El término «enemigo principal» es ampliamente empleado, y sirve para precisar con quien debe priorizarse el enfrentamiento, ante un abanico de opciones hostiles. El concepto fue abordado por dos estrategas legendarios, el chino Sun Tzu en su «El Arte de la Guerra», escrito hace 2500 años, y en Occidente por otro pensador icónico, Carl von Clausewitz, que usó el de «centro de gravedad», con igual connotación.
Pues justamente eso fue lo que hizo Irán desde el mismo momento en que fueron atacados; es decir, establecer como blanco fundamental de su respuesta las decenas de bases militares conque EEUU ha rodeado al país persa, en las zonas colindantes del Golfo Pérsico. Estas instalaciones concentraban la presencia militar estadounidense en esta región, así como un apoyo fundamental a la defensa de Israel.
No habían pasado 24 horas del asesinato alevoso y realmente innecesario, por demás un disparate político, de más de 160 niñas estudiantes en Minab, cuando Irán comenzó un sistémico ataque misilístico a las mencionadas bases, vean no solo a Israel. Esto supone una diferencia de lo que hicieron en la «guerra de los 12 días» de junio del 2025, que algunos expertos sugieren que fue usada por los persas para modular la forma de actuar de su «enemigo principal».
Y en sus bombardeos aplicó una lógica impecable, es decir, primero los radares, algunos hiper sofisticados, valuados en varios miles de millones de usd, dejando «ciego y sordo», no solo a las marinas estadounidenses, sino en buena lid a la famosa cúpula de hierro israelí, cuando aún estaba intacta.
Tras esta acción, que se ha prolongado en el tiempo con unas 30 oleadas de drones y misiles, vino el desmantelamiento del asentamiento de la V Flota de EEUU, fundamental para el papel de avanzada antes descrito; asimismo, otras posiciones que garantizan la logística, y demás necesidades de cuanto barco o tropa de EEUU pasan o se ubican en el Golfo Persico. Y todo esto construido en al menos los últimos 30 años y con una inversión, de tantos ceros a la derecha, que no caben en un renglón.
Así que prácticamente los iranies han desmantelado un costosísimo cinturón bélico, que tiene en sí mismo varias lecturas.
El primero y más obvio; la armada estadounidense no es invencible, segundo, la tecnología que usan fue «cómodamente» superada por las armas iranies, algo que además de su connotación militar también es económica porque, como se sabe, la venden en todas partes como la panacea, y ahora hay que ver quien se las querrá comprar. También desde luego tiene un efecto desmoralizante extraordinario, asociado a los dos supuestos antes apuntados, tanto para los marines, que literalmente salieron corriendo, como para el gobierno trumpista.
No se está hablando aquí de cualquier daño, por si aún queda alguna suspicacia, no, el impacto es colosal porque desde la segunda guerra mundial el ejército «más poderoso del mundo», según la charlatanería del Jefe Trump al referirse al estadounidense, no había sufrido en tampoco tiempo (en una semana) semejante desastre, algo que un afamado analista israelita, Alon Mizrahi, lo comparó con un Pearl Harbor multiplicado a la n potencia.
Los golpes sobre Israel abundan en las redes sociales, convertidas por millones de personas en fuentes informativas alternativas, ante la férrea censura de las autoridades sionistas sobre el impacto militar, de infraestructura y económico que están sufriendo. Se calcula que en una semana ya experimentan perdidas por no menos de 3 mil millones de usd, que incluyen, puertos, refinerías, la planta nuclear de Dimon y lo más relevante, la virtual destrucción de la afamada cúpula de acero.
De paso, Irán dejó establecido, finalmente puede decirse, que colaborar con los estadounidenses tiene un costo elevado, mensaje concreto, pero también subliminal a sus vecinos árabes, que durante todo este tiempo dejaron a los estadounidenses usar sus territorios a cambio de una protección, que a la hora de los mameyes no funcionó. En pocas palabras, con los hierros retorcidos yace también la confianza de poder contar con EEUU.
