FRANCISCO RODRÍGUEZ. ¿Qué pasó con el matrimonio en el proyecto de Constitución?

Después de mi primera reacción personal de sorpresa, algo de desconcierto y hasta cierta contrariedad, vale la pena intentar un distanciamiento desapasionado para analizar la solución que acaba de trascender sobre la definición del matrimonio en el proyecto de Constitución que en los próximos días deberá analizar y aprobar el Parlamento.

Lo primero que me vino a la mente es que la nueva propuesta sería más bien “un paso al lado”. Ni tan hacia atrás como dirán las personas más críticas, ni tan adelante cómo ya lo acariciábamos desde el activismo por los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI).

La próxima Constitución definitivamente no dirá de modo taxativo y discriminatorio que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer como la vigente carta magna, y esto ya de por sí es un enorme paso de avance. Un triunfo que nadie nos puede escamotear ni disminuir, con una gran significación simbólica y práctica. Una puerta abierta hacia ese futuro matrimonio igualitario que queremos conseguir.

Pero tampoco nuestra Ley de leyes definirá al matrimonio como la unión entre dos personas, como recogía la versión que discutimos en la consulta popular y que resultaba un concepto muy revolucionario. En relación con esa primera intención, retrocedimos. No logramos el consenso para mantener ese planteo.

En palabras del secretario del Consejo de Estado ante diputadas y diputados, la decisión fue diferir el concepto de matrimonio de la Constitución. O sea, la Constitución no va a definir qué sujetos integran el matrimonio, y la ley definirá posteriormente cómo se constituirá el matrimonio.

Tratemos de evaluar con imparcialidad los hechos. El artículo 68 del proyecto constitucional que discutimos fue el que más polémica generó de todo el texto, con 192 mil 408 planteamientos, el 24.57% del total, y el único que alcanzo una cantidad de seis dígitos. El matrimonio fue objeto de debate en 88 mil 066 asambleas, el 66% de las que acontecieron.

Es cierto que no todas las opiniones fueron en contra, ni tampoco hubo manera de registrar quiénes estaban a favor. Pero más allá de eso, la consulta fue un éxito, al permitir por primera vez abordar en una discusión nacional los derechos de las personas LGBTI, exorcizar los viejos demonios de la homofobia e identificar los prejuicios que aún subsisten con mucha fuerza.

Las personas LGBTI, sin embargo, también necesitamos que la nueva Constitución reciba el respaldo de la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Seríamos demasiado egoístas quizás si pretendiéramos anteponer nuestros derechos a otros muchos aspectos positivos de este proyecto.

Si resulta posible desplazar el diferendo hacia la discusión de la ley, y garantizar mayor unidad en el voto del referendo constitucional, con una salida que nos permite avanzar, pues yo estoy de acuerdo.

El único y mayor riesgo en tal sentido sería que si por tratar de quedar bien con todo el mundo, ninguna de las dos posturas básicas, a favor o en contra del matrimonio igualitario, sintiera sus reclamos satisfechos, pues también podría haber un perjuicio en el momento de acudir a las urnas. Esperemos que no sea así.

Porque en tal sentido, mucho podemos hacer a partir del actual artículo 82 que consagra al matrimonio como una institución social y jurídica, y una de las formas de organización de la familia, no la única, que además utiliza el término neutro de cónyuges, donde también cabemos todas las personas.

Pero hay más. El nuevo concepto de matrimonio está ahora en un capítulo totalmente nuevo que aborda a las familias en plural, que reconoce sus más diversas formas, incluyendo las nuestras.

También incorpora en otro de sus artículos el derecho de las personas a fundar una familia, en sus diferentes tipos, y mediante otras formas que no necesariamente son el matrimonio, cuando precisa que las familias se constituyen por vínculos jurídicos o de hecho. O sea, habría un reconocimiento también a las uniones consensuales en esta nueva Constitución, y eso deberá incluir tanto a las parejas heterosexuales como a las homosexuales.

Pero incluso lo que más preocupación nos podría generar, la disposición transitoria que dispondrá, en el plazo de dos años de vigencia de la Constitución, iniciar el proceso de consulta popular y referendo del proyecto del Código de familia, en el que debe figurar la forma de constituir el matrimonio, hay que verla también como una oportunidad para el activismo en un plazo inmediato.

