Endavant: «La práctica movilizadora es imprescindible para construir organización. No hay red social que la pueda sustituir»

Era una de las entrevistas más esperadas para una persona que, como yo, no oculta sus simpatías y afinidad con Endavant, partido marxista de liberación nacional e independentista catalán. Las aportaciones de Endavant a la CUP son innegables, aportaciones que han hecho que el proceso catalán, siga trascurriendo por la senda de «Independencia para cambiarlo todo».

Hemos planteado varias preguntas a Endavant, que espero pongan luz sobre el actual momento político de la CUP y de los Països Catalans.

La primera pregunta es de una actualidad urgente… el juicio por el 1‑O condenará a quienes se sientan en el banquillo… ¿Qué repuesta pensáis que debe dar el pueblo a esta agresión, en realidad a la totalidad del pueblo?

-—Una respuesta lo más contundente posible y que además sirva para poder pasar otra vez a la ofensiva en el enfrentamiento con el Estado.

También nos gustaría subrayar que las personas enjuiciadas en este juicio no son las únicas personas reprimidas a causa del 1 de octubre. Son miles y miles de personas las que han sido o están siendo objeto de investigación judicial por haberse movilizado el 1 de octubre y también en la lucha antirrepresiva posterior. Y muchas de ellas están acusadas directamente por la propia Generalitat a través de los Mossos d’Esquadra. Es una de esas contradicciones que se hacen difíciles de digerir. Hay casos de personas, como el colectivo «9 de Lledoners» que afrontan peticiones de cárcel de la propia Generalitat como acusación particular por haberse manifestado delante de la prisión de Lledoners por la libertad de los presos políticos. La respuesta antirrepesiva que nosotros proponemos queremos que englobe también todos estos casos. La solidaridad no puede dejar nadie atrás.

Por otra parte, está la lectura política de lo que ha pasado. El balance crítico del octubre catalán. Hacerlo está costando mucho, porque algunos de los principales responsables de la estrategia gubernamental están en la prisión y afrontan peticiones de penas durísimas. Pero siempre decimos que ni la solidaridad antirrepresiva puede impedir la crítica política, ni la crítica política puede impedir la solidaridad antirrepresiva.

—Desde la distancia da la impresión que la Generalitat y el reformismo del PDCat y ERC apuesta por una especie de rendición y pactar un estatus que para nada sería la soberanía. ¿Lo veis así? ¿Cómo pensáis que se puede contrarrestar esto?

—Es esto, efectivamente. De hecho, este ha sido el juego del procés desde el gobierno y los partidos que conforman el soberanismo gubernamental. Agitar la calle para forzar al Estado a negociar. ¿Negociar, qué? Los sectores más ingenuos de estos partidos creían que podrían negociar un referéndum de autodeterminación, pero los sectores vinculados al poder, que lo han gestionado, que han sido parte y puntal del Estado, estaban pensando en una renegociación del autogobierno.

El 1‑O fue una conquista de la gente, un impulso de la calle que no entraba en los planes gubernamentales pero que se fue situando como horizonte de ruptura desde la calle y, también, desde el papel de la izquierda independentista en el parlamento autonómico. La gente hizo el 1‑O y pensó que el gobierno autonómico haría el resto. Pero lo que hizo el gobierno autonómico fue intentar abrir una negociación. Perdió la iniciativa y el Estado la recuperó. Desperdició el capital acumulado en la calle.

De hecho, no podía haber sido de otra forma teniendo en cuenta los partidos que conformaban el gobierno. El viejo autonomismo reconvertido en independentismo liberal, muy vinculado a la burguesía media y a multitud de intereses económicos privados y concertados era imposible que pusiera en riesgo todos estos intereses. Esta es su contradicción: querrían una Catalunya independiente sin que cambiase ninguna correlación de fuerzas en la sociedad catalana, sin que ningún poder económico perdiera ni un ápice de sus privilegios. Y esto es imposible, y se vio en aquel octubre. La independencia supone cargarse todo el edificio institucional que garantiza el status quo. Y aunque no lo reconozcan, optaron por mantener la autonomía, acatando el 155 desde todos los cargos políticos de la administración y después renunciando a todo para recuperar el gobierno.

