FRANCIA. Los servicios de inteligencia advierten de una radicalización de la contestación social cuando acabe el confinamiento.

Los servicios de inteligencia franceses avisan de una radicalización de la protesta social en el país tras el fin del confinamiento. 

Algunos colectivos aparecidos recientemente han comenzado a llamar a movilizaciones contundentes conforme vaya pasando el periodo de reclusión. “No confinarán nuestra rabia. ¡Salgamos a la calle cuando acabe el confinamiento! ¡Pongamos al poder en cuarentena!”, dicen algunas consignas. Otras voces llaman a la unión de luchas entre diferentes sectores como los gilet jaunes y el sector sanitario.

El diario Le Parisien ha tenido acceso a notas confidenciales del servicio de inteligencia. «El confinamiento no permite las manifestaciones, pero la ira de la sociedad no se debilita y la gestión de la crisis, que está siendo muy criticada, alimenta la protesta», subraya la policía.

Según van pasando las semanas la sociedad francesa se muestra cada vez más crítica con la gestión del gobierno francés en la crisis del covid-19. Son más de 130.000 los infectados, casi 15.000 las personas muertas y hasta finales de marzo los fallecidos por coronavirus en las residencias de mayores no estaban siendo contabilizados. Según algunas encuestas, una gran mayoría de franceses piensa que el gobierno ha ocultado información, que no ha actuado a tiempo, que no está dando los medios necesarios a la sanidad y que no se está comunicando con claridad.

Los profesionales de la sanidad del país se quejan de la falta de máscaras y tests de detección del virus. Además, juzgan que las medidas de confinamiento, puestas en marcha el pasado 17 de marzo, son insuficientes. El Gobierno francés envía mensajes contradictorios: mientras llamaba a votar en las municipales (15 de marzo), invitaba a las personas de mayor edad a quedarse en casa. Insiste en que esta es la pandemia más peligrosa de los últimos cien años a la vez que insta a los franceses a ir al trabajo si pueden.

La pandemia en Francia está afectando especialmente a la región del Gran Este y a la región parisina Île de France. En esta última, las zonas de la banlieue son las que más sufren; las afueras de la capital, con una alta densidad de población, mayoría inmigrante, ingresos bajos, servicios públicos deteriorados y una exclusión social creciente.

Igualmente cabe destacar unas clases medias empobrecidas, en pequeñas ciudades y en el entorno rural, que no pueden permitirse el teletrabajo y que están sufriendo mucho las consecuencias del confinamiento. Un espectro de la formación social francesa en el que el movimiento de los chalecos amarillos tuvo mucho arraigo.

La policía francesa teme que las organizaciones revolucionarias aprovechen el contexto para aumentar el odio hacia ellos. «La policía representa una amenaza mayor que el mismo virus», dicen en algunas webs. «El confinamiento está siendo utilizado para hostigar, vigilar, humillar e incluso asesinar a quienes ellos identifican como el verdadero peligro para el poder: los habitantes de las zonas pobres»

Tras meses de movilizaciones sostenidas por parte de los gilets jaunes e importantes huelgas generales al inicio de este invierno, parece que el pueblo francés seguirá estando a la altura. Ojalá nosotros aquí también.

Fuente: Le Parisien

 

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