria, luego de su prolongado encierro en cárceles de ese país.
Concluida la visita que duró más de cinco horas, después de abrazarlos y ya en la despedida, Ramón Labañino (uno de los dos condenados a prisión perpetua, liberados por gestiones entre los mandatarios Raúl Castro y Barack Obama), regresó al sitio desde donde el líder de la Revolución los veía alejarse, y le formuló una interrogación.

-Comandante, perdóneme, pero no puedo irme sin hacerle esta pregunta: ¿en qué usted cree que los Cinco podemos ser más útiles?

‘Me miró por unos segundos que me parecieron interminables y me respondió’:

-Sean científicos.

Para el dirigente con más de 90 años de vida entonces, consagrado a la transformación de su país en un nuevo modelo de convivencia humana, ser hombre o mujer de ciencia en cualquier rama del saber era el paradigma de excelencia a que había aspirado durante largos decenios.

Aún en el reposo obligado por las dolencias físicas, el Comandante en Jefe de la Revolución cubana seguía empeñado en audaces experimentos con el objetivo de lograr alimentos autóctonos para el sustento e incremento de la ganadería, y con ello, la sostenibilidad de la producción pecuaria nacional.

Vale la anécdota, reflejada casi al final de un modesto diario de prisión con algunos amargos recuerdos de 15 años recluido y separado de su Patria y familia, para comprender qué significaba la ciencia para el experimentado autor de La Historia me Absolverá.(*).

Su carácter como conductor de nuevas ideas se reveló desde sus años de estudiante y se desarrolló mientras encabezaba la guerra contra la tiranía que oprimía a su pueblo, venciendo criterios añejos e inculcando a sus seguidores el pensamiento creador.

Con la victoria y la lucha que seguiría, frente a la estrategia norteamericana para derrocar el nuevo poder, el joven estadista alcanzó proyección mundial al dirigir y defender, al frente de su pueblo, la primera experiencia victoriosa en América Latina para forjar un Estado democrático y socialista, apegado a principios de equidad y justicia social, cuya positiva influencia aún rebasa las fronteras nacionales.

La contribución cubana a la liberación de varias naciones de África, el apoyo a los movimientos revolucionarios que luchaban por recobrar su soberanía y mejor vida para sus pueblos, el empeño en difundir los modestos avances de la isla, las iniciativas para formar profesionales en diversas ramas del saber, y ayudar a educar y curar a millones de seres humanos desvalidos, entre otros ejemplos, se convirtieron en cimientos de un modelo de desarrollo, impregnado de una concepción científica humanística y devino en valores identitarios de la cultura nacional.

No es Fidel el iniciador ni el único forjador de tales virtudes en el carácter del cubano contemporáneo, pero no puede obviarse que, sin su aliento y entusiasmo ante lo nuevo y progresivo (asimilado de la experiencia de otros y creado con esfuerzo propio), no hubiera podido la Mayor de las Antillas vencer los obstáculos que la historia y sus enemigos le han impuesto en estas casi siete décadas.

Ello suponía, incluso, el riesgo de perder su propia nacionalidad y el sostén social de la Revolución, de no haber enfrentado con ingenio y creatividad, el bloqueo estadounidense aún vigente y renovado por el Gobierno del vecino país.

PROGRAMA ALIMENTARIO

Con los resortes del poder estatal, en una nación sin abundantes riquezas para el intercambio comercial, el Comandante en Jefe fomentó primero la base social del pensamiento científico, al lanzar la alfabetización masiva de la población, cimiento de una cultura que transformaría el sistema educacional e iría germinando por todas las ramas del saber en muy pocos años.

Por su iniciativa y gestión, brotaron instituciones científicas dedicadas al estudio de la fertilidad de los suelos, a mejorar las variedades de plantas agrícolas, experimentos para la introducción en gran escala de nuevas razas productoras de leche y carne bovina y porcina, la concepción de ciclos completos de producción y comercialización de productos avícolas, además del estímulo al estudio y conservación de las especies marinas, y a la educación en buenos hábitos de alimentación desde los años escolares. Agrónomos, ingenieros en decenas de especialidades, físicos, matemáticos, investigadores en todas las ramas de la medicina, artistas de saberes comunes y excelencias universales han surgido de una política que une pensamiento, ciencia y acción, cuyo corolario brilla en estos tiempos de grandes peligros y desafíos, provocados en gran parte por un sistema social que agota la existencia del ser humano si no se actúa de consuno y con mayor inteligencia.

Fidel no se cansó de advertirlo desde mediados de los años 90 del siglo pasado, en un memorable discurso.

Advertía allí que la especie humana está en peligro de extinción, devorada por sí misma, luego de casi hacer desaparecer numerosas especies y agotado el hábitat y los recursos materiales para la existencia, derrochando lo que el planeta formó en millones de años, en primer lugar, el conocimiento de sus orígenes y evolución, y destruyendo maravillosas huellas y obras de generaciones anteriores.

Sin dudas, el líder de la Revolución nos legó un modo de pensar y hacer, fundamentado en el conocimiento y la ciencia, enriquecido por la búsqueda de la excelencia, y si una vez ésta se alcanza, la mirada crítica debe volver hacia lo realizado, siempre posible de perfeccionar.

El problema fundamental no es observar el mundo, sino transformarlo, dijo el sabio alemán Carlos Marx, creador de un método de análisis científico social aún no agotado.; y ciento cincuenta años después, un maduro político del Caribe, seguidor de los clásicos y alumno del genio cubano José Martí, apostó a que Revolución es cambiar todo lo que deba ser cambiado.

Para él era insuficiente haber generado, encabezado y sostenido Patria, Revolución y Socialismo ‘en las mismas narices del imperialismo’ más poderoso de la tierra.

A 94 años de su nacimiento, con un pensamiento científico paradigmático, Fidel Castro, que aupó tantos talentos y propició el surgimiento de sólidas instituciones dedicadas a la búsqueda de soluciones y nuevas creaciones, merece sin duda recibir el título de profeta y gestor de la ciencia cubana.

*Hombre silencio, diario de prisión, Ramón Labañino Salazar. Editorial Capitán San Luis.

(Cuba Internacional No.464)

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