No está de más recordar, ahora que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, secretario general, además, del PSOE, se está erigiendo en defensor de la paz con su hipócrita y cínico “No a la guerra”.
Su gobierno siguió vendiendo armas a Israel en pleno genocidio, a pesar de que lo negaron una y otra vez; también el Ejecutivo que preside Sánchez está resultando ser el que más dinero está presupuestando y dedicando para Defensa. ¿Y la cantidad de miles de millones de euros regalados al gobierno neonazi de Ucrania para continuar su guerra contra Rusia? Sánchez es cualquier cosa menos pacifista.
No lo decimos nosotros, sino su accionar en todos estos años en que ha gobernado en el Estado español. El PSOE es un partido guerrerista desde hace mucho tiempo. Un ejemplo no tan lejano es de Libia, país que fue destruido por la OTAN con la participación del Gobierno del PSOE presidido por José Luis Rodríguez Zapatero.
El de ahora, dirigido por Pedro Sánchez se está mostrando sumamente bélico; lo estamos viendo con su apoyo a la OTAN en los actuales conflictos imperialistas, a pesar de su engañosa puesta en escena en estos días de agresión yanqui-sionista a Irán. Pero hoy subrayaremos lo vivido hace 27 años en Yugoslavia.
Efectivamente, el 24 de marzo de 1999, el secretario general de la OTAN (Javier Solana, del PSOE) ordenó el comienzo de los bombardeos contra Yugoslavia; por supuesto, todo con el beneplácito del presidente de los Estados Unidos de entonces, Bill Clinton. Los ataques duraron 78 días (hasta el 11 de junio de 1999) y causaron la muerte 2.500 personas y 12.500 heridas. Más de 25.000 viviendas fueron destruidas.
Los agresores arrojaron 9.160 toneladas de bombas, algunas de ellas conteniendo uranio empobrecido con efectos nocivos inestimables para el medio ambiente y la salud de las personas afectadas. La brutal agresión NO contó con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.
Como consecuencia directa de esta intervención imperialista se puso fin a la República Federal de Yugoslavia.
