ETA dijo que dejaba las armas en manos del pueblo; diez meses después están en poder del Estado

El 7 de abril de 2017, la víspera del acto simbólico que reunió a muchísima gente frente al Ayuntamiento de Baiona (Iparralde), así como de que los ocho zulos con armas fueran puestos a disposición del Estado francés, ETA emitió un comunicado en el que decía: «Tomamos las armas por el pueblo vasco», añadiendo después, «y ahora las dejamos en sus manos para seguir avanzando dando pasos al objeto de lograr la paz y la libertad de nuestro pueblo».

No poca gente acusó a la organización de mentir. Y tenían razón, ya que era evidente que las armas no pasaban a manos del pueblo, sino a las del Gobierno español vía policía francesa. Y es que el pueblo lo único que hizo fue ejercer de testigo de una rendición sin condiciones, aunque entonces, entre otras, se utilizara la palabra dejación para salir del paso.

Hoy se ha sabido que, el pasado domingo, el Gobierno francés entregó al español más de medio millar de todo tipo de armas de ETA. Junto a ellas, también varias toneladas de documentos policiales relacionados con la organización y que ya han sido utilizados por los tribunales del país vecino.

Al parecer, esta entrega de armas es la primera que se produce por parte del Gobierno galo, y se ha llevado a cabo en una operación mucho más amplia en la que efectivos policiales trajeron desde París dos tráilers con el mencionado armamento, la documentación y el diverso material sobre las investigaciones policiales y judiciales de Francia contra la organización hoy ya desarmada.

Fuentes del Ministerio del Interior han asegurado sentirse optimistas de que el citado material sirva para arrojar luz sobre algunos de los más de 300 atentados aún no esclarecidos.

Si a través de esas armas se puede saber quién y en que atentados se utilizaron, al ponerlas en manos del Estado, ¿no estaríamos hablando de delación por parte de la organización?

Con ETA ya desarmada —una decisión legítima que decidieron sus militantes—, lo que tenemos es un Estado cada vez más fascista y represivo que nunca se desarma. Los presos siguen dispersos y en las cárceles —pues no han liberado siquiera a los que están gravemente enfermos—. Una coalición repleta de socialdemócratas, visiblemente acomodados en el sistema, apuestan por unas instituciones que no permiten ningún cambio real —lo estamos viendo en Catalunya—. Y, mientras esto sucede, el movimiento popular ha quedado prácticamente desactivado.

Esta nota no quiere reprochar nada a nadie, tan solo recordar cual es la situación y cómo están las cosas. A pesar del discurso triunfalista de quienes tanto defienden el “cambio de estrategia” experimentado, el panorama político actual no es nada halagüeño.

 

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