En esta nueva fase asistimos a un doble fenómeno: un aumento del cuestionamiento dentro del independentismo del papel y la estrategia jugada por ERC y PDECat y a la vez un mantenimiento de los buenos resultados electorales de estos partidos. Aunque parezca contradictorio, no lo es. Ante la amenaza de un gobierno autonómico liderado por Cs, o ante la constatación que si se afloja el Estado no pasa por encima aún más de lo que ha hecho, la base social independentista sigue apoyando masivamente al soberanismo gubernamental. Está por ver que el invento les aguante. Vienen las sentencias, están regalando el apoyo al PSOE a cambio de nada, el Estado no tiene nada que negociar y puede que venga otra crisis social y económica.

—Quizá para lograr los objetivos estratégicos de independencia, feminismo y socialismo se deban dar saltos cualitativos… ¿Pensáis que se dan las condiciones para que la lucha de liberación catalana los dé?

—Una de las muchas cosas buenas que queda del 1‑O es el nivel de concienciación y politización de amplias capas de la población trabajadora catalana. En los Països Catalans, antes de esta crisis, el Estado gozaba de una amplia legitimación: apoyo a la constitución del 78, apoyo masivo a los dos grandes partidos y a CiU, etc. Después de esta crisis los Països Catalans son quizá el territorio donde el Estado actualmente tiene más contestación. Un dato: en 2015 todas las autonomías y todos los principales ayuntamientos de los Països Catalans quedaron en manos, total o parcialmente, de fuerzas políticas que decían que iban a acabar con el régimen. Y no dentro de veinte años, sino en aquella misma legislatura. Luego ya se ha visto en que ha quedado todo, pero entonces la gente apoyó masivamente a partidos que prometían esto.

El gran problema ha sido que mucha de la gente movilizada lo hacía bajo el prisma del democratismo y de la sobredimensión de la fuerza de la opinión pública. «No podrán hacer oídos sordos a millones de personas que reclaman autodeterminación», «Europa no va a permitir según que astracanada del Estado» eran frases que se oían muy a menudo. Y que la mayoría de la gente compartía. A partir del 1‑O todo esto se vino abajo y mucha gente descubrió el verdadero rostro del Estado y de la Unión Europea. Además, en casi diez años de crisis la gente ha visto cómo el poder económico salía indemne y como millones de personas que se movilizaban contra los desahucios no contaban para nada al lado de los intereses de los bancos.

Lo que queda por ver es si esto se traducirá en desmovilización o si esos aprendizajes van a dar alas a una estrategia de acumulación de fuerzas y construcción de poder popular. Sin una clase obrera organizada de verdad y con capacidad coercitiva real, va a ser imposible poner al Estado verdaderamente contra las cuerdas.

—Se decía que tras las elecciones la CUP entraría en una reflexión estratégica de calado… no sé si podríais avanzar algo.

—La reflexión se viene dando desde octubre de 2017, pero con grandes dificultades. Antes comentábamos la dificultad de hacer un balance en un momento en que el blanco de las críticas recaerían sobre la mayoría de presos políticos. Pero también hay una enorme dificultad en cambiar de estrategia después de lo vivido hasta que se cierra la última oportunidad. Mientras hubo oportunidades abiertas de volver a desbordar la calle, en 2018, era muy difícil plantear un cambio de rumbo. Aunque estas oportunidades tuvieran pocas opciones objetivas de salir bien. Y finalmente está la dificultad de acometer cambios en un contexto de resultados electorales estancados para una organización, la CUP, que hasta hace un año doblaba o triplicaba votos a cada elección a al que se presentaba.