En el transcurso de los días, EEUU enfrentó la circunstancia, no solo la ya admitida por todos, de que no esperaban tal desarrollo de los acontecimientos, actuando con visible improvisación, sino que, a diferencia de otros conflictos previos, ahora Washington no ha logrado armar una coalición bélica internacional que se respete, excepto Israel desde luego.
Ya se explicó, los árabes involucrados y oportunamente atacados en sus bases estadounidenses, han comenzado a rechazar su alianza con EEUU, y hasta se habla de que sacarán o suspenderán planes de inversiones multimillonarias en aquel país; el golpe económico es como mínimo relevante y también a la retórica trumpista de “inundar” de inversiones extranjeras a su país.
En ese contexto se constata que, por primera vez, tal vez en siglos, puede estar en curso una comunión de intereses que una a los musulmanes, sunitas con chiitas (los iranies). Pueden agradecer a Trump de este milagro, en caso se concrete y se sostenga.
Adicionalmente EEUU ha recibido desde un velado recelo, hasta un rechazo concreto y sonoro desde sus «socios» de la Unión Europea, destacándose España, que le negó el permiso a los invasores estadounidenses usar las bases que tiene en el país ibérico, justo cuando más falta le hace; la frase «no a la guerra», expresada por el jefe del gobierno español, se ha vuelto viral rápidamente. Con tonos menos confrontativos están reaccionando por igual Portugal, Italia, Gran Bretaña, Francia, Noruega, Suecia y desde luego Dinamarca, particularmente vilipendiada por el residente de la Casa Blanca, a propósito de Groenlandia.
Francamente este entorno internacional “hostil» a la invasión emprendida por EEUU, es lo nunca visto desde al menos la segunda guerra mundial. Es cierto que la justificación para atacar a Irán era totalmente risible, que no es una novedad y en otras ocasiones fueron aceptadas, pero ahora también Trump está pagando las facturas de su irrespeto y su ignorante prepotencia, para tratar a los que hubieran sido seguros aliados bajo otras circunstancias.
Sobreviene una pregunta lógica, ¿de que sirvió tantos años de acusaciones, acciones de aislamiento y calumnias contra la revolución iraní?, que virtualmente convirtieron a ese país en un «estado canalla»; ciertamente nada de esto está funcionando.
Otro disparate mayúsculo fue el asesinato del ayatola Ali Khamenei, quien como se ha dicho no solo era el líder supremo de Irán en el orden estatal, sino también el espiritual, de una de las dos congregaciones musulmanas, la chiitia. Khamenei es algo así como el Papa de los católicos para esta denominación religiosa, con millones de seguidores en todo el mundo.
Asesinar al ayatola Khamenei debería aplicársele una suerte de sociología política inversa, según la cual, Trump, siendo fiel a sus concepciones, pensó que al matar al líder, pondría en crisis la conducción de la resistencia y con ello, «en un rato» colapsaría «el régimen tiránico persa». Por el contrario, el crimen resulta probablemente uno de los mayores y quizás un decisivo error político de este conflicto, simplemente Trump o los israelitas, olvidaron aquello de que la guerra es una prolongación de la política, como dijera el mencionado Clausewitz.
En todo caso la errática inteligencia estadounidense ha salido muy mal parada; cómo es posible que desconocieran o subestimaran la existencia del llamado «sistema mosaico”, en virtud del cual el mando persa esta desconcentrado, y prevé hasta 4 eventuales sustitutos en caso muera el principal, después sube el segundo, después el tercero y así sucesivamente, hasta el infinito.
Otra pifia de los «servicios» agresores; las autoridades iranies logran identificar al general iraní Ismail Quani, jefe del Quds (inteligencia) como un espía del Mosad, a quien probablemente descubrieron hace un tiempo, y lo usaron para que trasladara información contaminada, inservible, algo tan viejo como el espionaje mismo.
