EL LINCE. Desactualizaciones actualizadas

La falsificación de la historia que se viene realizando en Occidente desde hace años sobre el fascismo y quién lo derrotó está encontrando dos tipos de respuestas: por una parte, en Rusia la gente, el pueblo llano, se está cansando de tanta estupidez occidental y presionando a Putin y sus seguidores para que de una vez por todas ponga los puntos sobre las íes. Es así como hay que entender el discurso que hizo ayer en la conmemoración del 75 aniversario de la victoria sobre el fascismo y que se resume en una obviedad: fue la URSS y el Ejército Rojo quienes lo hicieron. Por otra, la gente llana está actuando por su cuenta y consiguiendo romper tabúes, yendo más alla, o sobrepasando, al propio Putin.

Esto, en Rusia, es incuestionable y se llega a extremos de absoluta paranoia como lo que se puede ver en la catedral de las Fuerzas Armadas, donde se mezcla tanto el cristianismo como el comunismo. Y llega casi al absurdo cuando el pope principal, equivalente al papa ortodoxo, dice en su inauguración que el comunismo es poco menos que maligno y que no debe volver jamás.

Echad un vistazo (para apreciar bien los detalles, ponedlo en grande)

Pero por muchos discursos, por muchas poses, el pueblo ruso tiene claras las cosas, cada vez más. Aunque eso no se traduzca, aún, en hacer sombra a un Putin que muy hábilmente intenta llevar este sentimiento soviético a su molino.

Desde hace 18 años, invariablemente, en las encuestas de los 100 personajes más influyentes de la historia de Rusia se colocan en los primeros lugares dirigentes soviéticos. Especialmente, Stalin, que sigue siendo el primero. Putin es el segundo. Lenin, es el cuarto, después de Puskin. Y siguen mariscales soviéticos y solo aparece un miembro de la realeza: Catalina la Grande.

Esto se sustenta en un sentimiento cada vez más extendido de que Stalin jugó un papel positivo en la historia de Rusia: el 70% dice que es positivo, frente al 20% que dice que es negativo y el resto no se pronuncia. Y buscando las razones, se llega a una conclusión doble: la primera, la constatación de que es la historia rusa; la segunda, la agresión occidental contra la memoria de la guerra y quién fue el que venció realmente al fascismo y quién estaba al frente de esa victoria.

Así que dicho y hecho. En Rusia se han multiplicado las ciudades donde se reponen estatuas derribadas hace 30 años, durante la etapa más prooccidental de la franquicia alcohólica de Yeltsin, tanto de Lenin como, sobre todo, de las que quedaban de Stalin tras la «desestalinización» promovida por los soviéticos tras su muerte.

Lo más curioso es la resistencia de los ayuntamientos, en su mayoría en manos de Rusia Unida, el partido de Putin, para oponerse a ello: «la reposición de estas estatuas es una desactualización». Pero no ha servido de nada. Incluso la justicia rusa ha tenido que tragar y dar la razón a los promotores cuando éstos han dicho que entonces hay que demoler todas porque no son actuales.

Así que dicho y hecho: en varias ciudades rusas se han inaugurado estos días estatuas de Stalin, modestas y sin grandes pretensiones, pero ahí están: Demianovo, Kitaevskoye, Irkutsk, Novosibirsk, Bor…

Se han actualizado las desactualizaciones porque para los rusos la victoria sobre el fascismo es muy actual.

Occidente no lo entenderá nunca: cuanto más oculte, tergiverse y falsifique la historia más fácilmente la historia volverá. Occidente está glorificando el fascismo, y el antifascismo tiene una cuna muy sólida en Rusia, a pesar de quienes gobiernan este país. Fijaos que en la catedral de las Fuerzas Armadas aparecen murales con las imágenes de quienes hiceron posible la victoria sobre el fascismo. Eso los rusos no lo van a olvidar tan fácilmente como se pretende y se cree. Y menos, con la falsificación histórica que se está haciendo.

Pero Occidente solo se mira el ombligo, hasta extremos nauseabundos. Incapaz de entender, siempre con su superioridad y su mirada colonial envuelta en mentiras manifiestas.

Mi querida amiga Danielle me manda desde Francia dos perlas a cual más sabrosas: una, referente a Venezuela, recuperando los medios de propaganda la figura de Guaidó, que anda escondido dicen que en la embajada francesa (de alguna manera hay que amortizar el costo que supone); y otra con los plumillas de una televisión anunciando que no cubrirán las movilizaciones de los «chalecos amarillos», ahora que se renuevan, porque en otras manifestaciones fueron criticados, zarandeados y vilipendiados y apelan a que los «chalecos amarillos» han atacado la sacrosanta libertad de expresión.

Pues bien, como la historia juega malas pasadas, alguna álma cándida en vista de la preocupación por la «libertad de expresión» de la cadena ha recuperado una vieja historia de esta misma emisora de televisión (BFM-TV, la principal cadena solo de noticias en Francia) el día del funeral de Fidel Castro en Cuba (4 de diciembre de 2016). El equipo de enviados especiales de la cadena estaba en Santiago de Cuba esperando el momento de la llegada de las cenizas de Fidel y alguna alma cándida (o no) de la cadena ha recuperado un audio de esos enviados especiales relatando lo siguiente:
– «Hay mucha emoción ambiental, así que ahora tenemos que encontrar un disidente», dice uno. 
– «No parece ser fácil», indica el otro.  
– «En ese caso, llamemos a París», termina el primero.

Ni qué decir tiene que no encontraron al famoso disidente o, al menos, no apareció en su crónica y se tuvieron que comer lo de «emoción ambiental».

Pero esto es Occidente en estado puro y así nos cuentan sus cuentos los medios de propaganda, sin tener en cuenta a los pueblos, ni lo que piensan ni sus emociones. ¡Y menos mal que no se han enterado de lo de Rusia! O sí y, simplemente, lo ocultan como es habitual.

 

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