Lo que es seguro es que la reflexión no se produce a partir de los resultados electorales, aunque eso sea lo que se diga la noche de las elecciones. Se produce porque el contexto no da para más. Porque el trabajo militante necesita nuevos objetivos tácticos, nuevas orientaciones. Porque sabemos que es irreal pensar que se puede aplicar la República mañana porque el Diari Oficial de la Generalitat publique la declaración de independencia, pero observamos con preocupación cómo el escenario es el de una Restauración, con el PSOE en Madrid, ERC y PDECAT compitiendo por ser una mezcla de PNV y Scottish National Party a la catalana que gobierne la autonomía sine die.

En Endavant ya hemos planteado algunas ideas para la reflexión estratégica, tanto en nuestra Asamblea Nacional de febrero de 2018 como en la publicación, ahora, de un documento titulado Un nuevo camino hacia la República de los Països Catalans, el socialismo y el feminismo. Otras organizaciones también han hecho sus reflexiones y ahora tiene que ponerse en marcha un debate de movimiento.

—Como partido político de corte marxista, de liberación nacional, feminista…. ¿Pensáis que los valores que albergáis están siendo asimilados por la sociedad catalana… o como sociedad europea occidental le queda recorrido en ese sentido?

—En esta última década vemos, por una parte, cómo los valores que nos definen a las opciones independentistas, socialistas y feministas arraigan en amplias capas de la población. Ya no es cosa de un reducto de jóvenes alternativos, sino que son valores con tanta buena acogida que incluso los partidos del régimen han intentado hacerlos suyos. Por ejemplo, la autoorganización del movimiento contra los desahucios en los Països Catalans es tan amplio que prácticamente nadie, ni tan siquiera muchos políticos del PP o de VOX se han atrevido a hacer ninguna crítica.

Pero por otra parte también vemos el peso que sigue teniendo el nacionalismo español y su defensa del capitalismo y del patriarcado entre sectores significativos de las clases populares de los Països Catalans. Esto se ha visto a raíz del procés, pero no solo. También en la resistencia a los avances del feminismo o en la fuerza que están adquiriendo determinados discursos de VOX.

Porque si un valor positivo está arraigando con fuerza en nuestra sociedad es sin duda el del feminismo. Y no solo por el éxito de las dos huelgas generales feministas del 8 de marzo de 2018 y 2019. De hecho este éxito es gracias a la potencia del movimiento feminista y su tejido organizativo, que capilariza prácticamente en todos los barrios y pueblos de los Països Catalans.

Lo que nos planteamos nosotros es como combatir el discurso reaccionario que intenta penetrar en la clase trabajadora de la mano del nacionalismo español y a la vez organizar políticamente a los sectores conscientes de esta clase trabajadora. Para nosotros la clave está en construir un programa político de reivindicaciones populares, un programa de unidad popular, que dibujen una mejora en las condiciones de vida de las trabajadoras a la vez que vayan soslayando el poder del capitalismo. Quizá en estos últimos años la izquierda se ha fiado demasiado en la capacidad movilizadora de eslóganes que se podían hacer suyos gente muy diversa, como el «sí se puede» y muy poco a concretar reivindicaciones que sirvieran como objetivo.

—El internacionalismo es también un valor que debe fomentarse, la amistad entre pueblos en lucha… ¿Cómo veis el internacionalismo hoy en día, también podríais hablarnos de vuestras referencias internacionales?

—Sí, no hay movimiento más internacionalista y solidario que el socialismo y el de los pueblos que luchan por la libertad. Con las diferencias coyunturales por historia, contexto y territorio de cada punto del mundo, todos los pueblos que luchan por autodeterminarse y construir una vida digna son hermanos nuestros y sentimos su lucha como propia.