Será esa concepción, estudio y discusión de la ley otro proceso que nos permitirá mantener el tema de los derechos de las personas LGBTI en el centro del debate ciudadano, y continuar en la conquista de espacios de comunicación social que nos permitan afianzar el respeto a la diversidad sexual como un valor definitivo de nuestra sociedad socialista.

No va a ser fácil, por supuesto. Las mismas fuerzas retrógradas que nos atacaron en esta ocasión lo harán otra vez, quizás incluso con más fuerza y organización. Pero el activismo también aprendió la lección —y esperamos que también el Partido y el Estado—, por lo que tendremos ocasión de impulsar todavía más los liderazgos políticos en este terreno.

Por último y no menos importante. ¿Recuerdan el artículo 40 del proyecto? Pues ahora será el 42 y mantiene dentro del principio de igualdad la obligación de no discriminar por orientación sexual e identidad de género, entre otros motivos.

De modo que el Código de Familia resultante de esa otra consulta popular y su respectivo referendo no podría, bajo ningún concepto, violar ese precepto. De lo contrario, y ojalá no haya que llegar a eso, podríamos invocar y exigir el cumplimiento de nuestros derechos constitucionales.

Así que no hay marcha atrás posible, y sí mucho trabajo por delante.

Artículo 82:

El matrimonio es una institución social y jurídica. Es una de las formas de organización de las familias. Se funda en el libre consentimiento y en la igualdad de derechos, obligaciones y capacidad legal de los cónyuges.

La ley determina la forma en que se constituye y sus efectos.

Se reconoce, además, la unión estable y singular con aptitud legal, que forme de hecho un proyecto de vida en común, que bajo las condiciones y circunstancias que señale la ley, genera los derechos y obligaciones que esta disponga.

Disposición transitoria decimoprimera: atendiendo a los resultados de la consulta popular realizada, la Asamblea Nacional del Poder Popular dispondrá, en el plazo de dos años de vigencia de la Constitución, iniciar el proceso de consulta popular y referendo del proyecto del Código de Familia, en el que debe figurar la forma de constituir el matrimonio.

 

(Blog «Paquito el de Cuba»)

 

A continuación exponemos una entrevista a Francisco Rodríguez publicada en 1013 por el semanario VOZ (Partido Comunista Colombiano):

“Soy martiano, comunista y gay»

Francisco Rodríguez Cruz se hizo periodista y martiano por accidente, cuenta en su blog Paquito el de Cuba, uno de los más importantes y más originales de su país: “Hasta noveno grado yo juraba que sería ingeniero naval o aéreo”. Pero un fin de semana un Moskovich lo atropelló. “Fui a dar contra el parabrisas, que rompí con mi cuerpo para luego dar vueltas otra vez sobre el capó hasta caer al pavimento”. Una fractura y tres puntos, y una visita al día siguiente del conductor del automóvil soviético –serie que aún circula emparchada por La Habana– con un regalo: las Obras Escogidas en tres tomos de José Martí. “Y comencé a leer y leer y leer… Me convertí en martiano furibundo, y de eso al periodismo como vocación no había más que un instintivo parpadeo”.

Por eso hoy su blog –cuyo nombre alude a la cantante de horrendas rancheras mexicanas Paquita la del Barrio–, tiene un prólogo frontal y conmovedor, sincero como el amigo para el que Martí cultivaba una rosa blanca en junio cono en enero:

“Soy Paquito, el de Cuba; martiano y periodista; comunista y gay; ateo convencido y supersticioso ocasional; padre de un hijo varón a quien adoro y pareja desde hace diez años de un hombre seronegativo que me ama; paciente de sida desde el 2003 y sobreviviente por más de ocho años a un linfoma no Hodgkin; profesor universitario y alumno de la vida; seguidor de los temas económicos cubanos y apasionado devorador de literatura universal; opinático incontinente y beligerante mesurado; amigo de mis amigos y compasivo con mis enemigos; equivocado muchas veces y arrepentido nunca; optimista empedernido y entusiasta eterno; vivito y coleando; en fin, otro tipo normal y corriente, que quiere compartir contigo su historia, opiniones y anhelos”.

