¿Están también los trabajadores en estado de alarma? (Reportaje)

El 15 de marzo, el presidente Sánchez anunció que el gobierno decretaba el estado de alarma. Empezaba entonces un confinamiento flexible, en el que, explicaba Sánchez, había ciertas excepciones. Una de ellas: se podía salir en “los desplazamientos para trabajar”. Podía pensarse entonces que se trataba de aquellos trabajos imprescindibles para el desarrollo de la vida social. Nada más lejos de la realidad.

En los hechos, el gobierno ha dejado al albur de los empresarios la decisión de cerrar o no. Y así, mientras la epidemia y sus víctimas mortales se multiplican dramáticamente en nuestra sociedad, numerosos trabajadores son obligados a exponer sus vidas para ir a puestos de trabajo no esenciales.

Conocidas son las imágenes del metro de Madrid atestado de personas yendo a trabajar. En esta ocasión, desde El Flamenco Rojo hemos querido hablar con diversos responsables de acción sindical del SAT que están realizando una labor imprescindible, aquí por el sur, estos días.

¿Qué está sucediendo?

Nos hablan de Procavi, donde los empleados trabajan hacinados, a pesar de que Ismael Sánchez, responsable de Acción Sindical del SAT, ha hablado hasta con el alcalde de Marchena. Nos hablan también de Konecta, de Sitel, de Alestis, de Khuene Nagel, de almacenes…

Son innumerables las empresas que prosiguen abiertas. También los casos de despido. Ismael atiende cada día más de 20 casos. Santiago Caro y Juanma García gestionan los teléfonos de asesoramiento del Grupo de Acción Sindical. Santi nos cuenta que atiende más de 15 llamadas diarias. “El primer día fueron casi 30, y el segundo también una barbaridad que no conté”, nos cuenta por su parte Juanma.

Los tres coinciden al destacar que los casos más comunes que se les presentan son ERTES, despidos, gente a la que mandan a sus casas sin documentación ninguna, temporales a los que quieren cesar antes de tiempo, gente expuesta a trabajar sin medidas de seguridad…

“Lo más condenable es cómo exponen a trabajadores a una pandemia como la que estamos viviendo, en algunos casos sin respetarse las medidas de seguridad impuestas como el metro de separación, mascarillas, guantes; y todo por enriquecerse”, nos cuenta Ismael.

Santi asiente y nos habla de una trabajadora del telemarketing a la que están obligando a ir a trabajar. “No respetan la distancia de tres metros entre compañeros, no les dan mascarillas ni guantes. Aquello es un foco de contagio altísimo y, además, está chica tiene a un paciente de riesgo en casa”, nos relata.

Ismael, visiblemente apesadumbrado, prosigue explicándonos que “las medidas de este gobierno están siendo bastante escasas e irresponsables, ya que se sigue exponiendo a trabajadores todos los días en sus puestos de trabajo”. Santi añade: “Las residencias de ancianos y los hospitales no tienen material suficiente para trabajar. Tienen que fabricarse sus propias mascarillas. De vergüenza”.

Es de destacar que Ismael y Santi son dos de los trabajadores que fueron despedidos por Alestis estando en huelga; y que, hasta el mismo decreto que les impedía concentrarse, han estado durante meses manteniendo una lucha ejemplar junto a sus compañeros. Curioso: el decreto sirve para que estos trabajadores no se concentren, pero no para que esta y otras empresas detengan toda producción no estrictamente esencial. Emocionante: incluso en tales circunstancias personales, estos dos compañeros siguen ayudando todo lo que pueden a otros trabajadores en aprietos.

“No tiene ningún sentido que la gente se quede en casa pero se aglomere en los centros de trabajo, siendo ellos los mayores focos de propagación”, comenta Ismael. Juanma lo apoya: “parece que la propagación del virus solo importa de cara a la galería, que el gobierno solo quiere dar la imagen de que está haciendo todo lo que puede, pero que en realidad solo importa lo de siempre. ¿Por qué siguen abiertos call centers con trabajadores pegados unos a otros, tratando de venderte un seguro o de cambiarte la tarifa de Internet? No son cosas de primera necesidad, pero a lo mejor lo que verdaderamente importa son los accionistas de esas empresas y no quienes trabajan en ellas”.

¿Y las promesas del gobierno?

Los sindicalistas se preguntan por qué el gobierno no decreta ya un confinamiento real, como están pidiendo ya incluso los científicos. Desde El Flamenco Rojo les damos la razón y les recordamos que el martes 17 de marzo el gobierno anunció un paquete de medidas económicas, calificadas por Unidas Podemos como “escudo social”. “El paquete nos lo han metido a nosotros”, bromea Juanma, que habla de un nuevo “rescate encubierto”. Alude a que se les van a inyectar a las grandes corporaciones otros 100.000 millones de euros en líneas de crédito, aplazándoles el pago de impuestos y posibilitándoles ERTES exprés.

Juanma sonríe y parece tranquilo, pero preocupado. Nos habla de los ERTES: “de cara a la galería, parece que todo seguirá bien, que el paro no te va a restar de lo que tengas acumulado y que, aunque cobrarás un poquito menos estos días, te apañas… pero luego la realidad es que no cogen el teléfono en el paro, que la web no da citas y que hay muchos casos de trabajadores que cobraban en mano y no saben cómo cobraran el mes que viene”. La incertidumbre es la norma.

“Esto le vino genial al gobierno para justificarse en caso de que nos encontremos con la crisis que ya veníamos advirtiendo que se avecinaba. Querrán recortar”, nos expone Juanma. “En las pequeñas y medianas empresas va a ser y está siendo una ruina total, tanto para sus trabajadores como para ellos mismos”, nos comenta por su parte Santi. Ismael teme despidos masivos y añade: “espero que no haya recortes en lo público, porque entonces no habríamos aprendido nada de que la sanidad pública tiene que ser uno de los bienes más valorados de este país, como la educación”.

¿Qué alternativas hay?

Comentamos que, en el actual contexto, queda más claro que nunca quién realmente produce y sostiene a la sociedad (enfermeras, limpiadoras, tenderos, transportistas..). Les pedimos que nos hablen de las alternativas.

Santi lo tiene claro: “cerrar el espacio aéreo y el cierre casi total de las carreteras. Pienso que con esa medida se combatiría mejor al virus”. Ismael, por su parte, propone tres medidas: la intervención de los centros donde se vulneren las medidas de seguridad sanitarias, la prohibición tajante de toda violación de derechos y medidas sociales para la clase trabajadora, como la paralización de los pagos de hipotecas, de los alquileres o de las facturas de luz, agua y gas.

Juanma considera que “a la banca todo esto no le afectará en nada, porque seguiremos nosotros pagando la deuda de las narices, y más aún si se incrementa con todo esto”. Ismael lo apoya: “la repercusión que tendrá en las empresas y en la banca no será tan negativas como las que tengamos los trabajadores, ya que a ellos serán los primeros en rescatarlos y protegerlos”.

Santi trasluce desesperación, pero, como el luchador incansable que dicen que es, rápidamente recupera el impulso. “Encima van a tener la suerte de que, por culpa de este virus, la gente no va a poder luchar por sus derechos en las puertas de las empresas. Lo que tenemos que estar es preparados y organizados”.

 

Fuente: El Flamenco Rojo

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