A pesar de todo, sin embargo, parece que el capitalismo esté ganando, de un tiempo a esta parte, esta batalla contra nosotros,. La articulación conjunta de luchas, tanto en todo el Estado español, en nuestro caso, como el conjunto del continente europeo y del Mediterráneo ha quedado dentro de un cajón. Asimismo, algunas urgencias electorales mal analizadas y mal resueltas de una parte de la izquierda están haciendo perder un punto de vista capital de la solidaridad internacionalista: el respeto a la total soberanía de los pueblos y la lucha contra toda injerencia externa, es decir, contra toda muestra de imperialismo.

Lo vemos en la falta de respuesta cuando atacan la Venezuela bolivariana; lo vemos cuando, en casa, una parte de la población se refleja en el genocida Israel en lugar de hacerlo con la Palestina resistente; lo vemos cuando, en muchos lugares, el análisis geopolítico brilla por su ausencia y se es incapaz de criticar con todas sus consecuencias la implicación española en la guerra de Yemen. La invención de la existencia de las armas de destrucción masiva en Irak debería haber hecho abrir los ojos de que aún ahora son las grandes potencias las que nos dictan, vía medios de comunicación, quienes son los buenos y quiénes los malos, quien muere y quien es asesinado, al que hay que llorar y de quien las vidas no valen ni una línea en los telediarios.

Por no hablar de la dificultad en criticar a la Unión Europea. Es esta Unión Europea la que no se despeinó cuando echó mano de la ultraderecha neonazi para dar un golpe de Estado en Ucrania que provocó una guerra. Por no hablar de las políticas abiertamente racistas y fascistas de cada vez más gobiernos, de Italia a Rumanía y Bulgaria, pasando por Polonia o de otros respetables Estados europeos como Francia, Gran Bretaña o Alemania. El internacionalismo también es la lucha contra estos Estados, contra la Madre Mortum que es el Mediterráneo y, sin duda, el apoyo a la autodeterminación de los pueblos que tan inexistente es en España.

—Vamos a ir terminando… Nos gustaría que nos hablaseis un poco de la actualidad del marxismo en medio de esta crisis capitalista brutal… ¿Cómo lo veis? —La vigencia del análisis marxista está fuera de toda duda. Otra cuestión, sin embargo, es cómo las organizaciones que nos reclamamos marxistas sabemos actualizar los elementos de análisis y lo trasladamos en el ámbito de la lucha política, social, económica, nacional, feminista y ecológica. Todas estas áreas que hemos citado están en crisis, ya que se imbrican entre sí en nuestro día a día. Nuestra tarea es que la clase trabajadora y las clases populares podamos desarrollar una acción política que permita concentrar esfuerzos para ir ganando pequeñas victorias sin perder el enfoque global ni supeditar o subordinar resortes de luchas.

En este sentido, por ejemplo, vemos mucho potencial en la lucha ecologista que está encarando la huelga por el clima del próximo 27 de septiembre. Pero sin duda, pensamos que si la lucha ecologista no es anticapitalista, no tendrá recorrido, para que, mucho más allá de una acción individual concreta con más o menos conciencia ecologista, es la lucha colectiva social y económica contra las grandes corporaciones y las estructuras socioeconómicas del sistema. Es lo mismo que hemos comentado antes con la lucha feminista de clase.

El reto actual de las organizaciones marxistas no es tanto brindar al aire unas tesis diciendo que esto ya estaba escrito, sino aterrizar estos escritos para dar profundidad a las luchas actuales. Como decía Engels, un gramo de acción pesa más que una tonelada de teoría; nos toca, pues, seguir estando dentro de las acciones para hacer comprensible la teoría.

—A pocos días del Onze de Setembre, cómo planteáis la diada de este año?

—En primer lugar como un espacio de movilización. Nuestra organización impulsa junto con otras de la izquierda independentista más de cuarenta movilizaciones en diferentes poblaciones. La práctica movilizadora es imprescindible para construir organización. No hay red social que la pueda sustituir.