Y, más importante en un país donde la penetración de internet en los habitantes llega apenas al 3%, Paquito el de Cuba tiene casi 300 mil accesos (400 visitas diarias), el 90% en la isla. De afuera –Estados Unidos, España y México–, entre los 48 mil comentarios llegan muchas críticas al sistema socialista que Paquito apoya: es editor del periódico nacional Trabajadores, cuya talla equivale a la de Granma o Juventud Rebelde. Pero Rodríguez Cruz jerarquiza: “Quienes tenemos el privilegio de acceder a internet en Cuba deberíamos proponernos siempre mejorar algo en el país, no sólo ocuparnos de la hostilidad externa”.

Por eso este periodista puede publicar en Trabajadores “Cuba está en condiciones de tener una sociedad socialista próspera y sostenible” y “Economistas cubanos presentan soluciones”, y postear en Paquito el de Cuba “A modo de cierre para la VI Jornada contra la Homofobia: vamos por más” y “No hay restricciones en Cuba para homosexuales en el deporte”.

–¿Tiene usted un doble taller, como aconsejaba Ryszard Kapuscinski: su labor de jefe de Información en Trabajadores y su blog con temas de su interés personal?

–Uno construye sus espacios. El periódico no es mío: responde a una política editorial, la de los trabajadores de Cuba, y los editores debemos responder a ella. Me enorgullece cuando coincidimos en temas que humanamente me son cercanos, pero no siempre es así. También comento tres veces por semana en la revista informativa de Radio Rebelde, la emisora más importante, en un espacio que se llama Palabras con filo, que como indica su nombre es un espacio crítico. Pero mi blog es mi espacio para comunicarme. ¡Entonces lo que no digo en el periódico lo digo en la radio y lo que no digo en ninguno de esos espacios lo digo en el blog!

–¿Alguna vez le dijeron que se había pasado de la raya?

–No sé si es que ya me dan por loco, pero no, nunca… Siempre me preguntan: “¿Qué te dicen del blog en tu trabajo?”. Y la verdad es que no me dicen nada. Sé que me leen; unos me comentan y otros no. A algunos les cuesta más, les avergüenza hablar sobre sexualidad… el antiguo director, que es como mi padre, que ahora se jubiló, me dijo: “Yo no quiero ni saber lo que tú escribes”. ¡Pero sabía! De todos modos, creo que lo más importante del blog para mí no ha sido esa realización personal sino que a partir de él me involucré en cosas.

–¿Por ejemplo?

–El activismo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgénero). Yo no conocía a nadie del Cenesex ni tenía participación alguna.

Militancia LGBT

Cenesex es la sigla del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba, que dirige Mariela Castro, también responsable de la revista Sexología y Sociedad, jefa de la cátedra de Sexología y Educación de la Sexualidad de la Escuela Nacional de Salud Pública y profesora y miembro del Comité Académico de la Maestría de Sexualidad.

Además de hija de Raúl Castro.

Como le dijo a BBC Mundo: Mi papá me llevaba a la escuela de la mano, como todos los padres, y fue un amante muy romántico de mi mamá, Vilma Espín, presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas. Esa pareja nos transmitió a los hijos una gran estabilidad: nos enseñaron a amar, a creer en las personas aun cuando te engañen”. Y de esa experiencia, cree, surgió su trabajo en lo que era un pequeño Centro de Educación Sexual y en el 2004 se transformó en una gran organización de respeto y lucha por los derechos LGBT, y de las pocas oficiales.

Aquel año un grupo de travestis y transexuales que se dedicaban a la prostitución se acercaron para pedir ayuda porque la policía de La Habana los detenían por quejas de los vecinos y los turistas. Y de la prostitución, los actos represivos se extendieron más allá, revelando las raíces machistas que la revolución no extirpado aún, y que en su momento generaron la reclusión y trabajo forzado de los homosexuales y los católicos (entre ellos, el célebre escritor anticastrista Reinaldo Arenas y el arzobispo de La Habana Jaime Ortega) en los Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), entre 1965 y 1968. Mariela Castro alumbró el proyecto opuesto: una institución para “la educación, el trabajo comunitario, la orientación y la terapia para contribuir a que el ser humano viva su sexualidad de forma sana, plena, placentera y responsable”, según la web del Cenesex. La prevención del sida, los derechos LGTB y la lucha contra la violencia de género son algunos de los temas de los congresos que se realizan desde 1994, entre ellos las recientes VI Jornadas Cubanas Contra la Homofobia.

