FERNANDO BUEN ABAD. Un bastión moral llamado Cuba

En cualquier balance afectivo e intelectual (juntos o separados) que hagamos en América Latina y el Caribe, encontraremos a Cuba como referente infaltable y como deuda impagable. No son pocos los protagonistas políticos, intelectuales o artísticos que no tengan, en su vida y obra, una fuente referencial originaria de Cuba. Quienes crecimos con la Revolución, que supimos de ella con sus victorias y sus tropiezos, tenemos la ganancia especial de su ética de su resistencia expresadas en todas sus batallas. Cuba nos enseño la importancia del ser y el hacer revolucionario a pesar de todos los pesares. A pesar, incluso, de las diferencias y las indiferencias. Cuba estuvo y Cuba está ahí, siempre firme. Entiéndase aquí el concepto Moral como lo entendía Sánchez Vázquez: https://marxismocritico.com/2015/03/12/moral-y-politica-adolfo-sanchez-vazquez/ 

Es inimaginable la “izquierda latinoamericana” sin la influencia, desigual y combinada, que Cuba implica en la hora de entender el presente continental y las tareas del futuro inmediato. Es inimaginable la “Patria Grande” sin el fulgor revolucionario de Cuba en las horas decisivas para la unidad continental y en las horas cruciales de las luchas “particulares”.

No es sólo la figura de Fidel (por sí sola una herencia monumental de teoría y práctica), no es sólo el papel de Raúl, estratega y soporte de mil tareas; no es sólo Camilo y el Ché con la didáctica de la acción sin dobleces… es también “Casa de las Américas”, es la Revolución Agraria y la Urbana. Es la Revolución de la Salud y de la Educación, la Revolución de la Ciencia, la Revolución de la Filosofía, la Revolución de la Poesía y de la Canción… la resistencia y la inteligencia para vivir viviendo la dignidad. Y nada de esto sin debates, sin dudas o sin reconsideraciones.

Así, aprendimos que el amor a Cuba (entre otros “requisitos”) incluye el odio al bloqueo; que no se puede hablar de Cuba sin un balance preciso de lo que ha perdido (lo que le han arrebatado en lo objetivo y en lo subjetivo) por el “embargo”. No se puede, no se debe, hablar de Cuba sin una estimación correcta del valor moral que representa, casa por casa, poner cara a todas las adversidades y defender organizadamente la praxis revolucionaria contra toda la ofensiva económica, política y mediática que no se ha detenido, ni un segundo, desde el triunfo de la Revolución con sus “barbudos”.

Y también, bajo los acosos de todo tipo, Cuba desarrolló su proyecto democrático decidida a fijar parámetros propios y a jugarse la vida política en diferenciándose de todos los formatos hegemónicos y de cierta incapacidad pertinaz de algunos para entender otras formas de la vida democrática, en las condiciones históricas concretas, sin los formularios predominantes. También en esto le ha llovido metralla con algunos “misiles” de “fuego amigo”. En todo caso es un debate abierto… como debe ser.

Cuando se habla de la economía cubana concurre toda suerte de valoraciones, especulaciones y equivocaciones. Juntas o  por separado. Algunas, con cierta suficiencia doctoral, se sienten habilitadas para desplegar sus recetarios teledirigidos para constituirse en autoproclamados Mesías de las soluciones perfectas. Al otro lado de la irracionalidad abundan los que sueñan una Cuba “abierta de par en par”, claudicando soberanía y principios socialistas. No faltan los “términos medios”, componedores o conciliadores, que suponen posible un poquito de capitalismo y un poquito de socialismo para un coctel moderado plagado con espejismos y trampas. Pero es potestad y prerrogativa del pueblo cubano indagar y probar toda suerte de soluciones que, en las condiciones concretas y sin acostumbrarse a ellas, garantice los requisitos indispensables para una vida buena y digna sin rescindir principios y sin abandonar la lucha por el socialismo. “Con la Revolución todo, contra la Revolución nada”. Y el imperio a unos cuantos kilómetros.   

Así que uno no puede ni debe quedarse indiferente, o sólo expectante, ante el proceso electoral cubano con todo lo que eso implica y con todo lo que eso nos involucra. Es, aunque algunos no lo sepan o algunos no lo quieran, también un proceso de trascendencia continental e histórica, que reclama a los pueblos atención y solidaridad patentes desde cada rincón y hasta los corazones ejemplares del pueblo revolucionario de Cuba. Es preciso un acuerdo político desde las bases, para explicar, paso a paso, lo que en Cuba sucede (y suceda) y es imprescindible una acción comunicacional organizada que deje saber a los cubanos cómo sentimos y vivimos sus decisiones cruciales con la envergadura y la vigencia de la Revolución cubana… Revolución amada, también, nuestra.

La única expresión válida para Cuba es la participación internacionalista y enérgica de los trabajadores, de su pueblo. Su intervención directa en los problemas que se suceden sin cesar y el fortalecimiento de las fuerzas e instrumentos para organizarse, siempre con base en métodos de formación avanzada. Dar vigor renovado a las asambleas, los consejos obreros y distritales sin privilegios ni burocratismos. Profundización de una democracia viva y directa, ejercida como expresión que esculpe la historia y del partido para no reducirse a la sola elección de personas y coyunturas. Que el pueblo gobierne al pueblo, de manera masiva y trasparente en elecciones periódicas y con un programa dinámico capaz de disponerse, desde su método, a perfeccionarse permanentemente. Democracia contra el  bloqueo y los errores, democracia dialéctica de una Revolución cultural y educacional, convertida en sufragio y viceversa, democracia participativa y protagónica de escrutinio permanente en todos los niveles. Consulta seria y organizada en todos los ámbitos de la política económica y la práctica sistemática de la voluntad colectiva.