A nivel político, planteamos la Diada como un espacio para empezar a socializar el debate sobre el nuevo camino a la independencia. Y lo hacemos con un lema que va directo al grano: «Ningún gobierno autonómico nos hará libres». Es decir, el camino no pasa por insistir en una estrategia que legalmente convierta la Generalitat en un Estado, que ya hemos visto que no lleva a ninguna parte. Ni pasa por hacer de coartada a los intereses del autonomismo. El camino pasa sobretodo por construir poder y lucha fuera de las instituciones y que estas en todo caso vayan a remolque.

Cabe decir que como organización política hacemos un planteamiento conjunto para todas las diadas de los Països Catalans. El 9 de octubre es la Diada del País Valencià, el 7 de noviembre la de la Catalunya Nord y el 31 de diciembre la de Mallorca. En todas ellas vamos a hacer una lectura sobre como el autonomismo ‑o en el caso de Catalunya Nord el Departamento- no garantizan los derechos nacionales y sociales.

—Ya sí la última… el proceso vasco, la toma del poder por parte de la socialdemocracia vasca dentro del mismo… ¿Cómo veis Euskal Herria desde vuestro país?

—Para el independentismo catalán, hay dos Euskal Herrias: la del PNV medrando en Madrid con Rajoy contra el 1 de octubre y la de los chavales de Altsasu. El alejamiento de la primera es muy grande; hace diez años el PNV era un referente para el nacionalismo de derechas, hoy es el referente de los que alrededor de Manuel Valls quieren refundar un partido regionalista. En cambio, el acercamiento a la segunda es muy intenso. La gente vive lo de los chicos de Altsasu con la misma solidaridad que con los presos políticos catalanes.

A nivel político, aunque hay diferencias sociales y estratégicas importantes, sí que vemos un hecho común en los dos casos: la contradicción aún no resuelta entre la voluntad para avanzar hacia la independencia y un impulso muy grande de conservación de la autonomía.

La diferencia es que en el caso vasco el PNV ha sido capaz de mantener el apoyo social que tenía haciendo autonomismo y haciendo de partido bisagra en Madrid, mientras que en el caso catalán CiU tuvo que virar al independentismo para intentar mantener el apoyo de su base social. Pensamos que el diferente impacto de la crisis capitalista explica parte de esto.

Nosotros siempre respetamos las opciones tácticas que adoptan los movimientos con los que nos sentimos solidarios e intentamos leer con atención las motivaciones que hay en estas opciones tácticas y también en la crítica interna que se les formula, para aprender de ambas. Leemos la motivación de la estrategia de «Frente Amplio» de EH Bildu como un intento de poder desalojar al PNV de las instituciones para intentar abrir un escenario autodeterminista.

Esta estrategia pensamos que no es trasladable en el caso de los Països Catalans porque aquí sí que ha habido relevo en las autonomías, con gobiernos de centroizquierda participados por fuerzas independentistas y soberanistas, e incluso se ha abierto el escenario autodeterminista en el caso de Catalunya. Eso no quiere decir que en el caso vasco el resultado tenga que ser el mismo, pero sí que da elementos de análisis para ver los límites del juego parlamentario autonómico.

Bueno, pues nada más, eskerrik asko por el tiempo que nos habéis dedicado, y ojala bien pronto podamos estar celebrando el triunfo de nuestros respectivos pueblos.

(Andoni Baserrigorri)

 

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Un comentario

  1. Y en pensabais cuando acabasteis cantando els segadors en el palau de la generalitat junto a la derecha catalana??os utilizaron porque en ese momento les interesaba…para ellos no erais mas que un lastre,y caisteis en la trampa.Como se os ocurre meteros en algo que esta liderado por la derecha catalan??lo que teneis que hacer es sentaros madurar politicamente..porque no sabeis donde vais..y lo digo desde catalunya..si no sabeis hacer politica no pasa nada.montar conciertos de musica vender camisetas y pegatinas que tambien »FAN PAIS»

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