–Usted comentó que la primera marcha del orgullo gay tuvo sus ribetes cómicos…

–Fue casi todo el mes de mayo, con actos en el Pabellón Cuba, en la universidades, en todos lados. Pero coincidió con el Día del Campesino, el día que se celebra la reforma agraria, y justo la noche anterior habían dado en la televisión Secreto en la montaña… ¡Los guajiros (campesinos) se sublevaron! Preguntaban por qué habían tomado su día “para los maricones”, les pareció un escándalo la película… Por suerte después el almanaque ya no ha coincidido, y de todos modos negociamos.

–¿Siente que esta militancia le cambió la vida?

–Ser gay es una faceta más de mi vida. Lo hago público en el blog porque al final los blogs son para contar las historias personales. Si no, hubiera seguido mi vida normal y algunas personas sabrían que soy gay, otras sabrían que soy seropositivo, otras no… Tampoco debía hacerlo público. Pero se convirtió en un bumerán positivo: me he ido involucrando en Hombres por la Diversidad, en el colectivo LGBT Arco Iris, en otras militancias imprevistas… tantas que no me queda ya tiempo. Y todo a partir del blog.

–Dice: “Tampoco debía hacerlo público”. ¿Qué lo movió a hacerlo?

–Tenía la posibilidad tecnológica: en Cuba es un privilegio tener internet en la casa. Y a los periodistas nos van dando, a medida que hay posibilidad de conexión. También tuvimos una venta de computadoras subsidiada, en moneda nacional. Entonces se me ocurrió. No se habla mucho de mis temas y menos del compromiso personal. Pero también me movió hacerlo para mi hijo Javier, que tiene 11 años, para que en algún momento, cuando llegue la hora, encuentre todas las explicaciones que se merece. Dejarlo todo por escrito pudiera ayudarlo a entender. Esa conversación con Javier es la única cosa que tengo pendiente de todo este proceso de autorreconocimiento.

Hemingway en el pasado, el hijo del futuro

Cojímar es una localidad distante 20 minutos en auto de La Habana, famosa porque allí solía verse el yate Pilar, de Ernest Hemingway, mientras el autor de Por quién doblan las campanas y París era una fiesta rumiaba una novela. En ese pueblo de 20 mil habitantes, al que llamaba “mi patria chica”, Hemingway pasó horas y tragos en un bar de pescadores, Las Terrazas de Cojímar, donde Gregorio Fuentes, un capitán canario emigrado, le contó su vida transfigurada, aunque sin perder la tristeza, en El viejo y el mar, acaso la última gran obra de Hemingway. Esa novela y ese escritor son orgullos de Cojímar, donde ahora se gesta Paquito el de Cuba y viven Rodríguez Cruz y su hijo.

–¿Javier ha leído su blog?

–No. Por un lado está mi acto de nudismo, esa necesidad de escribir que se guarda en el ciberespacio, pero en acuerdo con su mamá no hemos abordado directamente ni mi orientación sexual ni mi enfermedad. No sabemos cuándo es el momento. Ella y yo nos llevamos muy bien; también con la familia en general: el esposo de ella, mi pareja. Pensamos que lo mejor es que él se adapte a la situación, sin forzar nada. Javier quizá está más preparado para entender que muchos adultos… Él sabe que el blog existe, hemos ido a recoger premios juntos, pero cree prudente no preguntar. Hemos ido incorporándolo a cosas: desfiló el 1º de Mayo pasado conmigo con la gente del Cenesex, con la bandera multicolor, y como es un tipo inteligente –lo lo admiro mucho– me preguntó “¿Y estos colores qué cosa son?”. Le expliqué: “Es la bandera de la diversidad, que utilizan mucho los movimientos que defienden a los homosexuales”. Vamos manejándolo poco a poco; ya llegará el momento de tener la conversación.

–¿Y sobre la enfermedad?

–Igual. Hace poco, le preguntó a su mamá: “¿Sabes que mi papá toma una pila de pastillas?”. Ella lo reconoció y le preguntó por qué creía él que yo las tomaba. Y él le dio una salida fantástica: “Para poder comer pizza y espagueti”. ¡Era cierto! Poco antes me habían salido altos los triglicéridos, porque los retrovirales alteran el mecanismo de los lípidos, y me vio con la medicación para eso y le di esa explicación. Él está elaborando todo. Y cuando quiera saber más, aquí escribo mi blog para él.

 

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