EDITORIAL. ¿Enganchados al botellón? ¿Por quién?

Decenas de miles de personas asocian el ocio, en buena medida, al famoso botellón (quedadas en grupo para beber). Una marea humana cada fin de semana acude a lugares acordados, en lo que para muchos representa su única participación en algo organizado. Sin entrar a valorar la posibilidad de que exista (y se pueda practicar) otro tipo de ocio, sí llama paralelamente la atención desde hace mucho tiempo, el desapego a cualquier forma de organizarse que tienen miles de jóvenes. Será una cuestión casi generacional pero es difícil verlos masivamente en movilizaciones, no se sienten atraídos por luchas, reivindicaciones, actos solidarios y concentran su atención en el ocio con forma de botellas.

Que esta forma de disfrute sea mitigada ahora por el SARS, les provoca indignación, estupor, ira e incluso violencia a los afectados. Es fácil imaginar lo ilusionante que sería (y qué problema para el régimen) que esos estados de ánimo fueran consecuencia de ver y padecer injusticias, y futuros difíciles con olor a emigración… y que se tradujera todo ello en luchas sociales organizadas.

¿O será que a alguien no le interesa y hace lo posible para que no ocurra?

 

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