Ni hablar del fracaso de la CIA/Mosad en los intentos de derrocar al gobierno de Teherán vía una «movilización popular», empleando métodos de guerra no convencional. También aquí se aplica la sociología inversa, la invasión tributa a una mayor unidad de los iranies, incluso a pesar de tradicionales diferencias existentes con las minorías como los kurdas, azeries y baluches. Ahora algunos de sus lideres proclaman el apoyo a Teherán en modo «yihad contra el gran Satan», es decir Trump.
Adicionalmente, sobre Israel se cierne la amenaza de combatientes históricamente aliados de Irán, que operan tanto en el Líbano como en Irak, Yemen o Siria, quienes cada uno por su cuenta, no solo han mostrado disposición a apoyar al gobierno iraní, sino que, según la información pública disponible, ya están combatiendo contra Israel.
Saliendo del auténtico pantano en que Trump ha metido a su país al invadir a Irán, se puede brevemente observar el avispero que se le está creando en su propio país y que paradójicamente podría y debería ser, el frente antibelicista más importante, donde sufra la derrota más estratégica.
El escenario en cierto modo se parece al acaecido tras la invasión a Venezuela, pero dígase que multiplicado por 100. Ya el rechazo en la sociedad estadounidense a este tipo de aventuras bélicas quedó evidenciado cuando aquel episodio relámpago del 3 de enero; por tanto, la sensibilidad social es aún mayor a priori, sin contar los efectos que el propio desastre trumpista están teniendo ahora.
Enumerar todo el impacto en EEUU contra la administración Trump, a solo una semana de la invasión, conlleva mucho espacio. Si destacar la reacción, otra vez en el Congreso, como siempre al margen de las decisiones, no importa que la constitución disponga lo contrario; y en el medio un debate que puede calificarse de surrealista sobre las razones para atacar, es decir destruir el inexistente programa nuclear iraní con fines militares, que el propio Trump aseguró haberlo hecho pedazos en junio del 2025.
También las delirantes contradicciones ante los medios expuestas por altos funcionarios como Mr. Rubio, por caso si Washington tiene un plan o si están actuando en un plano subordinado a Israel. En el trasfondo como sombra acusadora, “la sutiliza» de que la invasión es para tapar el creciente, dígase que imparable, escándalo de los archivos de Jeffrey Epstein.
Y de nuevo aparece el fantasma, de importancia sobre todo electoral, de cómo reaccionaran las bases MAGA ante la olímpica toma de pelo de parte de su líder mesiánico, que prometió cero involucramientos en guerras en el exterior, mucho menos un conflicto que hasta la Casa Blanca admite a regañadientes que puede durar mínimo 8 semanas. También cero «cambio de régimen», algo prometido por cierto por el mandatario estadounidense en su última visita a Arabia Saudita, en mayo del pasado año. Increíble.
Referirse a los efectos en materia económica, que puede tener esta guerra para EEUU, y en general para el mundo, requiere un ensayo con abundantes cifras. Para los invasores tener que lidiar con un gasto de mil millones de usd diarios, que se acompaña de un alza del barril de petróleo, estimulado por el cierre del estrecho de Ormuz, con su deriva en el incremento de la inflación o la caída de las bolsas y sobre todo, quizás lo más relevantes, ¿qué tan herido queda el sistema del petrodólar? ya se ha explicado, si este muere, el colapso financiero del imperio puede ser determinante. ¡Que locura!
Irán está golpeando al enemigo principal, de ellos y del resto del mundo; su victoria, algo no garantizado, pero razonablemente probable, sería un extraordinario aporte al resto de la humanidad: parar la maquinaria bélica descontrolada del imperio decadente y el principio del fin del gobierno de la ultra derecha estadounidense. Ya se ha explicado, el trumpismo no es un accidente, es probablemente la única forma que el imperio tiene para sobrevivir. En redes se puede leer: la operación imperial “furia épica”, se ha trastocado en “fracaso épico”.
(Cuba Sí)
