El presidente francés, Emmanuel Macron, sacó pecho y fragata rumbo al Estrecho de Ormuz. Así lo anunció el pasado lunes. Dijo que su país lideraría desde ese mismo momento una misión “puramente defensiva” para la reapertura progresiva del Estrecho de Ormuz, enclave decisivo entre Europa y África bloqueado por Irán en el marco de su legítima respuesta a la agresión que sufre por parte de Estados Unidos e Israel.
Pero la bravata del lobo Macron se ha desinflado y ahora se ha vuelto a dejar ver con la vestimenta y el papel real que le corresponde: el de Caperucita. Ya las fauces del lobo ocasional han quedado de nuevo ocultas. Y es que Irán es Irán.
Resulta que dos días después de su amenazante anuncio, ayer miércoles, reculó y expresó que “no se cumplen las condiciones” para llevar a cabo una misión militar que garantice el comercio marítimo en el estrecho de Ormuz, al que se refirió como “una zona de guerra”. Macron quiere…, pero no puede.
