El malestar del pueblo saharaui con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha consolidado en los últimos años hasta convertirse en un rechazo abierto. «No esperamos nada de los socialistas españoles, siempre nos va mal con ellos«, resume un habitante del campamento de Auserd, en Argelia, en plena conmemoración del 50 aniversario de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática.
La frase refleja un sentimiento extendido en los campamentos de Tinduf, donde sobreviven más de 200.000 saharauis desde hace décadas
El punto de inflexión llegó en 2022, cuando Sánchez respaldó por carta al rey de Marruecos, Mohamed VI, el plan de autonomía marroquí para el Sáhara. El giro rompió la posición tradicional de España y fue interpretado por el Frente Polisario y por amplios sectores saharauis como una cesión directa a Rabat.
Desde entonces, las críticas han aumentado. En los campamentos se percibe una política exterior incoherente, que contrasta con la firmeza del Gobierno en otros escenarios internacionales. Mientras el Ejecutivo ha impulsado iniciativas en conflictos como el de Palestina, mantiene una línea alineada con Marruecos en el Sáhara, sin presión visible por la situación de los saharauis.
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el mundo
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