Cuba es una insurrección de dignidad permanente convertida en didáctica serena, consejera de ideas y de acción vivificante.  Es un puente tendido entre la Revolución de un pueblo decidido a ser libre y las luchas que se miran en su espejo para madurar sus rebeliones. Cuba es más grande que el bloqueo, que todos los bloqueos, porque se hizo de cimientos históricos propios para perpetuarse en su renovación empecinada de futuro. Porque, lo dicho, a pesar de todos los pesares, de las agresiones y los atropellos, ahí está Cuba con su bandera Socialista al viento agitándose bailarina y saludo, de cara a la historia y de la mano de los pueblos que, con los pobres de la tierra, ha querido echar su suerte. Voluntad férrea, Cuba hermana, bastión de moral en pie de lucha.

 

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2 comentarios

  1. De Cuba hemos de aprender muchísimo, pero también hemos de estar alerta de sus recaídas y ser solidarios en todo momento con el país más digno de la Tierra en estos momentos.

    Hemos de ser comprensivos con sus debilidades, pero ayudándoles a comprender que otra salida revolucionaria existe al infierno del miserabilismo egoísta del pornocapitalismo tanatocrático.

    Cuba es una isla rodeada por todos lados de desolación. Y algunos de sus maravillosos ciudadanos se deslumbran con los destellos que les mandan los turistas y los propios cubanos que viven fuera de la isla. Y hay que estar en esa lucha, pues no todo lo que hay fuera es oro ni reluce como tal. Aunque la contraRevolución miamense así lo pregone a todas horas. Eligiendo a aquellos casos que han «triunfado» fuera en negocios de dinero fácil. Por cada cubano que ha tenido éxito fuera de Cuba, debemos presentar 100 casos de cubanos que se han dado con la realidad de bruces y ahora habitan en la mayor de las miserias en el «maravilloso» mundo del pornocapitalismo insolidario y tanatocrático.

  2. dianaSUBVERSIVA

    También sería exigible que tomásemos de nuestros propios errores y aprendiéramos a corregirlos.

    En Cuba está casi todo por hacer después de casi 60 años de Revolución. Y habría que aprender a gobernar de otra manera mucho más cercana a las realidades populares.

    La Reforma Urbana de los años 60 fue necesaria. Pero hoy se debería poder utilizar el poder que tienen las empresas hoteleras multinacionales (como la Melia sin ir más lejos) para dar alojamientos a los cubanos que necesitan reparar, reformar, arreglar su vivienda. Cómo. Haciendo un Plan Cubano de Emergencia Habitacional.

    Y en ese tiempo darle a la propia ciudadanía cubana la experiencia de poder habitar en los hoteles de la isla. Mientras tanto habría que hacer un Plan Nacional de Trabajo Voluntario para acometer una nueva red de alcantarillado, de canalización de agua potable domiciliaria, de construcción de depuradoras de aguas residuales, así como desalinizadoras para poder usar el agua de mar en tareas de irrigación y acometida de aguas,… etc y etcétera.

    Se tarta de hacer de Cuba una potencia revolucionaria que le dé sobre todo a su población un trato efectivo, eficaz y ecológicamente sostenible.

    La red de hoteles de Varadero, Los Cayos, etcétera es más que suficiente para llevar a cabo una Revolución Urbanizadora acorde con los tiempos.

    Para todo ello la Revolución debe darle armas suficientes (me refiero sobre todo a conocimientos y materiales) a su población. Que haya canales de confianza mutua. Para que la Revolución cubana no se quede en un mero recuerdo de Museo arqueoideológico de las Ideas. Hay que aprender a ilusionar a las nuevas generaciones: el impulso revolucionario no se debe agostar, no debe morir con la muerte física de la Generación del centenario que con tanta inteligencia y valor desafiaron a la Historia poniéndola de la parte de los humildes y los desposeídos.

    En Cuba hay inteligencia para dar y regalar. Por eso es imprescindible que ese fuerza ética no se pierda actualizando sus conquistas.

    No sólo existe un Eusebio Leal que con sus conocimientos ha sabido recuperar parte de la Habana Vieja. En Cuba sobra el talento. Hay muchos como Eusebio Leal. Y hay que empoderarlos para hacer de cada rincón cubano un lugar aún más hermoso y hospitalario.

    Quedan muchas cosas aún por hacer. Y estoy seguro que con voluntad y empeño se harán.

    De esa forma la luz revolucionaria de la Isla más solidaria y acogedora del mundo no se extinguirá.

    Los huracanes no se pueden seguir encontrando en Cuba casas a punto de ser derruidas. Si al lado de esas ruinas existen Hoteles imponentes hemos de dar con las fórmulas subversivas necesarias para que esas fortalezas sean habitadas por lo mejor de la isla: su población.

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