ERNESTO GONZÁLEZ. El dulce pájaro de la libertad

El concepto de libertad que la cultura dominante ha impuesto en enormes regiones, y quisiera acabar imponiendo en todo el mundo, me recuerda a esos inolvidables personajes de Tennessee Williams, que evocan el fracaso disfrazado de éxito, la soledad en compañía (ahora virtual), y el sostén de las apariencias al costo que sea, entre otras muchas construcciones que contribuyen al sufrimiento humano.

Esgrimir la restricción de libertades y salir incluso con armas a retar las indicaciones de los científicos, es expresión de un condicionamiento detrás del cual hay infinitud de intereses. Siempre ha sido así. Lo que ahora se ha abierto la válvula de la contención y de cuidar la imagen de demócrata “nice”.

Facilitar un diálogo auténtico y permanente entre “reclusos¬” y “guardianes”, donde se aclare el camino y se encuentre un término medio entre la salud de la gente y las urgencias económicas, es completamente imposible con un presidente de un ultra nacionalismo descaradamente proclamado y un egocentrismo despampanante que ha trasladado a la política y a un considerable sector descerebrado. Han desaparecido los matices. Estás conmigo o contra mí.

La Libertad siempre ha sido una amenaza para los guardianes del orden «defensor del condicionamiento». No hay mejor arma que condicionar a la gente, hacerla creer, porque puede «optar» que ha alcanzado una infinita libertad que no existe. O empujarla a deslumbrarse con la tecnología, cuando el nivel de comunicación real empeora. O a creer que vive la mejor vida posible porque puede hartarse de carne llena de hormonas y comprar ropas de nombres fulgurantes.

El control de estímulos, su asociación con patrones específicos de comportamiento y la puesta en práctica de operaciones que aumenten la frecuencia de respuestas del receptor, están entre las técnicas de manipulación inherentes al consumo desaforado y carente de prioridades, puramente mecánico. Y así, además, se han adueñado de las elecciones “democráticas”.

El documental El gran Hackeo, sobre el “escándalo” del uso de datos de millones de usuarios de Facebook, por la consultora inglesa Cambridge Analytica, para apoyar el Brexit y luego las elecciones en USA, no ha resultado en ninguna conversación nacional para un cambio de fondo. Al menos, no me he enterado.

Por el contrario, la libertad continúa su andar aparentemente afortunado. A quien se atreva a hablar de ciertas inconveniencias como esas, se les da una orden presidencial: Al que no le gusta lo que ve, que se marche a vivir a otra parte. Se ha vuelto una consigna que desde abajo un sector repite como si fuera zombi. Acusan a los demás de hacer lo que tan cínicamente aplican. Ya no les interesa la imagen “nice”, y aparentemente tampoco la “democrática”.

Pero hay una mayoría harta. Formada por todos los colores y edades. De variados orígenes y estratos. Es que hasta la libertad de condicionar, incluso con tal inmensidad de recursos y trucos, parece tener sus límites.

Juraría que de vivir hasta el presente, a Tennesse Williams, junto con su amiga, la genial Carson Mc Cullers, y tantos otros incomparables dramaturgos estadounidenses, los hubiera ahogado la indignación por lo que acontece. Porque sabían que los mundos turbios de sus personajes eran reflejo de la realidad en que se hallaban inexorablemente envueltos y que, a su vez, en un ciclo perturbador, esos seres retroalimentaban.

Un condicionamiento sistémico, que incluye al racismo y además a otros hierbajos sociales necesitados de poda urgente. Esa respuesta autómata ante el estímulo, es la prisión perfecta para un prisionero que no se da cuenta de su encierro. ¿Podríamos pensar en algo más perfecto que eso?

 

*Ernesto González (Colón, Matanzas, 1954) ha publicado poemas, cuentos y artículos en el área de Chicago, donde enseñó español en la Universidad East-West y en la academia Cultural Exchange. Fue asesor de la prueba de eficiencia de español de la editorial Riverside Publishing y traductor del periódico Hoy del Chicago Tribune. Sus obras han salido bajo los sellos Cuban Artists Around the World y Booksurge. Están disponibles en amazon.com. Su novela “Bajo las olas – Tras las huellas brumosas de Marguerite Yourcenar” ha sido recientemente publicada por Ediciones Extramuros, La Habana.  

 

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