El mito de Lizarra – Garazi, o el día que se la metieron doblada al MLNV

Hoy, 12 de septiembre, se cumple el aniversario de la firma de un documento que un par de décadas después ningún partido defiende ni en la teoría ni en la práctica. Algunos porque ya no existen (como HB) y otros aun gobernando porque nunca han hecho nada en ese sentido. Los pilares fundamentales del documento de Lizarra-Garazi se basaban en la finalización multilateral de todo tipo de violencia enmarcada en el conflicto, en el reconocimiento del carácter político de éste y la necesidad de abordar sus causas, en la negociación como vía y en el reconocimiento de la soberanía mediante la autodeterminación.

Releyendo el documento esta mañana, 21 años más tarde, me ha llamado la atención sobre todo dos cosas que aparecen en el prolegómeno sobre factores que propiciaron el “acuerdo de paz” en Irlanda. La primera, que se daba por hecho “el reconocimiento del derecho de autodeterminación al conjunto de los ciudadanos de Irlanda”, cosa que décadas después aun hoy no ha sucedido en la isla. Y la alta ingenuidad política al afirmar que “La apuesta firme y participación directa del Gobierno y Presidente de los EEUU en la resolución del conflicto; la buena acogida dispensada por diferentes instituciones de la Unión Europea (de al que son exponentes las sustanciosas ayudas económicas prometidas), el apoyo político mostrado y el asesoramiento ofrecido por el Gobierno y presidente de Sudáfrica a lo largo de todo el proceso.”

En cualquier caso, y visto con la mayor claridad que otorga la perspectiva, y el recorrido histórico desde entonces, la primera y última razón de la existencia de este documento, no puede ser otra que la enmarcada en un intento de apartar entonces a ETA de la variable del conflicto, y nada mas.

De hecho, la firma del documento de Lizarra- Garazi viene precedida por unas negociaciones (entonces secretas) y firma de acuerdos entre ETA, PNV y EA sin las cuales nunca hubiera existido Lizarra-Garazi y que solo se dieron a conocer años más tarde (en el 2000).

Concretamente este acuerdo:

Euskadi Ta Askatasuna, Euzko Alderdi Jeltzalea-Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna, tomando en consideración la situación que vive Euskal Herria, y con la intención de abordar una nueva etapa en el conflicto con España, firman el siguiente acuerdo de base:

1.- Los firmantes del Acuerdo asumen el compromiso de dar pasos efectivos para la creación de una institución única y soberana que acoja en su seno a Araba, Bizkaia, Gipuzkoa, Lapurdi, Nafarroa y Zuberoa. Uniéndose a las fuerzas políticas y sociales que tienen el mismo objetivo, y en el camino de creación de esa institución suprema, impulsarán, apoyarán y pactarán todas las iniciativas que tengan como objetivo la superación institucional y estatal existente actualmente.

2.- Los firmantes del Acuerdo asumen el compromiso de crear dinámicas y de llegar a acuerdos puntuales y de largo plazo con las fuerzas favorables a la construcción de Euskal Herria o favorables a los derechos de Euskal Herria y en torno a las mínimas y básicas necesidades de nuestro Pueblo.

3.- EAJ-PNV y EA asumen el compromiso de abandonar todos los acuerdos que tienen con las fuerzas cuyo objetivo es la destrucción de Euskal Herria y la construcción de España (PP y PSOE).

4.- Euskadi Ta Askatasuna, por su parte, asume el compromiso de proclamar un alto el fuego indefinido (*). Si bien el alto el fuego será total e indefinido, se mantienen las tareas de abastecimiento, así como el derecho a defenderse en un eventual enfrentamiento.

Euskal Herria, agosto de 1998

El hecho de que estos acuerdos (y otros) , así como su no cumplimiento por parte de PNV y EA, y que no fueran de carácter público, introdujo a ETA en un callejón de difícil salida y con una labor titánica para intentar años después explicar lo que en realidad había pasado y estaba ocurriendo entre bambalinas. Cosa que fue precisamente aprovechada entonces para que se generaran unas condiciones políticas que aun hoy afectan y perduran.

La primera fue achacar a ETA la ruptura de algo que nunca había firmado, cuando la ruptura real vino del PNV y EA de lo que sí se había firmado aunque fuera desconocido por la población vasca en general. No es de extrañar por tanto que PNV y EA añadieran un anexo a lo acordado (que no fue firmado por ETA) en el que se afirmaba que “Los firmantes se comprometen a no hacer público el contenido de este acuerdo, sin acuerdo expreso de las tres partes.”

La segunda fue que de rebote también se achacó a ETA la culpabilidad de que el PNV y otras organizaciones fueran abandonando la supuesta defensa del documento de Lizarra- Garazi.

Esta situación fue determinante para que bajo la excusa de que “ETA se había cargado todo” justificar así un posicionamiento que ya partía de antemano: que las maniobras negociadoras y de acuerdos no se correspondían con posicionamientos políticos genuínos sino con la intención exclusiva de extirpar la variable armada vasca.

El resto vino como una caída escalonada de piezas de dominó: la avanzadilla de la socialdemocracia abertzale se separó de HB mediante la escisión, el estado pondría en marcha la estrategia ilegalizadora expansiva que ya había experimentado con la ilegalización de KAS, y el PNV visto su fracaso en las intenciones políticas que traía de cara a la izquierda abertzale reformularía una nueva etapa que ciertamente le trajo mucho éxito.

