FRANCIA. Macron volvió a incurrir en el insulto y mostró su menosprecio hacia las clases populares

El presidente francés, Emmanuel Macron, ese engreído individuo que no dudó en gastar 26.000 euros en maquillaje, ha vuelto a abrir la boca para despreciar a las clases populares a las que, por supuesto, nunca ha pertenecido.

No es nuevo en él tamaño desprecio hacia las citadas clases; lo ha hecho muchas veces. En esta ocasión sucedió durante una visita ayer del mandatario al departamento de Correze —centro—, donde dialogó sobre una empresa con dificultades para contratar empleados. A ese respecto, el mandatario francés expresó que “algunos en lugar de armar un burdel, harían mejor con ver si encuentran trabajo allí”.

De esa manera tan despectiva se refirió a un grupo de trabajadores de la empresa GM&S que, aprovechando su presencia en la zona, decidieron realizar una manifestación para denunciar sus precarias condiciones de trabajo. Su despreciable actitud fue criticada por muchos políticos, así como por diversas personalidades.

El “socialista” Stephane Le Foll dijo que “un presidente no debería decir eso”. Valéri Boyer, portavoz del partido conservador, sostuvo que “Macron no deja de expresar su menosprecio por los franceses”.

Por su parte, Alexis Corbiere, del movimiento izquierdista Francia Insumisa, denunció las habituales frases ofensivas del presidente, y su compañero Adrien Quatennens aseguró que el jefe de Estado “no sabe lo que es buscar trabajo, aquí el lío es él”.

La inaceptable costumbre de Macron de despreciar a la clase obrera le viene de lejos. A las empleadas de una fábrica, por ejemplo, les llamó iletradas. En otra ocasión dijo que los jóvenes deberían proponerse ser millonarios. Está claro que para él quien no lo es, es una mierda.

Otro de sus múltiples improperios materializó cuando discutiendo con un ciudadano le dijo a éste que “la mejor forma de conseguirse un traje de lujo es trabajando”.

Hace no tanto tiempo —en julio concretamente—, durante su asistencia a la inauguración de una estación de trenes, Macrón vomitó que en sitios semejantes “uno se encuentra con gente de éxito y también con gente que no son nada”.

Tampoco le gustó que su antiobrea Reforma Laboral fuera criticada y combatida por las masas populares. En medio de las protestas ciudadanas lo dejo muy claro: “No cederé ante nada, ni ante los perezosos, ni ante los cínicos, ni ante los extremistas».

Este despreciable individuo es el presidente de una nación que alardea de Liberté, Egalité y Fraternité, lo que no deja de ser un sarcasmo.

 

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Un comentario

  1. Laura Delfargue

    La «Liberté, Egalitè y Fraternitè» duró en Francia menos que un caramelo en la puerta de una escuela. Francia ha pisoteado ese eslogan a lo largo de toda su historia. Es una mera consigna que sirve para la retórica política, pero que nunca tuvo vigencia ni en Francia ni en Europa ni en ninguna parte.

    Y la prueba de ello es el sistema electoral de las pseudodemocracias republicanas: tanto la francesa como la yanqui. En poco se diferencian Macron de Trump o de Pijodemónt. Macron es el primo francés de Rivera, el niño de los recados del IBex35…

    Nuestro horizonte está, debe estar y estará en otra parte…

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