El virus que nos mata y el capitalismo que nos remata

Desde la aparición de los primeros brotes del Coronavirus conocido como COVID-19 en el estado español se han ido sucediendo una serie medidas gubernamentales en una realidad cambiante no ya en días, sino en pocas horas. El avance de los contagios a una velocidad de vértigo y las muertes de aquellas personas enfermas más vulnerables aumenta exponencialmente cada día, poniendo en evidencia las graves carencias de un sistema sanitario que durante años ha sido castigado por sucesivos recortes y privatizaciones.

Paralelamente a la expansión del virus y la saturación de los centros hospitalarios se ha ido imponiendo otra realidad en el mundo laboral. La declaración del estado de alerta en todo el territorio del estado español provocó de la noche a la mañana el cierre de cientos de miles de pequeñas empresas, el cese de actividad de la gran mayoría de los pequeños autónomos, mientras las grandes empresas de la industria del automóvil y los diferentes subsectores han ido implementando Expedientes de regulación temporal de empleo, los llamados ERTE.

De la noche a la mañana casi dos millones de trabajadoras y trabajadores han pasado a engrosar las listas del paro, así como una gran parte de los 3.2 millones de autónomos registrados en el estado, sobre todo aquellos que, en definitiva, no son más que trabajadores y trabajadoras precarizados, empujados al trabajo por cuenta propia ante la falta de perspectivas de un trabajo asalariado.

La declaración del Estado de alerta ha ido acompañada con sucesivas medidas económicas por parte del gobierno central socialdemócrata. Como si tuviera un efecto balsámico se anunciaron a bombo y platillo nada menos que 200.000 millones de euros (algo más del 18% del PIB), aunque la mayor parte de ellos serían en forma de avales para la financiación de las pymes. Los grandes beneficiados serán los bancos, quienes prestarán el dinero a su correspondiente tasa de interés y garantizados reintegros de los créditos con el dinero público. Otra de las medidas estrella ha sido la moratoria en el pago de hipotecas para los “sectores más vulnerables”, aunque la letra pequeña de las condiciones para acogerse a tal medida es tan draconiana y de una complejidad burocrática tan absurda que dificulta al extremo la posibilidad de acceder a la misma.

Hubiera sido muy sencillo: el gobierno debería haber incluido en el decreto la moratoria de TODAS las hipotecas ligadas a la adquisición de la primera vivienda, a sabiendas de que la inmensa mayoría de los hipotecados formarán parte de esos 3 millones de nuevos desempleados y desempleadas a causa de los ERTE y cese de actividad de autónomos.

De igual manera podemos hablar de las medidas aprobadas que en definitiva benefician a las grandes empresas y entidades financieras. La exoneración en el pago de los seguros sociales llegará al 75% para aquellas empresas de más de 50 trabajadores y trabajadoras, es decir, que grandes empresas con beneficios netos en el ejercicio anterior podrán acogerse a esta medida si implementan un ERTE en lugar de realizar despidos. Eso sí, los autónomos deberán seguir pagando los impuestos.

Para continuar con la onda expansiva de la propaganda gubernamental acerca de la lluvia de medidas para ayudar “a los más vulnerables” se acaba de aprobar otro real decreto por el que no se podrán hacer despidos por causas objetivas (20 días de salario por año trabajado como indemnización) a causa del coronavirus, pero se podrá seguir despidiendo tranquilamente a razón de 33 días por año como despido improcedente. El despido seguirá siendo libre, con virus o sin él, sólo que más caro para el que despide. También aquí hubiera sido muy fácil: declarar todos los despidos nulos.

Pero no acaban aquí las medidas de choque: hoy mismo, domingo 29 de marzo el consejo de ministros extraordinario ha decretado el cese de toda actividad laboral que no esté ligada a sectores esenciales. Los trabajadores y trabajadoras se quedarán en sus casas hasta el 9 de abril y seguirán percibiendo sus salarios para después recuperar las horas no trabajadas en lo que resta del año en curso. Esto es, vacaciones obligadas. Si los bancos no tuvieron que devolver los 65.000 millones de euros del rescate bancario, ¿por qué nosotras tenemos que devolver las horas no trabajadas? Y luego a merced del empresario para recuperar esos días… Y todo ello suponiendo que aquellas empresas con mayores problemas de liquidez puedan seguir abonando 9 días de salario sin recibir ingresos…

En definitiva, no se trata solamente de una situación de crisis por un virus de más que dudosa procedencia, se trata de una crisis sistémica, de un capitalismo que hace aguas por todos sus costados, incapaz de dar respuesta a una situación crítica para el conjunto de la población. Algunos dirán que nadie preveía esta situación catastrófica, pero, si se invierten ingentes cantidades en los ejércitos (oficialmente para disuadir a los potenciales enemigos) ¿por qué no se invierte en la misma proporción para prevenir pandemias y salvar vidas?

Lo peor está por venir, la recesión económica se cargará a hombros de los de siempre, sobre la clase trabajadora y los sectores populares. Y nos harán creer que todos somos responsables de “arrimar el hombro” para salir de ella.

Sólo el Pueblo salva al Pueblo, pero si somos capaces de despegamos de la hegemonía sobre nuestras conciencias que ejerce el capital y forjamos una mayoría social en pie de combate contra quien nos explota.

 

29 de marzo de 2020

COMUNISTAS DE CASTILLA

 

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