Es en este contexto  y a lo largo de los años cuando el think tank del PNV empezaría a hegemonizar y a revertir conceptos, paradigmas y principios, muchos de los cuales estaban bien asentados en la sociedad vasca transmutando el derecho de autodeterminación en el “derecho a decidir”, o estado por “estatus”. La “era ibarretxe “ al fin y al cabo significada apropiarse de reivindicaciones demasiado sentidas en el seno del pueblo vasco en el ciclo de lucha anterior, para corromperlas en significado y ponerlas al servicio de la estrategia estatutista, para ello contaba con el proceso de escisión y desorientación en la izquierda abertzale por un lado, y la ofensiva represiva del estado por el otro. Centrifugando de esta manera en años de cansancio mucho del espíritu combativo de la clase trabajadora vasca.

Nadie ha oído al lehendakari Ibarretxe, ni a su portavoz, ni a mí, ni a Egibar hablar de que tuviéramos planteado recurrir en esta legislatura a una consulta sobre el derecho de autodeterminación. (…) en el programa de Gobierno de PNV y EA no aparece ninguna consulta ni referéndum sobre la autodeterminación. Eso es hoy un esperpento.

X.Arzalluz, 27.7.2001

Soy de los que piensan que la Independencia, como tal, hoy ya no existe. Independencia y soberania son conceptos cuasi decimonónicos. O del siglo XX, si se quiere. Es muy dificil hablar de Independencia en el siglo XXI y en el escenario en el que nos movemos. (…) Se impone hablar de Independencia compartida. Nosotros queremos compartir nuestra soberania con España y con Francia.

Juan Jose Ibarretxe, recogido en el libro de Javier Ortiz, “Ibarretxe”, 2002

Esta iniciativa no propone la secesión, independencia ni barbaridades de esa naturaleza.

Juan Jose Ibarretxe (9.10.2002)

Esto no es un Estella II. Estella está más muerto que Sabino Arana, y esto no tiene nada que ver con un planteamiento rupturista sino con un planteamiento de un encaje adecuado.

Anasagasti (30.9.2002)

Y esto es lo que decía Gara ya para el 2004:

“El plan Ibarretxe es un tercer Estatuto, que se sitúa en las parte más baja de la escala autonómica. El primero (1936) lo defendió Agirre como “un peldaño para la independencia”, peldaño que a la postre se convertiria en precipicio. El segundo (1979) lo vendieron Arzalluz y Garaikoetxea como el “mejor posible”. Este, en cambio, es el colmo de la renuncia porque Ibarretxe, que ha dicho repetidas veces que no es independentista, lo proyecta como un abrazo nacionalista, libre y voluntario, al Estado ocupante”.

El cambio estratégico denominado “Zutik Euskal Herria” se origina realmente en una revisión de la historia que posiciona a la izquierda abertzale como culpable de su “fracaso”, y que bebe de esa nostalgía de Lizarra- garazi de lo que pudo ser y no fue, además de la falsa creencia en la que el PNV en verdad es y debe ser el aliado insustituible, para lo cual hay que amoldarse a sus paradigmas “para cambiarlo” retomando en pleno la filosofía de aquella escisión llamada Aralar. En definitiva, el sueño no alcanzado de la socialdemocracia abertzale. Como se decía arriba, la presencia del PNV en Lizarra – Garazi y en sus acuerdos secretos, no tenían otra motivación que la propia existencia de ETA. Lo cual queda una vez más probado ya que en su total ausencia esté totalmente imposibilitado y descartado para los jeltzales cualquier tipo de acuerdo o paradigma que se asemeje a nada de lo hace 20 años firmado.

Las condiciones creadas en la ofensiva de la izquierda abertzale en los 90 junto a las dinámicas de “construcción nacional” se vehiculizaron para abrir el tiempo de Lizarra-Garazi. Al mismo tiempo firmando su sentencia ya que el proceso de construcción nacional se ralentiza y no se adapta. La ofensiva desaparece. Las condiciones dejan de generarse. Con Lizarra- Garazi se abrieron muchas esperanzas, la mayoría ingenuas, pero también fue el inicio de la quiebra lenta del socialismo revolucionario abertzale. De la superposición del institucionalismo, electoralismo y el pactismo, y de la no readecuación de una estrategia revolucionaria que en esos momentos necesitaba de una ofensiva político-social, que se empezaba a dejar en manos de políticos y acuerdos alejados de las masas populares. Por otra parte, el papel del PNV tampoco fue suficientemente calibrado y a falta de condiciones nuevas acabó aprovechándolo para su beneficio (y aún lo sigue haciendo).

Si alguna enseñanza deja todo esto, a parte de que nunca es fiable la clase burguesa vasca (cosa que se debería saber de antemano), es que ningún proceso que no cuente con el impulso popular y sea construido por y desde abajo tiene posibilidades de éxito real. Que ninguna élite política ni sus supuestos acuerdos y negociaciones por arriba garantizan absolutamente nada sino al contrario, abren las puertas para que “el abajo” acabe pagando los platos rotos. Que el exceso de institucionalismo genera más institucionalismo lo que al mismo tiempo bloquea ese impulso popular que es el que crea garantías creando una dependencia insalvable y fatal. Que ningún partido, por muy grande o bueno que sea, puede solucionar los problemas de este país, que solo es la clase trabajadora la que puede hacerlo , por lo que eso pasa por cortar la dependencia y el subsidiarismo a todo partido, y que las organizaciones políticas sean lo que tienen que ser y no lo que el sistema político y económico (justamente el mismo que queremos derribar ) les ofrece que sean.

Toca revertir todo esto y dejar atrás el mito de Lizarra – Garazi que aun llega hasta nuestros días y que no tiene ningún otro futuro que la derrota y la asimilación en la que se está avanzando año tras año. Un viejo sueño de una vieja generación. Una vieja derrota.

Reactivar el proceso de liberación para romper con la asimilación creciente pasa ya por otras nuevas coordenadas y por “el abajo”.

 

(Borroka garaia da!)

 

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